Crítica de La cosa

"

Puede que un par de ideas del guión sean interesantes pero la falta de interés del conjunto los entierra en una fosa de aburrimiento, ocasionales sustos fáciles e indiferencia."

 


Jorge Casanueva por Jorge Casanueva


cartel de La cosa

Director: Matthijs van Heijningen Jr
Estreno: 2011-10-21
Genero: Terror

John W. Cambell, en su relato ¿Quién hay ahí? (Who goes there?, 1948), describía los esfuerzos de un grupo de científicos encerrados en una base antártica frente a una forma de vida extraterrestre  extraña, incomprensible e involuntariamente letal para otras especies. Esta obra de Campbell, que era graduado en física, podría adscribirse a la ciencia ficción de la que, mas adelante, sería uno de sus grandes impulsores. El debate surge al comprobar que tanto la atmósfera y sucesos relatados en esas pocas páginas se trasfunden con el imaginario de la literatura de horror y suspense, puesto que el cuerpo del cuento se apoya en la sospecha y la paranoia. Cualquiera puede ser un monstruo. Cualquiera puede ser “la cosa”. No es extraño que la historia se escribiera tan sólo 12 años después de la publicación de En Las montañas de la locura (In The Mountains Of madness, 1931) de H.P. Lovecraft, con la que comparte no sólo el emplazamiento y punto de partida sino un compartido sentimiento de horror cósmico, la ignorancia humana frente a la vasta diversidad desconocida, traducido en este caso a procesos biológicos inauditos que, como el de providence, definen un engendro temible, viscoso y que no se esconde de los personajes ni del lector : “se arrastró por el suelo, descargando salvajes golpes en el vacío con sus tentáculos, mientras el cuerpo se retorcía. Luego volvió a ponerse de pie, moviendo los cegados ojos, que se contraían repulsivamente, mientras la aplastada carne se desprendía en húmedos trozos”.

 La primera adaptación al cine aprovechaba ciertos aspectos científicos de su fuente y seguía vagamente la línea argumental, creando una efectiva Monster movie en la que la tensión surgía más del dónde y no en quién, estaba el extraterrestre. Ignorando las descripciones de Campbell, El enigma de otro mundo (The Thing, 1951) convertía al alienígena en un organismo vegetal y recelaba de la paranoia en pos de diálogos veloces y personajes confidentes en la línea de su director en la sombra/productor Howad Hawks. Por ello, La Cosa (The Thing, 1982) no era un Remake de aquella, como tampoco es el Drácula de Bram Stoker (Bram Stoker´s Drácula, 1992) de Coppola un Remake de la de Browning ni de la de Fisher. La obra maestra de John Carpenter era una reinterpretación del texto de Campbell mucho más fiel que la de Nyby y seguía muy de cerca su arco argumental, corrigiendo alguno de sus defectos (una presunción científica de lo que está pasando acelerada y sobreexplicativa. Demasiado peso narrativo en los diferentes “test de contagio”) y aumentado sus virtudes  con un inteligente uso de la atmósfera fría y tediosa del emplazamiento, la claustrofobia del aislamiento polar, la asepsia y cinismo de unos personajes esencialmente pasotas y aburridos, obligados a convivir juntos y enfrentados a una situación de constante sospecha, cuya tensión es tan densa que casi se puede respirar. Probablemente, Carpenter tuviera un ojo puesto en su adorado Hawks, pero se encuentran más trazas de influencia en autores como George A. Romero o más evidentes en  la poco conocida Una fría noche de muerte (A colds Night dead, TV, 1973). Muy criticada por ello en su momento, probablemente su perpetuidad  se deba a sus alucinantes transformaciones y retorcidas mutaciones, obra de un joven Rob Bottin aún no superado en pantalla. Curiosamente, esta explosión de efectos especiales y sangrientas creaciones animatrónicas no sólo son un reflejo de la época dorada del Splatter cinematográfico, sino que prevalecen como una muestra más de la brillante adaptación del relato original, cuyas grimosas descripciones del proceso de absorción no escatimaban en mostrar “todo un ser humano en descomposición”  o partes de un perro “digerido a medias por el protoplasma gelatinoso de ese animal”. 

