Crítica de Mia Sarah

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Viéndola tenemos la sensación de estar ante una fábula de otro tiempo, una cinta bastante edulcorada que parece salida de un arcón al que pronto volverá."

 


Daniel Galindo por Daniel Galindo


cartel de Mia Sarah

Director: Gustavo Ron
Estreno: 2006-12-15
Genero: Comedia

Un debutante en la dirección puede optar por arriesgar en la puesta en escena o relajarse y jugar con un cúmulo de referentes culturales y, sobre todo, cinematográficos. El madrileño Gustavo Ron se decanta por la primera.

Su fábula sobre el amor y todas sus etapas (el primer contacto, la seducción, la entrega) consigue dibujarnos una sonrisa permanente, pero le falta fuerza para arrancarnos cualquier otra mueca. No sorprende lo que narra ni cómo lo hace, y eso en los tiempos que corren, puede ser más que motivo suficiente para que su cinta pase de puntillas por la cartelera.

El toque mágico, sobrenatural, no es capaz de sustentar el metraje de este trabajo para mentes soñadoras que sienten predilección por los pequeños detalles. Y en eso puede caer el espectador, en perderse por otros mundos en lugar de estar atento a los embrollos amorosos entre los personajes de Verónica Sánchez, en su primer protagonista de peso, y Daniel Guzmán, en un tono más amable y menos barriobajero –dicho esto con cariño- que en anteriores trabajos.

De la agorafobia al amor hay un paso y el que vea la película sabrá porqué lo digo. No vamos aquí a destapar las pocas sorpresas que atesora esta producción rodada en Galicia -la periferia también existe, afortunadamente- donde aparece un Fernando Fernán-Gómez que cada vez se prodiga menos. Ron se apoya en la cómplice relación que estableció el veterano intérprete con el ya adolescente Manuel Lozano, que fue niño en La lengua de las mariposas. Otro de los encantos, éste sí se puede desvelar, reside en ver en acción a Phyllida Law, madre de Emma Thompson, en el epílogo de este cuento.

Bajo los designios de un ilustre parangón con el nombre de Amélie y múltiples deseos, como el de inculcar el amor por los libros y el afán de superación. Así se desarrollan dos historias entrelazadas, relatos pasionales cada uno con drama y comedia en su justa medida y separados por paréntesis cómicos aportados por el personaje de Diana Palazón (Hospital Central), una actriz que debería tener más oportunidades en el cine.