Crítica de El erizo

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También apta para aquellos que aún no han disfrutado del libro. Y más si son amantes del cine de Ozu; si tienen como mascota uno –o varios- gatos; si son aficionados a los clásicos, con Tolstoi a la cabeza; y si les gusta el chocolate negro. "

 


Ethan por Ethan


cartel de El erizo

Director: MONA ACHACHE
Estreno: 2009-12-04
Genero: Drama

Entre avatares y ágoras, goyas y globos, se esconde en la cartelera un filme bastante interesante. Se trata de una adaptación de “La Elegancia de Erizo”, una novela de éxito, de la escritora francesa Muriel Barbery.

Antes de comentar la película me gustaría recomendar el libro. Una disertación filosófica inteligente, muy entretenida y muy bien escrita; con tres personajes entrañables que intentan salir de la pecera en la que se ha convertido su entorno más inmediato. La lectura del ameno –y divertido- texto casi es obligatoria para poder disfrutar de su visión en la gran pantalla.

Pero no nos engañemos, la cinta no quiere ser una alternativa al libro. Siempre he creído (y soy consciente de que me repito) que las adaptaciones había que analizarlas desde el punto de vista de la complementariedad y no de la sustitución. Al lector lo que más le interesa es que sus personajes cobren vida; que ellos y la puesta en escena confirmen lo que su mente se había imaginado. De esta forma, el texto leído más las imágenes recibidas se almacenan en la memoria como un todo compacto.

En este sentido, El Erizo cumple muy bien su cometido. Y lo hace gracias a que Mona Achache, la directora del largometraje, ha prescindido de casi toda la primera parte de la novela para iniciar pronto la trama que interesa desde el punto de vista cinematográfico. Su objetivo es acelerar el encuentro entre los distintos personajes. Todos ellos habitan en el lujoso inmueble de París donde se desarrolla la acción: Paloma, la niña superdotada y suicida; Reneé, la portera gris y vulgar, que guarda con celo su interior; y Kakuro, el rico empresario japonés, un nuevo inquilino, explorador de almas cautivas, que descubrirá lo que se esconde tras la anodina apariencia de Reneé.



Otro logro de la realizadora es el de utilizar el recurso de la filmación dentro del rodaje. Lo hace para conseguir que la cinta haga uso de algunas de las brillantes frases de Paloma incluidas en la novela. Así, mientras la niña redicha se pelea con el mundo grabando todo lo que se pone a su alcance, la cineasta tiene una excusa cinematográfica perfecta para que se oiga la voz de Paloma como narradora de su propio filme casero.

Por supuesto, Le Hérisson también es apta para aquellos que aún no han disfrutado del libro. Y lo es más si el espectador es un cinéfilo, amante de las películas de Yasujiro Ozu; si tiene como mascota uno –o varios- gatos; si es aficionado a los clásicos, con Tolstoi a la cabeza; y si le gusta perder el tiempo, haciendo nada, sólo esperando que una porción de chocolate negro se derrita en su boca.