Crítica de Salvar al soldado Ryan

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No es una gran película de Spielberg, es un producto superfluo, pero sí es un gran espectáculo visual y un entretenimiento de consumo fácil a modo de película de aventuras provista de un discurso ceñido a los dogmas institucionales norteamericanos."

 


José A. Peig por José A.


cartel de Salvar al soldado Ryan

Director: Steven Spielberg
Estreno: 1998-01-14
Genero: Acción

Tercera incursión de Steven Spielberg en la segunda guerra mundial, popularmente aclamada en los últimos ocho años desde su estreno como una de sus obras maestras y una de las mejores películas bélicas de todos los tiempos, lo cual es un error, empecemos por ahí. “Saving private Ryan”, no solo no es una obra maestra sino que podría decirse que es una de las películas más insustanciales, pretenciosas y fallidas de la filmografía del “rey midas” de Hollywood. Una filmografía, dicho sea de paso, tan sorprendente y prodigiosa como irregular.

Y sin embargo, estamos hablando de uno de los mejores narradores de los últimos cuarenta años, un cineasta que ya, por méritos propios, forma parte de la iconografía básica del séptimo arte. Por ello, el soldado Ryan , siendo un producto que no alcanza la altura de sus pretensiones, tampoco deja de ser un filme brillante, plagado de grandes momentos que lucen la maestría de una orquestación visual y escenográfica propia de la antología. Antológica es la secuencia inicial, de unos veinte minutos de duración, por la creación de un clímax de realidad desnuda y desgarrada, el “hiper-realismo” con el que Spielberg inaugura un estilo imitado en producciones recientes: “Banderas de nuestros padres” o “Hijos de los hombres”. Nunca se filmó la crudeza del campo de batalla de la manera en que lo hizo Spielberg , y el hecho de que determinadas secuencias constitutivas de un estilo fundacional -en el marco del cine de masas - hayan sido motivo de imitación las convierten en un pequeño clásico contemporáneo.

Spielberg es un maestro a la hora de dar espectáculo, no nos cabe duda, y el soldado Ryan es, ante todo, un espectáculo desarrollado en un marco de cine bélico. El problema es que pretende ser una reflexión discursiva sobre la contienda y los dilemas en torno a la ética humana y el código deontológico militar. Y, en palabras del propio Spielberg, también quiere ser una película anti-bélica, lo cual ya resulta hilarante.

Ya lo hemos insinuado en el anterior comentario: Spielberg no es un intelectual, no esta capacitado para abordar problemas ideológicos de una cierta complejidad. Spielberg es un crío dotado de una gran imaginación visual y se mueve muy bien en el terreno del espectáculo, del dibujo contundente de perfiles emocionales y sentimientos de desamparo en ámbitos como la fábula (“Inteligencia Artificial), la ciencia ficción (“Encuentros en la tercera fase”) o el melodrama más clasicista (“El color púrpura”), por poner ejemplos.

Pero desde luego, no tiene la suficiente madurez intelectual como para saber lo que es una película antibélica. El antibelicismo, en cine, implica una mirada fría y distante que nos muestre el despropósito y el absurdo de la guerra, vaciando el espacio y el contenido visual de símbolos, justificaciones y representaciones colectivas en torno a la contienda . Y lo que hace Spielberg es todo lo contrario; quiere mostrarnos el horror de la guerra, pero no ceja en querer convencernos de que todo tiene una justificación, de que hay una recompensa y un mérito. Así pues, de entrada, “Salvar al soldado Ryan” muestra la incoherencia y la superficialidad propias de un niño que se enfrenta a un discurso ante el cual no tiene los suficientes recursos.