Matthijs van Heijningen Jr. se encarga, 30 años después, de ofrecer una nueva aproximación al trabajo de John Carpenter a modo de precuela o “complemento” a la historia original, relatando los sucesos del campamento Noruego de donde McReady, Blair y el resto de Americanos sacaban el cadáver de una criatura vagamente humanoide. Un debutante comandado por Eric Newman, impulsor del acertado Remake de Zombi (Dawn of the dead,1978), que intenta en esta ocasión retomar otra vaca sagrada del género sin salir magullado. Y es que más allá de sus comparaciones con Alien(1979), La Cosa (The Thing, 1982) ha adquirido con los años un culto importante, creándose videojuegos, Adaptaciones y secuelas en formato comic-book, y hasta proyectos de miniserie inconclusos comandadas por Frank Darabont, siendo una imprescindible en cualquier top ten de mejores películas de terror de todos los tiempos, siempre cerca de El Resplandor (1980) o  Alien (1978). Su influencia, es compartida  con la obra de Scott en aventuras como Abyss (The Abyss, 1989), pero es más evidente en fascímiles como Leviathan: el demonio del abismo (Leviatán,1989) u otras contemporáneas epopeyas “con monstruo” como El terror no tiene forma (The blob, 1988), Phantoms (1998) o la bizarra Hiruko el Goblin (Yôkai hantâ: Hiruko, 1991). Su emplazamientro helado y opresivo  repunta también  en modernas revisitaciones temáticas como The Last Winter (2006), The Thaw (2009) e incluso en la inusual producción vampírica 30 días de oscuridad (30 Days Of Night, 2007). Un legado intocable del que hollywood intenta, una vez más, sacar provecho aunque en esta ocasión se intente, a golpe de guiño y homenaje, mostrar cierto respeto por la original.

 

El problema de La cosa (The Thing, 2011) no es que sepamos de antemano lo que ocurre en el campamento Noruego. A esas alturas no hace falta tener un final sorprendente para narrar una historia con nervio. Por conocida que sea. Tampoco es una falta mayor su poco interés en aportar algo diferente a nivel narrativo u ofrecer una compañera real a la historia del Outpost 31, resultando más bien un remake de la misma historia con diferentes caras. Ni siquiera debería molestar a los fans de la original que su máxima pretensión sea funcionar como una resultona “peli” de acción y monstruos, obviando la importancia de la atmósfera, la sensación de claustrofobia o tensión y otros elementos que diferenciaban aquella de sus propios clones. Podría ser un buen símil decir que esta Cosa ha digerido a la otra y como resultado hay una copia perfecta de la original, aunque como la entidad alienígena que es realmente, le faltaría el alma, los pequeños detalles que nos hacen humanos, pero la verdad que ni siquiera es una buena copia, ni una buena imitación. Lo cierto es que ni siquiera imita bien a las imitaciones y secuelas de aliens o predators en las que realmente intenta reflejarse. La realidad es que esta precuela es, sencillamente, una película bastante mediocre. Mediocre a todos los niveles realmente, ya que es imposible no ver defectos en casi todos sus apartados cinematográficos. Donde no los hay, lo suplen sus carencias. La puesta en escena es paupérrima y las caracterizaciones, como en la mayoría de apartados artísticos, muy pobre. La fotografía es tosca y funcional, carente de densidad o más textura que la cada vez más común en estas superproducciones, nitidez pristina de las cámaras digitales. Esto, unido a la limitada concepción del encuadre de Van Heijningen hacen que predominen los primeros planos y planos medios muy cercanos, que no hacen más que dar la constante impresión de estar viendo a actores en decorados, alejándonos más y más de la experiencia. Si no hubiera formato panorámico, habría pocas diferencias con una producción directa a video.

 

Lo más triste de la decepcionante experiencia es que tenía un punto de partida interesante y las armas para conseguir algo, si no tan bueno, al menos decente y digno, o al menos que ofreciera una película de género más sólida. Nos queda otra tediosa muestra de ineptitud de debutante, de los que ni siquiera intentan probar un ejercicio de estilo o una sobresaturación estética. No luce ni a nivel técnico, donde los efectos especiales, en su totalidad creaciones digitales, resultan, ya no menores que las tangibles gelatinas de Bottin, sino muestras de baratijo al nivel de una producción de Asylum. Una verdadera lástima pues lo más interesante de la producción son los retorcidos diseños de las transformaciones, por lo visto rodados con prostéticos y más tarde sustituidos por CGI. Puede que un par de ideas del guión sean interesantes pero la falta de interés del conjunto los entierra en una fosa de aburrimiento, ocasionales sustos fáciles e indiferencia. Otro más de esos olvidables proyectos vendidos con etiqueta negra pero completamente faltos de inspiración, vacíos y menos disfrutables que otras obras herederas de la inmortal odisea de Carpenter, incluso las de ínfimo presupuesto como Splinter (2008) o nuestra La Grieta (1990).


lo mejor Lo mejor de "La cosa"...

Algun diseño de criatura y los guiños a la original.

lo peor Lo peor de "La cosa"...

Que la gente crea que es mala por comparación con la de Carpenter. No. Es mala por si misma.

Critica de "La cosa" publicada el 2011-10-21
Ver más críticas de Jorge Casanueva


Otras criticas de La cosa

Ver todas las críticas de