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Crítica de Dentro del laberinto

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Aquí hay marionetas de goma, pero tienen vida, lirismo, frescura y una dimensión propia que les confiere un punto de realidad más allá del tópico. Es una plena demostración de que se puede hacer poesía con un show de los teleñecos."

 


José A. Peig por José A.


cartel de Dentro del laberinto

Director: Jim Henson
Estreno: 1986-01-01
Genero: Animación

Hay películas que son mitos de épocas pasadas porque las invocan y nos devuelven a un estado del ser sepultado por el paso del tiempo, pero todavía latente. En nuestra era, los cuentos de hadas se narran en imágenes. De esa forma nos han llegado al corazón historias como la de los Skywalker, los Goonies o el caso de este Labyrinth, delicioso film de entretenimiento. En realidad, es el equivalente de Lewis Carroll (Alicia en el pais de las maravillas) para el cine de masas. Cuando esta película llegó a las carteleras - en el ochenta y seis, si no me equivoco - yo tendría unos ocho años. Salí del cine maravillado. Es un derroche de magia y fantasía. Sólo películas como la adaptación de La historia interminable que hizo Petersen o El retorno del jedi (allí, yo tenía seis años, se alzó la mascara de Vader...y todo lo demás ya es historia ) la igualaron en poder de fascinación. Eso, obviamente, para un niño como yo, perteneciente a la época ochentera. Hoy en día , desde el prisma de una época distinta a aquella y en edades más avanzadas, no pasan de ser meras películas para niños. Sin embargo...

Tanto las películas de Star Wars como esta producción Lucasiana dirigida por Jim Henson(vaya pérdida prematura, aquel mago de las marionetas) resisten el paso del tiempo y con ellas puedo volver al centro de mi inocencia. Y Labyrinth no es ninguna obra maestra, pero es una maravilla de diseño, ambientación, humor, caracterización de personajes, música (celestial David Bowie) y trasfondo lírico. No en balde, subyace un poema de amor que flota eternamente en un mundo regido por el rey Jarret, enamorado de la heroína a la que quiso regalar el paraíso de los sueños a cambio de su temor y lealtad. La película está construida sobre el mito del laberinto, alegoría del camino hacia el interior de nuestros secretos. El camino de la vida es como un laberinto cuyo centro contiene una recompensa. ¿Quién lo hallará? ¿quién saldrá victorioso en su aventura de innumerables peligros que conduce a la ciudad de los Goblins?. Sara recupera a su hermano y encuentra nuevos amigos. Jarret, convertido en ave nocturna, observa distante la felicidad de Sara a través de la ventana de su habitación. Jarret retorna, solitario, hacia la luna, en busca de otros sueños que vender a cambio de amor.

Además, este nuevo cuento de Alicia en el país de las maravillas es toda una lección de ilusionismo artesano, hecho con mucho amor y vocación, demostrando que los actuales métodos infográficos no son imprescindibles para recrear mundos fantásticos y llenos de vida. Aquí hay marionetas de goma, pero tienen vida ,lirismo, frescura y una dimensión propia que les confiere un punto de realidad más allá del tópico. Véanse Hagle o Ludo, transpiran ternura, son entrañables en todos sus gestos. Es una plena demostración de que se puede hacer poesía con un show de los teleñecos.

Y también una demostración de que no es imprescindible ser original para entretener. Basta con un producto dotado con su propia personalidad. Ya lo hemos mencionado; bebe de Lewis Carroll. También de “El mago de Oz” y similares. Pero este "Labyrinth" tiene el seño personal de un artesano tan habilidoso en lo visual como en el manejo de los perfiles típicos de un mundo de fantasía. Remarquemos esto, pues, a cuento del despropósito de “Eragon”. No pedimos a “Eragon” (o a cualquier otro producto similar que beba igualmente de obras anteriores y clásicas) que sea original, tan solo exigimos un mínimo de interés a la hora de revisitar y/o inspirarse en los clásicos.

La personalidad y el carisma de un artista de la talla de David Bowie pone la guinda a una película sustancialmente infantil, un gozoso deleite incluso para los adultos, aunque tiene tramos fallidos como la estúpida batalla final en la ciudad de los duendes, de un absoluto anticlímax que rompe un desarrollo que, hasta ese punto del metraje, manejaba ,con perfecto equilibrio, los elementos más infantiles con algún pasaje de tintes oníricos, humor y la tensión de la aventura, logrando un visionado estimulante para espectadores de todas las edades.

Por innumerables peligros, me he abierto paso hasta el castillo que hay más allá de la ciudad de los Goblins...

Critica de "Dentro del laberinto" publicada el 2006-12-23
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