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Crítica de Babel

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El "efecto hormiguero" pone en evidencia la angustia que sufre una sociedad globalizada. No importa dónde suceda la acción porque la Tierra es una esfera cerrada de la que sólo han podido escapar algunos intrépidos astronautas."

 


Leopoldo de Trazegnies Granda por Leopoldo de


cartel de Babel

Director: Alejandro González Iñarritu
Estreno: 2006-12-22
Genero: Drama

Si uno se aparta de la Tierra obtiene una visión globalizadora del planeta y percibe a toda la población prisionera en una esfera; eso puede resultar angustioso, es el "efecto hormiguero" que se sufre cuando uno ha viajado en avión durante muchas horas y ha contemplado campos y ciudades desde diez mil metros de altura: al bajar vemos a la gente como hormiguitas tras una lupa y los coches juguetes aleatorios yendo de un lado para otro. Los problemas individuales pierden sentido cuando descubrimos su masificación en un sólo golpe de vista.

        La película de Alejandro González Iñárritu es eso, una mirada globalizada y dramática a la población del planeta, es como ver los sucesos del mundo por la televisión pero referidos a personas que nos parecen cercanas o que están relacionadas con nosotros de alguna manera, a través de tres historias que suceden en tres lugares de continentes distintos: la frontera entre México y EEUU, Marruecos y Japón.

        Otra consecuencia del "efecto hormiguero" es la toma de conciencia de nuestra fragilidad, se tiene la sensación de que en cualquier momento la tragedia nos puede aplastar a nosotros y a una familia japonesa y a unos niños americanos y a los novios de una boda en México y a una pobrísima familia árabe y a un autocar de turistas que se desplaza como una oruga por un desierto en Marruecos. En cualquier sitio puede surgir la tragedia, están ocurriendo constantemente en el mundo.

        En la película Babel se nos muestran algunas de estas situaciones dramáticas con una extraña relación causal entre ellas. Un hecho mínimo puede desencadenar una serie de problemas sin aparente conexión entre sí. Con estos elementos Alejandro González Iñárritu genera angustia en la sala y lo consigue, pero nada más.

        La cámara va pasando de una a otra historia en lugares geográficos completamente distintos sin solución de continuidad, sin embargo nos sentimos un poco engañados cuando descubrimos que no están sucediendo simultáneamente sino que el director desfasa voluntariamente lo que ocurre para aumentar el efecto angustioso en el espectador, esta pequeña trampa de jugar con los tiempos le hace perder veracidad porque el espectador deja de estar dentro del argumento de la película para verse a sí mismo como espectador de un juguete cinematográfico, se siente manipulado por los artificios que González Iñárritu maneja con habilidad.

También se han exagerado otro tipo de efectos que en dosis pequeñas habrían producido buenos resultados como la homeopatía, pero en cantidades abusivas producen efectos contrarios. Si lo que se quería era darnos una fuerte sensación de agobio lo que nos llega es una sensación de hartazgo y aburrimiento. Quizá la escena que más adolece de este defecto es la de una noche en Japón donde para mostrarnos la experiencia de unas chicas sordomudas en una discoteca, pasamos alternativamente de un ruido abrumador al silencio absoluto en un ambiente saturado de luces estroboscópicas y vapores de colores, de manera abusiva e innecesaria.

Lo que le falta a esta película es magia, sensualidad, los únicos personajes que nos seducen son los dos niños americanos con su inocente alegría y entusiasmo. Ni siquiera las escenas más emotivas protagonizadas por una de las chicas japonesas transmiten algo más que sorpresa.

        La fotografía es magnífica como la de casi todas las películas de hoy en día porque la perfección de la imagen se debe más a la tecnología que suministra mucha calidad que al sentido artístico. Los dos desiertos, el mexicano y el marroquí están perfectamente reproducidos y también se nos muestran impresionantes vistas de Tokio pero no se elude el tópico de recrearse en la populosa esquina del metro aéreo.

        Y uno se pregunta cuáles han sido las virtudes adicionales de esta buena película para distinguirla con un Globo de Oro y hacerla candidata a un Oscar.

Leopoldo de Trazegnies Granda


lo mejor Lo mejor de "Babel"...

La fotografía es magnífica como la de casi todas las películas de hoy en día porque la perfección de la imagen se debe más a la tecnología que suministra mucha calidad que al sentido artístico.

lo peor Lo peor de "Babel"...

Lo que le falta a esta película es magia, sensualidad, los únicos personajes que nos seducen son los dos niños americanos con su inocente alegría y entusiasmo.

Critica de "Babel" publicada el 2009-11-21
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