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Crítica de Raices profundas

"

Cine emotivo, imprescindible, humano... Es un western, pero podía haber sido un drama rural de nuestra España más honda o un thriller de mafias con un visitante valiente y un niño sensible."

 


Emilio Calvo de Mora por Emilio Calvo


cartel de Raices profundas

Director: George Stevens
Estreno: 1953-02-05
Genero: Drama

Vi Raíces profundas ( Shane ) hace veinte años. Quizá más. La programó la solemne y única Televisión Española en horario de tarde y brasero. Igual hasta llovía. Así aprendí yo a ver cine: a amarlo. Recuerdo tardes enormes con Oliver Twist o Ben-Hur o David Coppefield. Nada de eso queda ya para la chiquillería y la juventud de hoy cuyos héroes son de metal o del manga japonés, que tanto detesto, pero no voy aquí a pontificar sobre mis vicios porque son también tan detestables - quién soy yo para decir lo contrario - como los de cualquiera.

uno veía ( sigue por la misma cuerda ) lo que el programador programaba ( valga el bucle fonético ). Mi avituallamiento de películas dependía enteramente de los demás al carecer de vídeo ( vhs, beta, 2000, palabras ya en desconocidas para estas generaciones que viven del blue ray y del disco duro ) o de no poder ir al cine de pantalla grande siempre que quería.

Estos son otros tiempos. uno ve lo que quiere, hasta cierto punto. Se alquila o se compra o lo da un canal de cable o satélite a horarios asequibles y repetidamente. Sirva toda esta perorata sentimental para ubicar Shane en el contexto que quiero:

Shane es la película de la infancia o, al menos, de la mía. Yo era el niño rubio de la granja de Alabama cuyos padres, honrados y buenos a más no poder, no pueden con la tiranía de un cacique barbudo y grasiento que quiere echarles para que sus vacas pasten más plácidamente. Yo era el niño fascinado por el lenguaje de las armas que forja su identidad con la épica del pistolero retirado y errático que busca también su identidad en la mirada inocente del niño. Juego recíproco, cómplice, bellísimo.

Entonces yo no escudriñaba el cine: no buscaba códigos y lenguajes ocultos, señas de autor y tres pies al gato de la fotografía. Nada de eso importaba: lo que primaba era la historia, que debía estar bien contado ( uno ha sido siempre meridianamente exigente en eso ).

No vi yo a William Manning en el personaje del pistolero de Alan Ladd. Sí, el Manning de Sin perdón que, por otra parte, todavía no existía. No reconocía la semilla infinita de John Ford porque simplemente no había visto La diligencia o Centauros del desierto, pero advertí que aquel final era, por necesidad, un final de mucha altura: ahí estaba el niño y su héroe, despidiéndose, después de que Wilson ( el mercenario contratado para que la sangre vertida espante a los voluntariosos colonos reacios a irse ) hubiese sido abatido por la más rápida pistola de Shane, al que no volvería a ver nunca.

Qué bonito es el cine. Qué bonita es Alabama. Cine emotivo, imprescindible, humano, eterno. Es un western, pero podía haber sido un drama rural de nuestra España más honda o un thriller de mafias con un visitante valiente y un niño sensible.

lo mejor Lo mejor de "Raices profundas"...

La música del Oeste, que nunca fue tan propia.... El niño ( Brandon de Wilde )..... Las montañas que decoran el fondo todo el metraje....Ah y la cara de Jack Palance ( perfecto en su papelito de cabroncete sin escrúpulos )

lo peor Lo peor de "Raices profundas"...

¿ Diré que nada ?

Critica de "Raices profundas" publicada el 2007-02-05
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