Crítica de Noche de miedo

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Noche de miedo (sabia combinación de humor y terror con un inolvidable Roddy Mcdowall)"

 


Alberto Zamora López por Alberto Zamora


cartel de Noche de miedo

Director: Tom Holland
Estreno: 1985-11-14
Genero: Terror

Los 80, cinematográficamente hablando, eran mágicos. Puede que vaya unido al sentimiento de nostalgia, al fin y al cabo, nací a finales de la época; pero mi bagaje fílmico, en sus primeros años, se alimentaba de obras de esa época irrepetible. Era la década sin ordenadores, la de los maquillajes tradicionales, la de las bandas sonoras petardas, pero inolvidables. Irrepetible.

 

Noche de Miedo (Tom Holland) de 1985, es una de las cintas que recuerdo con más cariño de aquellos días. Recuerdo tenerla grabada de la tele, pero me faltaban los veinte primeros minutos, lo que no supuso un impedimento para verla una y otra vez, de modo enfermizo.

 

Fright Night presenta un equilibrio, sencillamente perfecto, entre humor y terror. Los momentos cómicos funcionaban, sin caer en recursos estúpidos, y los instantes de terror conseguían sobrecoger. El film nos contaba la historia de Charlie Brewster, típico adolescente norteamericano, deseoso de zumbarse a su novia, que tiene la sospecha de que su nuevo vecino, oculta algo raro. Los asesinatos se suceden, los misterios aumentan y Charlie tiene una cosa clara: su vecino, Jerry Dandrige, es un vampiro. La premisa es sencilla, al mismo tiempo que inquietante y juega con la violación del hogar. No todos los días se tiene puerta a puerta a un ser sobrenatural.

 

Lo mejor del film es, sin lugar a dudas, Peter Vincent, presentador de un programa de TV de medianoche, de films de terror, interpretado por Roddy McDowall. Apropiándose de la imagen clásica de  Peter Cushing, McDowall compone un personaje inolvidable, un auténtico fraude, que entra en auténtico terror al descubrir la existencia real de los vampiros. McDowall roba la película a todos los implicados, y ofrece un mini-mito a todos los aficionados al fantástico.

 

Por su parte, Chris Sarandon, compone un vampiro que bebe tanto de la brutalidad, como de la seducción, al más puro estilo Christopher Lee. Puede ser escalofriante (el ataque a la casa de Charlie), como un galán (la seducción en la discoteca). Sarandon repetiría años después con el director en la exitosa Muñeco Diabólico.

 

No podemos olvidar tampoco a Rata, (Evil Ed en la versión original). Amigo de Charlie y típico marginado social por su afición a las películas de terror. Su rostro vampirizado con una cruz grabada a fuego en su frente, es una de las imágenes más nítidas de mi infancia. Igual de memorable, es su transformación en hombre lobo. En este aspecto, conviene destacar, lo extraordinario de los efectos especiales tradicionales del film.

 

El clímax del film, con la incursión en la casa del vampiro, es puro terror. Una progresión de situaciones terroríficas y un carrusel de transformaciones, monstruos y efectos sanguinolentos. Una culminación perfecta.

 

Un clásico de los 80. Paradigma, junto a Jóvenes Ocultos, de cómo mezclar comedia y terror de modo satisfactorio, y una delicia que a día de hoy, sigue conservando su frescura. Mezcla de clasicismo y modernidad. Una jodida maravilla. Veremos como queda el próximo remake que llegará a nuestras pantallas en septiembre.