Crítica de Dead Man

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Comienza muy bien, pero a partir de la media hora la tensión narrativa fallece para dejar florecer una mística filosófica no apta para todos públicos ni para todas las paciencias."

 


Francesc Canals Naylor por Francesc Canals


cartel de Dead Man

Director: Jim Jarmusch
Estreno: 1995-01-01
Genero: Western

Como ya se está convirtiendo en una costumbre en mi pequeña rutina diaria, me siento con el doloroso peso de poner en tela de juicio las cualidades de una película generalmente aclamada por los críticos.

Digo aclamada, que viene de clamor, pues no es otro el estado de espíritu casi catártico con el que los seguidores de la dupla Jim Jarmusch/Johnny Depp defienden la supuesta genialidad, enormidad y originalidad de este filme.

Siempre parto de una misma premisa, para mí sagrada: Una película debe gustar. Dígase entretener, deleitar, atraer o hasta cautivar, me da igual. Si, por el contrario, en contra de esta premisa tan elemental, esa obra produce tedio o confusión (por no decir somnolencia) podemos pensar en que algo ha fallado.

Dead Man puede dividirse en tres etapas. Comienza muy bien, diría que hasta de modo brillante. El viaje de William Blake en ese cochambroso tren es prodigioso. La escena es lenta pero logra sugestionar con esos paisajes cada vez más agrestes y áridos que Blake contempla en el exterior, y con esos pasajeros de un rostro inclemente que a ratos cruzan la mirada con el ridículo muchacho de ciudad. Después, llegado a la urbe industrial la atmósfera es kafkiana. El momento en que Depp pierde su trabajo sin siquiera haberlo estrenado, frente a las risas de un grupo de viejos cobardes y estúpidos, provoca que nos pongamos en la piel del neófito que no puede enfrentarse ni al grupo, ni al Winchester de Robert Mitchum, ni a lo desconocido. Es una situación que superaría a cualquiera.

La andadura de Blake por la avenida del pueblo, sin saber adónde ir, logra mantener la tensión. El lugar es inhóspito a más no poder, máxime cuando no se tiene apenas dinero en el bolsillo y cuando tu vestuario parece estar gritando: Disparen a este pardillo presumido. Hay incluso una impactante escena de una felación en plena calle que nos deja sorprendidos, indicio de que no nos hallamos ante un producto típicamente cándido de Hollywood. Tras matar, preso del pánico, al mismísimo hijo de Robert Mitchum, Depp, herido de bala, tiene que emprender una desesperada huida, iniciándose así la segunda fase del filme. En esta parte el ritmo cambia. Blake desfallece en las montañas y es recogido por un hombre de raza india (Gary Farmer). Mientras tanto, el potentado del pueblo (Mitchum) ha puesto precio a la cabeza del fugitivo.

El indio ayuda, por puro altruismo, al fugitivo herido (Depp). Este indio dice llamarse Nadie, aduciendo ciertas explicaciones de corte filosófico. Y es así como penetramos de lleno en la poética mística de Jarmusch, que conduce toda la película hacia derroteros metafíscos que algunos espectadores bien pudiéramos calificar de pedantes... Aún queda un remanente de buena tensión que va perdiendo calado, no obstante, a medida que los cazarecompensas se matan entre ellos.

Es en esta tercera parte del filme cuando la tensión decae y el ritmo se torna muy lento. Hay escenas en que Blake y Nadie cabalgan despaciosamente entre árboles mientras este último suelta un discurso ontológico digno del mismo Aristóteles. La obra ahora se compone de pequeños mosaicos ideológicos que terminan en fundidos en negro. Puedo asegurar que todas las personas que no somos seguidoras de la mística de Jarmusch o de las bartoniadas de Johnny Depp, nos hemos quedado en este momento fuera de la narrativa del filme.

Fotografía de libro, frases poéticas, épica impenetrable y... muuucho tedio. Por poner un ejemplo, en un momento dado Blake se ha convertido de la noche a la mañana en un pistolero muy rápido. Según Nadie porque ahora debe escribir sus poesías con sangre... En definitiva, se nos fusila con un mar de metáforas y situaciones esotéricas encaminadas a dar a entender que estamos contemplando un viaje iniciático hacia la muerte, pero de alguien que ya esta muerto, sin saberlo, aunque tampoco está muerto en este mundo. Este hombre es, además, el poeta William Blake, aunque ontológicamente no lo es... Claro como el agua, ¿no?

Me gustaría que alguien retomara ese primer tercio del filme (obra maestra), y lo culminara manteniendo la calidad y la tensión narrativa que tenía, sin andarse por las ramas. Pero en el cine hay infinidad de ejemplos de películas que empiezan con contundencia y no saben cómo seguir. Como el corredor inexperto que empieza una maratón como si corriera los 100 metros lisos y se queda sin resuello nada más empezar. Dead Man es un ejemplo de ello.

 

 


Critica de "Dead Man" publicada el 2010-05-14
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