Crítica de Valor de ley (2010) (true grit)

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Excelente no-western de los hermanos Coen, y un claro y logrado intento de éstos de presentar su película más comercial, popular y asequible para todos los gustos. Y encima, con el buen ojo de escoger a la soberbia Hailee Steinfeld como protagonista"

 


Alba Viñallonga Cruzado por Alba Viñallonga


cartel de Valor de ley (2010) (true grit)

Director: Joel y Ethan Coen
Estreno: 2011-02-14
Genero: Western

¿Qué es lo que distingue al western? ¿Los tiroteos? ¿El sheriff, los bandidos y los indios? ¿Los héroes de pocas palabras que siguen sus propias reglas y prefieren al amigo y al caballo antes que a la mujer? ¿Los asaltos a trenes? ¿El crimen y la justicia?
Pues entonces no busquen un western en Valor de Ley. Porque la película de los hermanos Coen, menos hermanos Coen y más populares que nunca, ofrece poco o nada de esos ingredientes. Sí, la película está ambientada en el Centro-Oeste americano, hay un forajido, un alguacil que lo persigue, y hay secuencias de acción de puro sabor western. Pero lo que realmente interesa a los Coen, basados en la novela de Charles Portis, es la aventura de una joven que deja definitivamente atrás la infancia para convertirse en adulta, y de la extraña amistad que acaba desarrollando con dos hombres muy distintos y que, a su manera, no encajan en la sociedad decadente en la que viven. La película, siempre entretenida y visualmente lograda y elegante, nada por estas aguas con gran soltura, mezclando humor, nostalgia y emoción de forma admirable.
A esto ayudan las siempre excelentes presencias de Jeff Bridges (único para este tipo de personajes caraduras y de vuelta de todo), Matt Damon (uno de los actores más interesantes de Hollywood.... ejemplifica, como DiCaprio, o incluso mejor que el californiano, que realmente se puede escapar de la tiranía del físico y convertirse en actor de carácter) y Josh Brolin (prototipo del actor todoterreno), que sin embargo no hacen sombra a quien es la estrella absoluta de la película. Hailee Steinfeld, salida prácticamente de la nada, se echa la película a sus espaldas desde el principio y no sólo no le pesa, sino que da una lección antológica de saber hacer y de seguridad ante la cámara. La escena en la que negocia el precio que se le debe por el robo y la muerte de su padre debería haber valido por sí sola el Oscar al que estuvo nominada, porque muy pocas veces se ve en tan corta edad tantísimo talento.

En definitiva, una película muy apreciable, algo lastrada por el bajón de ritmo de su segundo acto y la sensación extraña que deja al final. No es una obra maestra, no es lo mejor que han hecho los Coen, pero merece la pena verla, sentirla y, en una palabra, disfrutarla.