Crítica de Las aventuras de tintín, el secreto del unicornio

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Tintín y la última cruzada."

 


Jefe Dreyfus por Jefe Dreyfus


cartel de Las aventuras de tintín, el secreto del unicornio

Director: Steven Spielberg
Estreno: 2011-10-28
Genero: Animación

Yo nunca he sido muy fan de Tintin. De hecho, siempre fui más de Asterix. Dicha afirmación no impide, no obstante, que pueda llegar a apreciar una buena película del intrépido periodista y pueda, fácilmente, aborrecer una mala adaptación del irreductible galo. Lo cierto es que, de pequeño, me llegué a leer un par o tres de los volúmenes de Hergé, pero nunca me llegaron a fascinar ni los personajes ni las aventuras en las que se veían inmersos sus protagonistas. A quien al parecer, y según ellos mismos afirmaron, si que atraparon fue a Steven Spielberg y Peter Jackson (para quien no los conozca diremos que son dos señores que hacen películas) hasta tal punto que decidieron unir esfuerzos para intentar trasladar las viñetas de los cómics hasta la gran pantalla. Es cierto que ya se había intentado llevar al personaje al cine en alguna que otra ocasión anterior, pero el resultado final siempre había sido, como poco, tirando a sonrojante y bastante próximo al suicidio en masa.

En la peli encontramos a Tintin, un joven periodista metomentodo que siempre va acompañado por su fiel perro Milú (el auténtico cerebro de la pareja). Como el muchacho es muy de art-decó, se compra una maqueta de un barco, en una feria callejera, para adornar su comedor sin saber que, en su interior, se esconde un importante secreto que el chico no tardará en querer investigar. Lo que suele suceder en estos casos es que existe más gente interesada en el misterio que esconde la maqueta y no tardará nuestro protagonista en meterse en líos y vivir numerosos peligros y aventuras. En su camino se cruzará con un malvado acaudalado, una peculiar pareja de policías tocados con bombín, un barbudo pirata con una malsana afición a ingerir cuantiosas cantidades de alcohol y una oronda cantante de ópera de afilada nariz y voz prodigiosa.

Los productores del film decidieron que fuera Spielberg quien dirigiera esta primera película sobre el personaje, dejando una probable segunda entrega en manos de Jackson. La técnica elegida para dar vida al cómic fue la de la animación por captura de movimiento, ya utilizada anteriormente en títulos como Polar Express o Beowulf. Las aventuras de Tintin logra mejorar los títulos anteriores hasta límites insospechados logrando un gran realismo en cuanto a paisajes, objetos y cuerpos, pero sigue sin convencerme lo más mínimo en cuanto a rostros y expresiones faciales. La cosa resulta especialmente sangrante en cuanto al personaje principal: Tintin, interpretado por Jamie Bell (Billy Elliot), a quien parece que alguien haya apuñalado en la cara, de forma compulsivamente reiterativa, con una aguja llena de bótox y no logre reflejar ningún tipo de sentimiento. Incluso al capitán Haddock se le nota la falta de movilidad facial, y eso que está interpretado por todo un experto en el género como es Andy Serkins (El origen del planeta de los simios). O la mayoría de los sensores faciales se estropearon a medio rodaje y decidieron seguir filmando igualmente, o mucho deberá mejorar la técnica en ese sentido para resultar una alternativa plenamente válida a los actores de carne y hueso.

Por el contrario, lo que si que permite la técnica de la captura de movimiento es una libertad total en el director para realizar los movimientos de cámara que le vengan absolutamente en gana, sin tener que obedecer a las leyes de la física (la película podría haber empezado con la cámara saliendo del mismísimo culo de Milú sí así lo hubieran deseado). Y eso mismo, en manos de alguien como Steven Spilberg, termina resultando ser una auténtica gozada para el espectador. De hecho, estamos ante la primera película de animación dirigida por Spilberg y el resultado, en ese sentido, no podría ser más satisfactorio ante el despliegue de virtuosismo en la dirección con planos y secuencias imposibles, en la que se incluye esa fantástica persecución hacia el final del film.

Ya lo he dicho al principio de la reseña: nunca he sido un gran fan de Tintín. Después de ver la película, lamento decir, que seguiré sin serlo. Realmente me hubiera gustado que después de ver la cinta me hubieran entrado ganas de volver a coger esos álbumes, que de pequeño no me acabaron de enganchar, con energías renovadas y una nueva perspectiva de los personajes. Pero no ha sido así. Las aventuras de Tintín resulta una película visualmente envidiable (salvo el problema de los registros faciales que les comentaba), con un gran sentido del espectáculo y un sinfín de situaciones trepidantes. Pero, ¿quizás demasiadas? Hay momentos en los que uno tiene la sensación de que la trama no es más que un encadenamiento de secuencias llenas de adrenalina con algún que otro descubrimiento de nuevas pistas entre medio para dar sentido a la historia. El resultado es el de que la película queda excesivamente atropellada por la acción en lugar de lograr que la trama fluya por sí misma con un ritmo más pausado. Ya puestos, les confieso que hacia la mitad la cosa me empezó a aburrir un pelín, ante la saturación de secuencias límite (de hecho, sospecho que Tintín es capaz de poner su vida en peligro incluso quedando con un grupo de bibliotecarias jubiladas para tomar un brunch).