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Crítica de El pisito

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El pisito narra una historia real de un hombre que consintió casarse con la vieja que le realquilaba el cuarto para poder heredar el piso y así cumplir el sueño dorado ( institucional ) de casarse con su novia de toda la vida. Cinematografía adulta, "

 


Emilio Calvo de Mora por Emilio Calvo


cartel de El pisito

Director: Marco Ferreri
Estreno: 1958-01-01
Genero: Comedia

La negrura tremebunda de la España del sabañón y del café con hambre que Azcona y Ferreri plasman en El pisito parece a la luz del ahora un retrato costumbrista, pintoresco, un abigarrado novelón de la vida de nuestros abuelos que no tiene vigencia en estos nuevos tiempos, pero la actualidad nos desmiente como quiere y los rotativos de las agencias de información vomitan titualres que podrían atribuirse, sin esfuerzo alguno, a la España de aquella posguerra.

Lo que hace Azcona como nadie ha hecho en el cine español es escribir con la mala leche en la punta del bolígrafo o las teclas de las pesadas Underwood de entonces. Azcona se aleja del paisajismo tópico de exaltación de lo militar y de lo patriótico en el que estaba el cine aburrido y ahogado para hacer unos argumentos destornillantes, líricos y hermosos en su descarnada visión de la pobreza del hombre y del consentimiento popular de unas estrecheces morales y económicas que ocasionaban lo que Valle-Inclán, unos años antes, bautizó como Esperpento.

La disidencia de El pisitio viene por aquí: por abrir en canal ( con saña, con finísima saña en ocasiones ) la contemplación monótona que el español de a pie hacía de su ombligo nacional. Todo se desmenuza con la prosa clásica del sainete y entre chiste y chascarrillo cuela Azcona un puyazo sangriento al censor, esto es, a la conciencia de un país que salía como podía de una Guerra y que se dejaba embaucar por un tablao flamenco nutrido y alegre, manifestación antológica de nuestra cultura patria y simpar icono de cuanto de nosotros se pensaba allende los Pirineos.

Berlanga, Bardem, Neville ( a su manera ) y Ferreri conformaron una cinematografía adulta, exenta de clichés y totalmente exportable a la manera del neorrealismo italiano que hacía tres cuartos de lo mismo pero con una pléyade más nutrida de disidentes del Régimen, de artistas preocupados por la política y que veían en el cine ( vamos a decir en el arte ) un vehículo idóneo para desahogarse un poquito y, de camino, dar que pensar ( que decía mi abuela ) a algún ciudadano cómplice en la historia.

El pisito narra una historia real de un hombre que consintió casarse con la vieja que le realquilaba el cuarto para poder heredar el piso y así cumplir el sueño dorado ( institucional ) de casarse con su novia de toda la vida. Al modo de 13, Rue del Percebe, cómic ejemplar en todos los aspectos, Ferreri abre su cámara a muchos personajes: no se deja llevar por las pericias dramáticas de Rodolfo, el novio-esposo-viudo que interpreta formidablemente un nunca bien ponderado José Luís López Vazquez. Lo que hace Ferreri es darnos una información adicional enorme en cada plano: no ocurre una única cosa sino que son varias y todas tienen lecturas que afectan a la principal, por decirlo de alguna forma. Ferreri huye de los planos cortos y obra prodigios cuando, mudamente casi, planta la cámara en el centro de la acción narrativa y deja que los personajes vayan atropellándose, ocupando el espacio, creando una representación coral riquísima que luego ha sido triunfalmente copiada por otros directores para evidenciar, como Ferreri, la espesa imbricación de varias tramas que se yuxtaponen, sin oponerse, para crear la trama unívoca que creemos estar viendo.Pienso ahora en Woody Allen, pero eso es irme muy por las ramas.

Azcona, que luego hizo ( ahí va ) El cochecito, El verdugo, Plácido, La prima Angélica, La escopeta nacional, La niña de tus ojos, Belle Epoque, La lengua de las mariposas y Ay, Carmela, que recuerde, alguna habré olvidado, es el maestro del distanciamiento: sus personajes pueblan las líneas de sus obras y no hay signo que pueda entenderse como marca de autor: Azcona se limita a plantar su universo de clase media, sus escaleras de vecinos, y acelerar, como si un reloj de muñeca se tratase, los mecanismos antiquísimos de la comedia, del humor negrísimo, que es el verdadero, quizá el más serio de todos.

La idiosincracia del pueblo español de entonces ( ya visto con una lejanía ) no se queda en la plasmación de unos referentes sociales: Ferreri y Azcona van más lejos y hurgan en donde más duele a la clase biempensante y detentadora del Poder. Hacen hilaridad de la muerte, del matrimonio. Evidencian con genio que vivir en España entre el año 40 y el 70, frenemos ahí la caída, era una heroicidad que no paliaban las divas de la copla y las historias rurales de botijo y de novio que habla con la novia a través de una reja.

La pobreza anula la ética. La necesidad de una vivienda, nunca antes tan manifiesta en el cine, propicia que la moralidad se alíe con el interés. De resultas de este maridaje nace el ingenio, la trampa, la estampa graciosa de la fealdad.

Critica de "El pisito" publicada el 2007-01-04
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