Crítica de La última tentación de Cristo

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Una de las revisiones sobre el susodicho mito más sorprendentes y originales que se puedan ver ya que ésta hurga en las distintas dimensiones del mito con una loable intención regeneradora e introspectiva, poniendo en tela de juicio muchos dogmas y c"

 


José A. Peig por José A.


cartel de La última tentación de Cristo

Director: Martin Scorsese
Estreno: 1988-01-01
Genero: Drama

La figura de Jesucristo tiene ese poder de fascinación que transciende generaciones y culturas y es como un objeto de veneración o reflexión filosófica que se presta a muchas lecturas, revisiones o manipulaciones según las creencias o esquemas mentales de cada individuo o sociedad. Ese valor transcultural no es algo exclusivo del Galileo nacido en Belén, sino que es un rasgo de los arquetipos del saber y la aventura humana, desde los grandes fundadores de religiones hasta los héroes que han protagonizado y motivado el rico bagaje mitológico de la humanidad. Jesucristo es un mito -con una supuesta base histórica, sobre ese tema existe y siempre existirá gran controversia - cuyas características evocan tanto lo humano como lo divino en un entorno social de cambios, incertidumbre ante el futuro, crisis y revolución en el apogeo del imperio romano. Y de ahí una riqueza de matices que, bien aprovechada, puede ser un buen material para hacer cine mayúsculo, pues permite enfocar la historia sagrada desde distintos puntos de vista: Jesús el hombre, Jesús el dios, Jesús el revolucionario, el profeta, el reformador religioso, el loco que grita en el desierto, el ajusticiado...

Ya vimos como Mel Gibson desaprovechaba su ocasión limitándose a elaborar una mera ilustración visual del texto bíblico pero añadiéndole un montaje con el único propósito de manipular emocionalmente al espectador y perpetrar trucos para el morbo gratuito y así hacerse el interesante con el fin de que todo el mundo hable de su película.

En el caso de “La última tentación de Cristo”, nos encontramos con una de las revisiones sobre el susodicho mito más sorprendentes y originales que se puedan ver ya que ésta hurga en las distintas dimensiones del mito con una loable intención regeneradora e introspectiva, poniendo en tela de juicio muchos dogmas y caracteres propios de una doctrina y un esquema teológico que rige las conciencias de millones de creyentes.

Creyentes, pero ha de quedar muy claro que un objeto artístico no tiene más o menos valor en función de su naturaleza contestataria o su mensaje transgresor según ideologías y demás fobias y filias colectivas. Si alguien estima o valora la película de Scorsese por considerarla una obra “anticatólica” estará en un error, ya que su función como pieza del arte cinematográfico es la de jugar y hurgar en todas las posibilidades metafóricas o interpretativas que se desprenden del mito crístico, proponiendo un planteamiento en el que la figura de Jesús se desdobla en dos alternativas que son dos modos de interpretar (o de situar) su condición arquetípica, contraponiéndolas para configurar su perfil de arquetipo multidimensional, lo cual viene a ser una espléndida metáfora que disecciona la eterna lucha interior, la lucha entre lo carnal y lo espiritual, lo terrenal y lo celestial.

Por tanto, la película se centra más en desarrollar los aspectos filosóficos que en mostrar un Jesús de Nazaret “hijo de dios” al uso. Es una película de una gran densidad, muy alejada de las exigencias y necesidades comerciales.

En lo político-social vemos a un Jesús de Nazaret carpintero constructor de las cruces que servirán para crucificar judíos, situando al personaje en una posición controvertida en el plano social, de lo cual se deriva una mirada exenta de todo convencionalismo ante la idea tradicional de Jesús como fiel seguidor de la tradición y la identidad colectiva de los israelíes. En ése orden de cosas, aquí el nazareno no es un mero reformador de la tradición, sino también un “outsider” que bajo un perfil de espíritu inquieto se plantea dudas sobre su propia identidad y la identidad de la cultura a la que pertenece. El significado y la naturaleza de conceptos tales como el de mesías, reino de dios, liberación de Israel, espíritu y cuerpo son abordados mediante un discurso dinámico, en el que cada personaje representa un prisma distinto o una reinterpretación crítica del significado, finalidad y valor esencial de la figura del mesías, el enviado de dios o lo que sea.

Nos cuenta, de paso, el viaje iniciático de un guerrero en permanente lucha consigo mismo y con los demás. Jesucristo ama a Magdalena pero rechaza la vida conyugal en pos de una misión trascendente. Es la misma imagen del héroe que rompe todas las ataduras para centrar su vida en un objetivo mayor. Lo punzante del caso es que aquí la familia se nos muestra como un lastre en ese camino hacia lo superior, contradiciendo la tradición cristiana y católica que sitúa a la familia en un podio ineludible para la correcta vertebración de la sociedad y el bien moral. Véase cómo el cristo engañado por el demonio disfrazado de angel es el que simboliza la pasividad y estancamiento de la vejez; la familia es el lastre que arruina toda pretensión de llegar a Dios y de mover los cimientos de la humanidad. Ése es uno de sus aspectos más provocadores y un tema que remite al héroe que destruye las ligaduras que lo atan a la tierra en el sentido de la estabilidad y el conservadurismo de la vida en familia. Los grandes hombres, los que de verdad consiguen aportar algo a la civilización, sacrifican muchas cosas para poder llegar al cielo de los mitos...

La complejidad del discurso da para mucho más, lo dejamos aquí. El resto es pura artesanía cinematográfica, el habitual pulso sobrio y brioso de Martin Scorsese (que no genial, todo hay que decirlo) al servicio de una visión reflexiva y autocrítica. En ese desdoblamiento de Jesús, subyace un diálogo autorecriminativo entre la convención social y la libertad salvaje del extranjero en su tierra y disidente de todos y de todo: el Jesús que vence a la muerte (aunque solo sea en el ámbito de la creencia popular) le otorga a la humanidad una esperanza y un sentido. El Jesús que se queda en el hogar con la mujer y los niños, envejece, simboliza la senectud derrotada y alienada de los problemas del mundo, el olvido de los sueños e ideales. Cielo y tierra, cuerpo y alma, y un Jesucristo autocrítico en medio de la encrucijada, aprovechando de esta manera su inmenso caudal arquetípico para mostrarnos varias aristas acerca de los problemas del humán, la religión y la filosofía, y ese es un gran logro artístico. Veamos las palabras de Nikos Kazantzakis, autor del libro en el cual se basa la película:

"La doble personalidad de Cristo, el sufrimiento, tanto humano como sobrehumano, de un hombre para alcanzar a dios, ha sido siempre un profundo misterio para mí. Mi principal anhelo y la fuente de mis venturas y desventuras desde la niñez, ha sido una incesante y cruel batalla entre el espíritu y la carne...y mi alma es el campo de pelea donde esos dos ejércitos se han encontrado y luchado "

Critica de "La última tentación de Cristo" publicada el 2007-01-24
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