Crítica de Funny games

"

Película tremendamente provocativa, violenta y radical, que te tiene enganchado a la pantalla en todo momento."

 


Lucas Liz por Lucas Liz


cartel de Funny games

Director: Michael Haneke
Estreno: 1997-05-14
Genero: Suspense

Sinopsis.

La familia formada por Anna (personaje de Susanne Lothar), Georg (Ulrich Mühe) y su hijo Georgie (a quien da vida Stefan Clapczynski) se desplaza a su casa del lago para pasar allí un periodo vacacional y disfrutar de la tranquilidad y la soledad que ese paraje les proporciona.

Sus vecinos y amigos, con los que suelen jugar al golf,  han llegado con anterioridad y han venido acompañados, en esta ocasión, de dos jóvenes  (personajes interpretados por Arno Frisch y Frank Giering), curiosamente vestidos y cuyos finos y educados modales esconden una violenta forma de pensar y divertirse.

Crítica.

Funny Games = Violent Games.

Michael Haneke da forma a una película tremendamente provocativa, violenta y radical, que te tiene enganchado a la pantalla en todo momento. Es verdad, como decimos, que es violenta, pero al igual que en aquella Naranja Mecánica de Kubrick, la fuerza de las imágenes y cierta dosis de incredulidad ante lo visto, sirven de elemento de atracción, para algunos incluso de fascinación. Ambas obras son comparables en cuanto a temática y a violencia, pero con diferencias notables en cuanto a formas. En esta ocasión la simplicidad con la que se exponen los juegos desgarrados y despiadados de ambos jóvenes es fríamente macabra. Desde la normalidad y la aparente educación y buenas maneras, dos jóvenes son capaces de colarse en tu casa y sembrar el más profundo de los pánicos y terrores, sin pestañear y sin remordimiento alguno. Pudiéndote quitar todo, hasta lo más íntimo y propio: tu dignidad, tu intimidad, tu mismísimo ser. Una violencia enfermiza planteada como un juego, como el juego demente, pero tratado desde una aparente amabilidad y simplicidad. Si lo pensamos por un momento, ¡cuan fácil es hacer el mal!, ¿no creen?

Después de verla, ¿quién no temerá pasar unas vacaciones en la soledad de una casa de campo? ¿quién le abrirá la puerta a un extraño?¿quién confiará en las apariencias y en las buenas formas?... Nosotros no lo tenemos tan claro; siembra la semilla (y la hace brotar) de la intranquilidad, la impaciencia, la desconfianza.

Esos elementos atractivos, e incluso admirados por la crítica, hacen que la película nos haya aportado cosas y cosas buenas, pero también destacamos algunos aspectos que no nos acaban de satisfacer. Tiene un halo de frescura, tratado siempre desde la lucidez de Haneke, pero nosotros, desde nuestra ignorancia, habríamos omitido ciertos elementos de violencia tan explícita. Si bien es verdad, que debe tenerlos, hay "cosillas" que se debían haber "aligerado". Puede parecer un poco contradictorio lo que decimos y quizá no lo sepamos expresar, pero la idea es que violenta ha de ser, pero en ocasiones no tan explícita. Eso sí, para los que no la hayan visto, no se crean que hay excesivos palos o sangre o escenas "repulsivas". No, no es eso, ya que como hemos dicho, lo que la hace más dura y fría es su simplicidad, pero algún elemento (y no desvelo más) debería haberse suavizado. Sería  un pequeño arreglo dentro de una gran virtud.

Es también una clase maestra sobre el control, sobre quien lo posee y sobre cómo uno mismo, resguardado en la idea de que vive y mantiene el poder sobre su vida, éste te puede ser arrebatado en cualquier momento. En el momento en el que menos lo sospeches. En el film, es el personaje de Arno Frisch quien tiene ese control, de hecho su personaje es el control, el poder. Su aparente lucidez y templanza le da el mando e incluso la capacidad de interactuar con el espectador a modo de exposición de los hechos, de hacernos cómplices de lo que está pasando. Como si fuese él quien nos estuviese mostrando lo que ocurre y cómo lo puede manejar a su antojo. Como si fuese una ponencia sobre la facilidad para causar daño, la facilidad con la que se siembra el mal. No obstante y sin necesidad de spoiler alguno, ese control, esa capacidad de dirigir la exposición por donde él quiere, le concede también la capacidad de modificación de los hechos, cosa que no nos ha gustado; en un momento del film, se le dota de la capacidad de cambio, ¿?, eso no nos ha gustado nada. Incluso, en otro momento, se le confiere o se le dota del don de la suerte, de la casualidad... o, ¿es también control?

Muy destacable también el cuarteto protagonista. Creíble, preciso, con las miradas y los gestos justos y precisos para transmitir sin necesidad de sobreactuar. Frialdad de ojos y labios que congela y te toca, te llega.

Es un tipo de cine que provoca, ya sea acercándote o alejándote, pero lo que está claro es que despierta algo en los espectadores, transmite y eso, señores, eso tiene que ser el cine. Algo que transmita, entretenga y divierta. Júzguenla ustedes mismos: o te aproximas a ella o la detestas. Nosotros, de mente científica, nos situamos en la solución de compromiso entre ambos extremos.

Nota general: 5,0 sobre 10.