Crítica de Blackthorn

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La versión española del western crepuscular."

 


Jose María Galindo Pérez por Jose María


cartel de Blackthorn

Director: Mateo Gil
Estreno: 2011-07-01
Genero: Western

No todos los días se tiene la posibilidad de ver un western español. Si el género estadounidense por excelencia tiene que pelear por conseguir un poco de visibilidad en su tierra natal, la cosa se pone muy complicada en otras latitudes. Por eso, la propuesta de Mateo Gil (habitual colaborador de Alejandro Amenábar, con quien ha escrito varias de sus películas, y que firma con ésta su segunda película, después de debut con Nadie conoce a nadie) es, de entrada, bien recibida por parte de un servidor. Más aún si recupera a un personaje clásico del cine del Oeste, el forajido Butch Cassidy. Y todavía más si cabe si el papel protagonista recae en el veterano Sam Shepard, actor, guionista, músico, todo talento. Así que vamos con Blackthorn.

La historia empieza por reescribir el episodio final de las aventuras de Butch Cassidy y Sundance Kid. Según la versión oficial, murieron tiroteados en Bolivia, a manos del ejército del país. Sin embargo, Mateo Gil nos cuenta que en realidad escaparon, y el viejo Butch se ha dedicado a la cría de caballos en Bolivia bajo el nombre de James Blackthorn. La tranquilidad de su anonimato se verá truncada al toparse con el ingeniero español interpretado por Eduardo Noriega, quien ha robado a un terrateniente boliviano. Butch/Blackthorn se ve inmerso en una peripecia que se ve enriquecida con intermitentes flash-backs acerca de su juventud con Sundance.

En vista del argumento, el tono de la película no podía ser otro que el de un western crepuscular, y así lo hace Gil. El realizador demuestra oficio, respetando las tradiciones de un género tan ancestral, pero adaptando ciertos momentos tanto a la peculiar geografía (Bolivia no es Texas) como a los roles protagonistas (Butch Cassidy nunca fue un pistolero sanguinario, sino más bien un bandido simpático; y Noriega no es, desde luego, un héroe de gatillo preciso). Dignas de mención son la persecución por las salinas, algún intercambio seco de disparos (alejados de los duelos grandilocuentes de, por ejemplo, Sergio Leone) y el relieve que se le da a los paisajes y escenarios naturales.

Ese es uno de los puntos más fuertes de Blackthorn. Los espacios naturales son espectaculares, y están fotografiados para sobrecoger, para empequeñecer a los personajes a su lado. Recuerda a las composiciones en Monument Valley de John Ford. Montañas, el altiplano boliviano, las citadas salinas (que deben constituir un espectáculo en vivo y en directo). Todo remite a ese western clásico que se acercaba a su decadencia, a esos personajes recortados contra la línea del horizonte que no dejan de ser individuos en tránsito, en perpetuo movimiento, porque no tienen un lugar donde vivir, o donde morir.

La influencia de Sam Peckinpah se trasluce en muchos momentos y elementos, empezando por ese tono crepuscular. El cambio de unos tiempos caracterizados por la libertad a otros en los que la aventura daba paso a una civilización opresora son reflejados a la perfección en varios diálogos de Butch Cassidy. Por supuesto, el semblante de Sam Shepard, melancólico, contrasta con su encarnación más joven, vital y descarado. Viendo al viejo Cassidy evocar viejos tiempos que inevitablemente fueron mejores, es imposible no acordarse del entrañable bruto interpretado por Jason Robards en La balada de Cable Hogue, de Peckinpah.

¿Y qué puntos negros se le pueden sacar a la película? Quizás la falta de ritmo y de garra en determinados tramos, el alargamiento de alguna secuencia no del todo bien resuelta, y, sobre todo, la presencia de Eduardo Noriega. El tipo nunca me pareción un gran actor, de hecho, lo veo como alguien más bien mediocre. En ningún momento le coge el pulso a su personaje, y, para colmo de males, parece un insecto al lado del gigante Shepard. Noriega me huele a imposición comercial, aunque no tengo pruebas de ello.

Sin embargo, Blackthorn es, en definitiva, una buena película. Bien escrita, bien rodada, en general bien interpretada, con una fotografía de bastante nivel, un montaje sólido. En resumen, un film con personalidad, sobrio, y que, como nuevo acercamiento al western que es, merece un mínimo de atención por parte del personal. Para que luego no se diga que el cine español sólo hace pelis de la Guerra Civil…