Crítica de Guest (guest)

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Un documental plagado de bellas imágenes en el que Guerín vuelve a acertar rodando sobre todo a personajes que viven en situaciones paupérrimas, destacando su manera de ser y de vivir, pero en el que no puede evitar repetirse"

 


elprimerhombre por elprimerhombre


cartel de Guest (guest)

Director: José Luis Guerín
Estreno: 2011-03-25
Genero: Documental

Con cámara en mano y con la intuición y el azar como acompañantes, uno puede encontrar lugares y momentos idóneos para rodar una pequeña película, y si además en ellos hay personajes carismáticos cuya magnitud es irresistible, pues aún mejor. Y esto bien lo sabe el director español José Luis Guerín, autor de el fabuloso documental En construcción (2001), del que recientemente se ha estrenado Guest (2010), otro documental, esta vez en blanco y negro, creado durante el largo período de un año en el que estuvo presentando en diferentes festivales de cine de todo el mundo su película En la ciudad de Sylvia (2007), en el que no perdió la oportunidad de ir por las calles de infinidad de ciudades en las que estuvo (sobre todo de Sudamérica) y en las que quiso retratar a ciudadanos marginados de la sociedad, como borrachos, mendigos, o vendedores ambulantes que se intentan ganar la vida vendiendo lo que sea, y hasta personajes estrambóticos como predicadores que se dejan la voz para recriminar a la gente su desobediencia a Dios.

Esta excusa de plasmar en el celuloide la experiencia vivida en esos lugares es patente en el mismo inicio, en el que el espectador lee debajo del título: "Diario de registros sept.2007-sept.2008 durante la presentación de una película". De ahí que las escenas estén ubicadas en diferentes días que se van insertando a lo largo del film, con varios saltos en el tiempo, dando la sensación de que en 2008 hay mucho menos material expuesto que en los cuatro meses de 2007. Y es que antes que la película caiga en el error de retratar demasiado a algunos personajes, dejando que se oiga la voz de Guerín en las preguntas que les formula y estando bastante tiempo en algún lugar (sobre todo en el viaje a La Habana), alejándose un tanto de lo conseguido anteriormente, el espectador disfruta de lo lindo, como ya había hecho en el mencionado documental En construcción, con opiniones y recuerdos de borrachos, poetas callejeros o mendigos, que inundan la pantalla elevando al máximo la naturalidad con la que se desarrolla la película. A este mismo grupo se unen los predicadores que pululan por las calles de varias ciudades, cuya presencia en el documental es impagable, sobre todo en la que se podría considerar la mejor escena en la que uno de esos predicadores va vociferando que algunas personas no irán al cielo, "como ese borracho", señalando a un hombre sentado que irá despotricando de todo lo que dice el mismo orador con sus recriminaciones hacia los pecadores.

Hay que destacar de Guerín su atracción por este tipo de personajes tan dispares y su claro homenaje a algunas de estas personas, reflejando sus carencias pero también destacando sus opiniones profundas de cualquier tema e intentando evocar su lado más humano y humilde. Con todo ello, además Guerín sabe interponer en estas imágenes otras de edificios o esculturas, del cielo en el que va pasando mientras vuela en avión hacia otro de sus destinos, o las que consigue filmando desde las habitaciones de los hoteles en los que se hospeda. Y hay que comentar que el director tiene tiempo hasta de jugar con los fotogramas, como si quisiera volver a experimentar como hiciera en su original y aclamado film Tren de sombras (1997), componiendo alguna situación curiosa como el juego de montar, con música de fondo, las imágenes de unas nubes con un dibujo caricaturesco de la luna de Georges Méliès que hay en la tapa de su libreta visto a través del agua que hay en un vaso.

Con todo lo expuesto, es normal que el espectador vaya pasando de la risa a la tristeza con mucha facilidad ya que algunos retratos son bastante desoladores en los que casi es imposible no emocionarse, dejando escapar alguna lágrima. Quizás eso es lo que en esta ocasión se le pueda reprochar a Guerín, que se haya acercado aún más a la mala situación tanto económica como anímica de algunos personajes, estando demasiado tiempo al lado de ellos, aunque tengan cosas que contar muy emotivas, como la hija pequeña de una pareja de vendedores ambulantes que cuenta que cuando murió su abuela su perro desapareció, echando de menos a los dos. O la mujer mayor que mientras está lavando su ropa a mano comenta que le encanta la claridad del día pero que teme la llegada de la noche ya que a su marido lo mataron una noche. Aunque la vuelta a la risa será inevitable con escenas como la de unos niños de Jerusalén que no se entienden con Guerín y llegan a la conclusión de que les están grabando para el cine y tras su pregunta de cuándo lo podrán ver y la respuesta del director que dentro de dos años, ellos creen que será a las dos de la madrugada de ese mismo día.

Y quizás para reivindicar su manera de hacer cine o como otro tipo de homenaje a otros cineastas, Guerín hace aparecer en un momento de la película a Jonas Mekas, un director lituano afincado en Estados Unidos, al que se le atribuye la invención del diario filmado con películas experimentales como Walden: Diaries, Notes and Sketches (1969) o la larguísima As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty (2000), en la que durante 5 horas se ve un montaje de imágenes de grabaciones realizadas durante 50 años de su vida. Otra cineasta que aparece es la directora belga, residente en París, Chantal Ackerman, autora también de documentales, que deja en el aire una pregunta que aparece en algún otro momento de la película, "¿qué hay de documental en la ficción y qué hay de ficción en el documental?"; una reflexión que bien valdría para un debate


Critica de "Guest (guest)" publicada el 2011-04-01
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