Crítica de Midnight in paris

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Medianoche nostálgica"

 


Martina Rodriguez Jimenez por Martina Rodriguez


cartel de Midnight in paris

Director: Woody Allen
Estreno: 2011-05-13
Genero: Comedia

Viendo Midnight in Paris, que digo ya que es la película de Woody Allen que más me ha gustado en años, recordé una entrevista que el director neoyorkino había concedido a una publicación con motivo del estreno de You’ll meet a tall dark stranger (aquí Conocerás al hombre de tus sueños). En ella, Allen, un nihilista confeso, opinaba que “la gente se engaña a sí misma en el arte. Incluso los artistas se engañan a ellos mismos creyendo que su vida sí tiene sentido porque su arte permanecerá, pero lo cierto es que ellos morirán y el hecho de que su trabajo les sobreviva no significa nada, ya que sólo permanecerá durante un tiempo.”

El eterno reproche a Woody Allen es que “siempre hace el mismo tipo de película”; historias pequeñitas, como la de Midnight in Paris, que nacen de ideas-obsesión y se convierten en pequeñas reflexiones fílmicas.  Pero es que resulta que esa es precisamente su línea como contador de historias. Esos son los temas, repetidos o no, que le interesan. Personalmente, no entiendo el reproche. Su filosofía está más que clara. Guste o no, parezca repetitivo o no a sus detractores, no se puede pretender que alguien que cuenta historias lo haga con una voz que no es la suya. De hecho, por mucho que lo intente, tampoco tendrá demasiado éxito: al final, para bien o para mal, la cabra tira al monte.

“Hay directores a los que les interesan los temas actuales de política o asuntos sociales, como Oliver Stone o Spike Lee, y hacen películas maravillosas. A mí nunca me interesó plasmar eso en el cine. Como ciudadano voto y hago campaña, pero cuando escribo me interesan cosas que caen en un área más filosófica, siempre por accidente. Siento que existen problemas filosóficos, no políticos. Aunque se cambiaran los regímenes políticos de algunos países y todos fueran democracias, o todos vivieran bajo el islam o el comunismo, no todos entenderían qué hacemos en el mundo, por qué estamos aquí o por qué tenemos que morir. Y las relaciones entre hombre y mujeres también serían difíciles, porque los problemas reales son siempre filosóficos. Los otros, los políticos, se pueden cambiar.”

Midnigh in Paris es un ejemplo perfecto de esa filosofía. Una historia, como decía, pequeña. Una reflexión sobre la nostalgia en la que también están presentes esas difíciles relaciones entre hombres y mujeres. Todo enmarcado en un escenario que se convierte en un elemento más de la narración: la fotografía es excepcional.

Sin embargo, para mí, lo mejor de la película es que es extremadamente satisfactoria. Incluye elementos fantásticos y no se avergüenza–lo hace de manera honesta y respetando la inteligencia del espectador. El hecho de que no hayan giros finales en los que “¡oh, sorpresa! ¡Todo era un sueño!”, ni se busquen otras excusas del estilo, resulta extrañamente refrescante.

Otro elemento altamente satisfactorio es el hecho de poder anticipar la entrada de determinados personajes ‘históricos’. El filme establece con el espectador un juego de expectativas que siempre se ve recompensado. Es sencillamente divertido seguir las andanzas de Gil (un Owen Wilson que camina la fina línea entre lo soberbio y pseudo-intelectual del personaje y la sobreactuación del actor) por el París de los felices años veinte.

Si tuviera que resumir la película con una sola palabra, escogería “indulgente”. Indulgente en cuanto a temas, personajes, historia, localización, música y fotografía. Una digna merecedora de estar entre las mejores películas del 2011.