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Crítica de El último cazador

"

un grito de auxilio"

 


Javier Martínez por Javier Martínez


cartel de El último cazador

Director: Nicolas Vanier
Estreno: 2004-10-31
Genero: Documental

Una de las cosas más tristes de la humanidad (no uso mayúsculas para esta palabra) actual es la completa indiferencia que siente hacia la Naturaleza. Una gran parte de culpa la tiene el giliecologismo de malabares y pelos rastas con el que los niños de papá aburridos matan el tiempo a la espera de acabar sus giliestudios ¿superiores? y pasar a engrosar las filas de una multinacional de las que tanto critican. Son gente patética, sin personalidad, que al verse incapaces de hacer algo útil en la vida tratan de justificar su vulgaridad quejándose del sistema (sin comprenderlo) y adorando a becerros de hojalata como Bono o Manu Chao que les dicen cómo vestir, qué música tienen que oir, adónde ir de vacaciones y donde comprar unos bongos artesanales fabricados con cáñamo jamaicano para ser más multiculturales y solidarios.

El daño que estos retrasados hace al ecologismo tira por tierra todos los intentos que gente que sí sabía lo que hacía y sí trabajaba en algo útil por el bien del mundo (como Mollison, Ralph Waldo Emerson, Thoreau o Fukuoka) lleva décadas intentando poner en práctica. Hoy en día cualquiera puede opinar; y esto, que es una de las cosas de las que más se enorgullece la democracia, mata toda la credibilidad de la gente que realmente debería opinar. El pueblo, que se ve enredado en una sobredosis de información la mayoría de las veces falsa, acaba asociando que el ecologismo significa quejarse por vicio, jugar al diábolo y tocarse los cojones todo el santo día fumando porros en el parque. “Antes que eso”, piensan, “prefiero que talen todos los bosques a que esa cuadrilla de parásitos nos diga lo que hay que hacer”. ¿Quién les culpa?.

“El último cazador” es una película basada en la vida de tres personas, dos tramperos de las Rocosas y la mujer india de uno de ellos. Da la casualidad que son esas tres mismas personas las que actúan y, la verdad, que no sean ni Marlon Brando, Dustin Hoffman y Meryl Streep me importa un bledo. Es un mensaje, un grito de auxilio, y nadie mejor que ellos para gritarlo. Son héroes de un mundo que se extingue, equivalentes tramperos de lo que en su día sentían aquellos buscavidas del Oeste americano que veían como la locomotora acababa con sus sueños de libertad comiéndose los territorios donde campaban a sus anchas los bisontes y los sioux. Las compañías madereras se apropian de todos los bosques bajo el beneplácito (comprado con dólares) de los gobiernos y a ellos no les queda otra que aceptar que los tiempos donde se podía vivir sin leer el Wall Street Journal van a pasar a mejor vida.

La fotografía es soberbia, la única canción que se oye es de Leonard Cohen (y aún así palidece ante el sonido del viento o de los arrendajos) y sólo se habla lo imprescindible, no hay necesidad de rellenar los vacíos con aburridas peroratas banales. En esto se parece mucho a otra película, “Las aventuras de Jeremiah Johnson”, de la que ya hablé en otro post. No hace falta hablar tanto allá arriba, amigos. Los árboles, los osos y los ríos son mejores conversadores que el más hábil de los sofistas de tercera de los que vemos dando mítines en los telediarios o los caudillos de cartonpiedra que pululan por estas castizas tascas y que arreglarían España en dos horas. Allá arriba se escucha, no se habla.

En fin, que si queréis oir a alguien sensato cómo este maldito y estúpido modo de vida autodestructivo está acabando con la esencia de la gente que se debería admirar os recomiendo esta película. Desgraciadamente mucho me temo que los gobernantes mundiales no harán ni puto caso del mensaje y que en breves lo más verde que veamos sea el ambientador de pino en el coche, pero aún así nos quedarán para siempre obras maestras como “Dersu Uzala”, Jeremiah, “Nanook el esquimal”, “Un hombre llamado caballo”, “Los últimos guerreros” (de Tom Berenger) o esta “El último cazador” para reconfortarnos imaginando que dormimos arrullados por el canto de una lechuza en vez de por una colección de canis botelloneros cantando la última del canto del moco. Y es que soñar es gratis ….


Critica de "El último cazador" publicada el 2009-10-31
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