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Crítica de Los ojos de julia

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¿Con cuántas películas de cine se ha pasado verdadero miedo? "

 


Francisco Menchón por Francisco Menchón


cartel de Los ojos de julia

Director: Guillem Morales
Estreno: 2010-10-29
Genero: Terror

LOS QUE TIENEN MIEDO 

¿Con cuántas películas de cine se ha pasado verdadero miedo? Se pueden contar con los dedos de la mano.

En España, en los últimos años, la cosa se pone todavía más cruda, Los sin nombre y Rec de Jaume Balagueró, Tesis y Los otros de Alejandro Amenabar, 28 semanas después de Juan Carlos Fresnadillo y El día de la bestia de Álex de la Iglesia.

 

Los ojos de Julia de Guillem Morales ya puede añadirse a esta pequeña lista porque es terrorífica y desnuda uno de los miedos más interiores y viscerales que padece el hombre, el miedo a la oscuridad. Pero no sólo al miedo a una oscuridad que podría llamarse física, palpable sino también – y seguramente es el mayor acierto de la película – a una oscuridad interior, el miedo a pasar desapercibido, a ser uno más entre millones de hombres, a sentir que la vida te ha derrotado y vagar como un muerto en vida.

 

Y todo gracias a un guión muy racional en su creación pero muy pasional en su puesta de largo que construye a uno de los mejores villanos de los últimos años. Un antagonista creíble, absolutamente humano, veraz y coherente con el que es fácil empatizar para llegar a entender que su derrota es la que vive la mayoría de la gente. Un feo, un perdedor como lo fueron el Nick Nolte de Aflicción y el Sean Penn de El asesinato de Richard Nixon, dos obras maestras del cine a reivindicar.

¿Y es que existe algo más humano que querer sentirse un hombre? En un mundo donde todo entra por los ojos y la belleza es el estandarte, comprender que jamás podrás ser es suficiente como para querer apagar la luz. El villano es un ángel cuando nadie puede verle y sólo se convierte en demonio a los ojos de los demás. Absolutamente excepcional.

 

Otro de los puntos de extrema brillantez de la película tiene que ver con su magnífica puesta en escena, su montaje y el tratamiento del sonido.

Los momentos de puro terror – que los hay durante toda la película y no decaen en ningún momento - mantienen al espectador agarrotado, acojonado y vencido ante los acontecimientos y son el resultado de la magnífica puesta en escena diseñada por Guillem Morales.

Hay dos momentos especialmente brillantes en la película donde el director demuestra su personalidad y estilo en la puesta en escena:

1) Cada vez que la oscuridad aparece se convierte en personaje y la película alcanza tintes de obra maestra abriendo la caja de Pandora de nuestros miedos más ancestrales; miedo visceral y agónico que entra por los sentidos, miedo conectado a nuestro ADN y que destroza el alma - Guillem Morales ya hizo algo parecido en El habitante incierto hablándonos del terror a que alguien invada tu espacio, el lugar donde uno se siente seguro pero se perdía en la segunda mitad de la película al volverse todo más trascendental y complicado -.

2) El clímax, inspirado claramente en el de El silencio de los corderos, pero siendo capaz de imprimirle un sello personal demoledor que aturde y deja con la boca abierta al espectador y lo convierte en uno de los más impactantes e hipnóticos momentos climáticos que se hayan filmado.

 

Se podría hablar ya de un clásico del cine español si no fuese por dos detalles que estropean la película:

1) El toque de amor meloso, falso, azucarado, pesadísimo e irritante que envuelve la película - y te echa para atrás en su plano final - y que demuestra el miedo a arriesgar de sus creadores y las dudas de ofrecer al público una obra maestra sin paliativos. Estúpida necesidad de adornar lo terrible de la condición humana con una pantomima amorosa adornada de romanticismo cutre que le roba veracidad a toda la trama. Hay que desterrar ya de una vez los miedos a contar películas puras y verdaderas sin incidir en salvavidas almibarados. No hay que creerse que el público es tan tonto, aunque lo sea.

2) La fotografía academicista. Es fascinante vivir con Julia, la protagonista, los momentos en que se va quedando ciega; pero es horrible envolver la película de una fotografía demasiado perfecta – como ocurría en El orfanato o como ocurría también en todas las películas de la Factoría Filmax. Tan perfecta que pierde parte de la credibilidad, naturalidad y crudeza que debería tener y la vuelve paradójicamente irreal, falsa e impostada.

 

Muy superior a cualquier otra película del momento, cuando Guillem Morales y su equipo pierdan el miedo a fracasar, Cannes se rendirá a sus pies.


lo mejor Lo mejor de "Los ojos de julia"...

La puesta en escena de Guillem Morales cuando la peli da miedo y el malo de la película.

lo peor Lo peor de "Los ojos de julia"...

Los toques de amor mentiroso

Critica de "Los ojos de julia" publicada el 2010-10-08
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