El tema y la historia, fijémonos en la simpleza: hay que salvar a un soldado porque lo manda el jefe del estado mayor (por la gloria de los héroes patrios y de sus respectivas mamaítas) y le encargan la misión a otro grupo de soldados que se pasan toda la película preguntándose si merece la pena sacrificar sus vidas por la vida de un solo soldado. O lo que es lo mismo, pero cambiando el marco humano de referencia, plantearse la cuestión de si es ético y moralmente legítimo matar a cien hombres sabiendo que estas salvando la vida de otros muchos, ya sean doscientos o el cómputo de toda la civilización occidental, en defensa de la cual, un suponer, se libró la contienda. Spielberg se posiciona sin rubor, manipulando al espectador sin ningún atisbo de sutileza; la conclusión es que toda guerra o acto de muerte es justificable si se hace en nombre de ciertos valores institucionales y, sobre todo, en nombre de la humanidad colectiva o individual. En el caso individual del soldado Ryan, el sacrifico de John Miller (Tom Hanks) es un motivo para que Ryan justifique las muertes de sus compañeros con aquello de “dime que he sido una buena persona”. Spielberg utiliza casi tres horas para hablarnos de estas simplezas.

Merece el caso remarcar el insulso y excesivo metraje, son casi tres horas para un desarrollo muy estático y una estructura demasiado repetitiva. Dicho espacio temporal queda totalmente desaprovechado ya que sus personajes apenas evolucionan. Véase su personaje central, simplemente efectúa un recorrido espacial, pero su porte, sus gestos y sus decisiones -cargados de distintos matices, como veremos - son los mismos al final que al inicio. Los secundarios no pasan de ser un relleno, por otra parte, bastante efectivo. Esto responde a la verdadera naturaleza del filme; una excusa para filmar muchas escenas de acción y para que todo el mundo aplauda las excelentes virtudes de Spielberg en el manejo de la cámara, la angulación, el ritmo, la puesta en escena...

En cuanto a guión, demasiado a menudo se cae en un dramatismo facilón y zafio: como en la escena del soldado que quiere llevarse y proteger a la niña: “es que me recuerda a mi sobrina”.

No obstante, el discurso es bienintencionado, se justifica la guerra pero se pretende que la guerra haya servido a un fin noble: ya que aquellos hombres sacrificaron sus vidas por nuestro bienestar y en defensa de nuestro estilo de vida y de unos valores ilustrados, por lo menos, seamos buenas personas. En fin...

El discurso es tan panfletario, evidente y simplista, que termina por malograr la impecable factura visual y técnica.

Con todo, estamos ante un producto espectacular y brillante, con momentos soberbios, pero irregular en su conjunto. Lo mejor de la función, sin duda, es su personaje protagonista, John Miller, un perfil dotado de un gesto amargo y contradictorio en su disposición de jefe militar y ser humano protector y responsable de la seguridad de sus muchachos. Durante todo el filme se debate entre el deber según el código militar y los sentimientos hacia sus pupilos.

Hay una escena soberbia -probablemente la mejor, auténtico lujo interpretativo -que refleja toda la dimensionalidad del personaje: tras la muerte de uno de sus muchachos, causa inmediata de su innecesario empeño en cubrir terreno según un objetivo exclusivamente militar, vemos a Miller en soledad intentando reprimir las lágrimas, en lucha consigo mismo entre la parte humana y la del militar sujeto a un código deontológico. En ese sentido, Miller representa la complejidad de un personaje atormentado que juega a dos bandas irreconciliables. Es John Miller, en definitiva, el perfil humano que le da personalidad y versatilidad cinematográfica al filme, el único que verdaderamente nos remite a ese sabor clásico de John Ford.

En síntesis, Salvar al soldado Ryan no es una gran película de Spielberg, es un producto superfluo, pero sí es un gran espectáculo visual y un entretenimiento de consumo fácil a modo de película de aventuras provista de un discurso ceñido a los dogmas institucionales norteamericanos.

No entramos a valorar si dichos dogmas institucionales son buenos o malos, útiles o ineficaces, legítimos o ilegítimos, justos o injustos ( ese no es nuestro objetivo). Lo que nos preocupa y ocupa es que Spielberg se limita a “copiarlos” e incorporarlos en un discurso plano, con lo cual muchos cinéfilos dirán -sobrados de razones - que esta película es un acto de propaganda en 163 minutos.

En el lenguaje del cine, la imagen que abre la narración y la imagen que la cierra juegan un papel decisivo. Pues bien, aquí se empieza con un plano de la bandera de los estados unidos de américa y se termina con un plano de la misma bandera. Agárralo por donde puedas...

Critica de "Salvar al soldado Ryan" publicada el 2007-01-14
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