Crítica de GI Joe

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Los actores no tienen carisma, la dirección es plana, y los diálogos de preescolar. Aún así, si lo único que se pretende es ver dos, o quizás tres, escenas de acción espectacular y bien realizada, puede que no eches tanto de menos tus siete euros. "

 


Carlos Cubo por Carlos Cubo


cartel de GI Joe

Director: Stephen Sommers
Estreno: 2009-08-07
Genero: Acción

Han pasado cuarenta y cinco años desde que las primeras figuras G.I. Joe salieron al mercado. Y lo hicieron con gran éxito. Tanto que, aún en nuestros días, estos muñecos siguen presentes en el imaginario colectivo. La idea de su creador, Stanley Wenston, era diseñar una línea de figuras para chicos que fuese igual de exitosa que la Barbie para el sexo opuesto. Los muñecos, de corte militarista, estaban inspirados en la película The Story of G.I Joe (1945). Además de los juguetes, G.I. Joe ha estado presente en cómics y una serie animada para televisión. Ha sido ahora, tantas décadas después, cuando Hollywood se ha animado por darles su propia película con personajes de carne y hueso. Para llevar los míticos muñecos a la pantalla se fichó a Stephen Sommers, un director que apuntó maneras con la divertidísima El misterio de las profundidades (Deep Rising, 1998) o las simpáticas La momia (The Mummy, 1999) y El retorno de la momia (The Mummy Returns, 2001), y después perdió enteros con la ridícula Van Helsing (2004). Para los personajes principales, se contactó al ascendente Channing Tatum, a la espectacular Sienna Miller, o a interpretes veteranos como Dennis Quaid (en un papel bastante secundario) o Christopher Eccleston.

No sorprende a nadie si afirmo que, ni Sommers hace una gran labor, ni los intérpretes se esfuerzan más allá de lo justo. G.I. Joe está concebida como un entretenimiento veraniego sin más pretensión que hacer pasar el rato y arrasar en taquilla para, con suerte, crear una franquicia. Hay mil kilómetros entre el significado de buena película y G.I Joe, pero hay que admitir que, al menos en parte, resulta mínimamente efectiva. Las escenas de acción, que ocupan el ochenta por ciento del conjunto, deparan algunas buenas set pieces, pero también otras mediocres y confusas. Da la impresión de que el guión pretende epatar más que interesar, abrumar más que asombrar. Los efectos especiales rayan a buen nivel, pero no hay nada que no hayamos visto en cientos de blockbusters similares. Con 175 millones de dólares de presupuesto lo menos que se puede pedir al invento es que se vea el gasto en pantalla, y parece que Sommers pretende hacer los deberes ordenando, que no dirigiendo, al equipo de segunda unidad y al de CGI. De este modo, la función gana puntos cuando son otros profesionales, y no el director, quienes toman el mando. De ahí que los momentos más intimistas o presuntamente humorísticos no se sostengan por ningún lado. No hay simpatía hacia los heroes, ni odio hacia los villanos (más bien resultan grotescos). Todo se reduce al cúmulo híper vitaminado de fuegos artificiales. Si eso es lo único que se pretende ver, G.I Joe puede ser pasable e incluso, a ratos, disfrutable.