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No se en qué momento o con qué película se abrió la veda, pero lo que está claro es que el primero a quién se le ocurrió ha creado toda una tendencia que se ha explotado desde diferentes perspectivas. Me refiero a las películas que comienzan con un viaje por carretera que acaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla para sus protagonistas, ya sea por elegir el camino incorrecto, por toparse con quien no debían o como simple castigo por su prepotencia, su inconsciencia o su moralidad.
Fecha publicación: 2008-03-03
publicado por Javier Paez
de Rincón del Gran C
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La mayoría de las películas de viajes por carretera (road movies) son americanas. Y hay una razón de peso para que así sea. En Estados Unidos las distancias por carretera son muy largas. Realizar un viaje por carretera atravesando varios estados lleva días y, a menudo, se recorren largas distancias por paisajes áridos o boscosos pero con poca o ninguna presencia humana. Un viaje por carretera atravesando la profundidad de América puede ser, en realidad, una auténtica aventura. Parajes desolados o desérticos, bosques sin fin, gasolineras herrumbrosas sin combustible para servir, pueblos desvencijados y abandonados, carreteras secundarias que no conducen a ninguna parte, moteles de mala muere con hoscos recepcionistas, autoestopistas siniestros, camioneros sospechosamente amables, moteros con ganas de bronca y paisanos poco amigos de forasteros. Esta es la flora y la fauna que brota y se desliza por los fotogramas de estas películas. Desde Giro al infierno hasta Breakdown, desde Nunca juegues con extraños hasta Jeepers Creepers.
Es por ello, que quienes se embarcan en esa odisea, ya sea volviendo al hogar o a su universidad o con un concierto de rock como meta, abandonan la seguridad de su mundo y se adentran en un inhóspito terreno del que resurgirán (o no) cambiados. Puede que pasen de la tristeza a la alegría (Thelma & Louise), del egoísmo a la generosidad (Rain Man), de la debilidad a la fortaleza (El diablo sobre ruedas), del enamoramiento a la separación (Dos en la carretera) o, sencillamente, de vivos a muertos (La matanza de Texas).
En cualquier película de carretera, ya sea de terror o no, hay tres elementos que no pueden faltar y que son fundamentales para comprenderla. Por un lado están los viajeros, que son los sujetos sobre los que se obrará el cambio. En segundo lugar está el vehículo, herramienta que les conducirá del estado inicial al estado final. Y en tercer lugar estaría el “otro”, que en este tipo de películas funcionaría como punto de giro inicialmente, es decir, desencadenante del cambio de rumbo que tomará la historia en sus primeros compases y, a la postre, como catalizador de la metamorfosis de los viajeros.Utilizando algunos de los ejemplos de arriba lo comprobaremos.
En "Thelma & Louise" las chicas protagonistas son una camarera incapaz de comprometerse y una ama de casa mujer de un memo machista. Ambas emprenden juntas su viaje en un Thunderbird verde descapotable (no por casualidad), un coche cuya línea y color huelen a libertad (destino final de la pareja). El “otro” en esta historia sería Harlan, el tipo que intenta violar a una de ellas y que desencadena el cambio de rumbo del viaje; las chicas pasan de tomarse un respiro de sus lúgubres vidas de amas de casa a huir por completo de ellas y recuperar su independencia (a un alto precio).
En Rain Man, los protagonistas son dos hermanos muy distintos que no se veían desde que eran niños. Uno es autista con graves problemas de comunicación y el otro es un vendedor de coches cuya principal herramienta de trabajo es su labia, por lo que se siente frustrado ante la imposibilidad de usar su mejor arma con su compañero de viaje. El coche en esta ocasión es un símbolo, ya que fue en gran medida el causante de la separación de ambos (lo que entonces les separó, ahora les une). El “otro” en este caso se manifiesta en las limitaciones de Raymon (Dustin Hoffman), el autista, y en su miedo a volar, lo cual obliga a que el viaje se desarrolle por carretera dilatando el tiempo lo suficiente para que el personaje que interpreta Tom Cruise aprenda a apreciarle y a aceptarle como es.
En El diablo sobre ruedas, el protagonista es un comercial (¿?) aburrido y pusilánime que se ve obligado a realizar un viaje de negocios por carretera con su barato utilitario. En esta ocasión, el coche simboliza el escaso empuje del protagonista y su estatus, cobarde, huidizo e impotente (el coche comienza el viaje con un problema mecánico al que el protagonista no da importancia hasta que es demasiado tarde). Aquí el “otro” es ese camión que pone a prueba los nervios del protagonista y le obliga a coger las riendas de su vida y enfrentarse a sus problemas y miedos en lugar de huir de ellos.
Por último, en La matanza de Texas, los protagonistas son unos jóvenes típicos de la época en la que tiene lugar la película (hippies y liberales) que viajan en una furgoneta (símbolo también de la época y que además da cohesión al grupo, pues es un vehículo que permite hacer vida dentro de él). El “otro” es ese autoestopista que recogen, fieles a sus ideales de bondad y felicidad y que, a la postre, acaba resultando la condena a muerte para la mayoría de ellos. Sus ideales son aplastados y la única superviviente deberá renunciar a ellos para sobrevivir.
Aunque como hemos podido comprobar no solo las películas de terror se nutren de las historias de viajes por carretera (Pequeña Miss Sunshine, Paris-Texas o Una historia verdadera serían más ejemplos), sí que es éste género (y el del thriller con asesino) el que con más asiduidad ha echado mano de este tipo de tramas: Km 666, Wolf Creek, Death Proof, Kalifornia, La casa de los mil cadáveres,…
Su estructura de viaje interrumpido o reconducido por un elemento externo ajeno a la cotidianeidad de los protagonistas, la hace ideal para construir historias terroríficas de superación y supervivencia. Sin embargo, la fórmula parece agotada y los mejores ejemplos de este tipo de cine que nos llegan son remakes de películas de hace veinte o treinta años (los casos de Las colinas tienen ojos o de Carretera al infierno, por ejemplo).
Las excepciones las encontramos en películas que hibridan géneros y que rompen con esta estructura, pero los casos se cuentan con los dedos de una mano. Los más significativos, en mi opinión, vendrían de la mano de David Lynch que en Corazón Salvaje consiguió dar una nueva vuelta de tuerca a las road movies y, aunque de una manera mucho más retorcida y antiestructura. También citaría Carretera perdida, aunque aquí la carretera se nos manifieste como una forma de representar la psique del protagonista y sus demonios interiores.
Mientras continúa el incansable goteo de películas de horror (y horribles, a tenor de la calidad que exhiben la mayoría de ellas) sólo nos queda esperar el resultado de la última adaptación de una novela de Cormac McCarthy cuyo título es, precisamente "La carretera", en la que un padre (Viggo Mortessen) y su hijo, recorrerán un paisaje post-apocalíptico a bordo de un coche que será asediado por ¿humanos? hostiles. Que la película se base en la novela del, muy de moda, autor de "No es pais para viejos" parece una garantía. Veremos si vale la pena la espera.Más Noticias...
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