Crítica de American beauty

"

La mejor película de Mendes sin duda."

 


Josep Suau Cabayol por Josep Suau


cartel de American beauty

Director: Sam Mendes
Estreno: 1999-04-18
Genero: Drama


American Beauty: El derrumbe del sueño americano

 

(SPOILERS, si no la habéis visto no leáis, pero, por favor, vedla)

 

Esta película ganadora de 5 Oscars de 1999 supuso el debut en el guión para la gran pantalla de Alan Ball y del realizador Sam Mendes, director de la flamante nueva película de James Bond, que está arrasando en taquilla, dando como resultado una película que difícilmente puede mejorarse, pues en ella todo es de sobresaliente.

 

Como toda gran película, puede ser analizada por partes, actuación, banda sonora, guión, montaje, dirección y fotografia. De hecho, para ver si una película es lo suficientemente redonda como para tildarla de obra maestra, al menos en mi caso, un análisis de este tipo es necesario en mi opinión, por ello, estructuraré este análisis del largometraje por dichos componentes.

 

        - DIRECCIÓN:

 

La ópera prima de Sam Mendes es todavía su mejor película,  su deleitosa puesta en escena y su detallismo (ya comentado en la crítica de Skyfall), es más que evidente ya en el minuto 3 de metraje, elevando, si cabe, la categoría del excelente libreto escrito por Ball del que ya hablaré posteriormente.

 

Como bien reza el título del análisis, la película critica, o destroza más bien, la propuesta de vida que el sueño americano predica como la fuente de felicidad y realización, es decir, esa que tanto predican otras producciones en la que tener una casa en un barrio de clase media/alta supone ser feliz.

 

Tal vez su obsesión por los decorados se deba a su pasado como director de  teatro, pero venga de dónde venga, es bienvenida, pues el primer gran plano del filme (hay muchos de ellos), se nos regala bien pronto. En él se ve claramente a un Lester Burnham (protagonista de la película), encerrado bajo ese sueño americano en una casa que combina los colores de la bandera estadounidense. Justo después, vemos como a Lester se le abre el maletín antes de entrar al coche para ir al trabajo, cayéndoseles así unos papeles/carpetas con los mismos colores. De este modo, Mendes lanza un mensaje doble, el primero, que Lester vive esclavizado por el ‘’American way of life’’, y el segundo, que la película se centrará en destapar las mentiras del sueño americano. A lo largo de estos primeros minutos, las referencias estarán continuamente presentes.

 

 

 

A medida que avanza la película, los colores, por separado, van adquiriendo nuevos significados, siendo el rojo, quizás, el más llamativo de todos, que simboliza el anhelo del espíritu, o dicho de otro modo, lo que necesitarían los personajes para sentirse vivos y realizados.

 

Si hay algo que me fascina también en esta película, aparte de los ya mencionados decorados, son lo bien diferenciados puntos de vista presentes en la película, que son, sobretodo tres, el de Kevin Spacey, el de Annete Benning, y el de Wes Bentley, siendo así importantes los decorados cuando ellos aparecen en pantalla, sobretodo, por separado. Aunque hay referencias evidentes para posicionarnos respecto a los caracteres de los otros personajes ‘’no tan protagónicos’’, como por ejemplo el interpretado por  Chris Cooper (que encarna al padre de Wes Bentley) que suele llevar una camisa a cuadros, concordante con su carácter ordenado y calculador, y como al perder los papeles deja de llevar este tipo de ropa.

 

 

 

En dichos puntos de vista, el color rojo, simboliza la ya nombrada búsqueda existencial del espíritu,  siendo evidente y compartida la frustración sexual de los personajes de Lester  y Carolyn (Spacey y Bening), quienes ven en el sexo ‘’prohibido’’ una fuga de esa esclavitud que supone su estilo de vida, siendo archiconocidas las secuencias soñadoras de Lester. Sin embargo, esto no está  tan claro en el personaje del joven Ricky Fitts (Bentley), del que no vemos su ‘’razón de ser’’ hasta  bien entrada la segunda mitad del filme en la bellísima secuencia de la bolsa, que vuela delante de un arrollador y embriagador fondo rojo mientras se nos narra acerca de la belleza en el mundo. 

 

 

Para no extenderme mucho más en este aspecto de la película, del que ya he dejado claro mi absoluta admiración, escribiré sobre la secuencia sobre la que supuestamente el largometraje nos va preparando a lo largo de toda su duración. El encuentro sexual entre la joven Angela Hayes (Mena Suvari, a quién conocemos de American Pie y que realiza aquí un gran papel) y Lester Burnham. En esta secuencia, vemos como a ambos los separa un ramo de flores situado en el extremo del plano de cada personaje, mostrándonos magistralmente que dicho encuentro no ha estado tan cerca nunca, un solo plano de distancia, la tensión está por las nubes (todo ello acompañado por la canción Don’t Let It Bring You Down, interpretada por la gran Annie Lennox, la misma que cantaba Into the West en El Retorno del Rey). A continuación, Kevin Spacey avanza con lentitud, cruzando el ramo de flores y, destrozando la idealización que tenía de Angela, a quien veía hasta ahora como una deidad intocable e inalcanzable. Esta desmitificación, supondrá para Lester un revés importante, ya que le hará comprender que no había para tanto, cosa que se comprende a raíz de la situación, totalmente controlada, por Lester, que acabará incluso arropando a Angela como si fuera un bebé, convirtiéndose en el absoluto amo de la situación, cosa impensable minutos antes, y, por consiguiente, el color rojo dejará de ser importante, dejando de aparecer.

 

 

 

 

 

 

 

 

            -GUIÓN:

 

La idea de desmitificar el sueño americano bajo la excusa de un hombre que quiere tener sexo con una menor amiga de su hija como punto de partida es simplemente excepcional. Pues, a menudo que avanza el metraje, veremos que es sólo eso, una burda excusa que por otra parte manda un mensaje importante, la fragilidad de su modo de vida y la alta probabilidad de caída en lo prohibido y peligroso cuando no se está satisfecho, cuando se vive una mentira.

 

 

 

La idea del rojo como búsqueda existencial del espíritu se nos presenta prontísimo, cuando Lester nos narra como su mujer está cortando una rosa (por supuesto, roja), y nos cuenta que sus zapatos van a juego con sus tijeras. Esto, lejos de ser un mero hecho sin importancia, es una declaración de intenciones, en la que se nos explica que dicha esclavitud por la búsqueda de la perfección a ojos de los demás puede acabar con nosotros mismos, destrozando nuestra razón de ser.

 

La idea de tener la película narrada por un personaje desde el más allá, eleva su categoría puesto que, es la mejor manera posible en la que alguien pueda explicar lo que realmente importa o ha importado en su vida, lo que ha quedado  y lo que quedará, cosa que se nos explica de un modo genial con un momento tan sencillo como la visualización de una fotografía en blanco y negro de Lester con su familia sonriendo, recordando  su felicidad mencionada prontísimo, fotografía que vuelve a aparecer al final del filme, en un maravilloso plano subjetivo que nos muestra la primacía de dicha fotografía familiar por encima de todo lo demás, simbolizado por el ramo de flores, explicándonos de un modo bellísimo lo que queda al final de nuestro camino aquí.

 

 

 

                        MONTAJE Y FOTOGRAFÍA.

 

Uno estos dos apartados, no por su escasa importancia en la película, sino por los momentos soñadores de Lester con Angela son las secuencias en las que más se nota su importante labor (sobretodo el montaje). Por ejemplo, en la escena de la bañera, que acabará con un momentazo impresionante y rompedor, la repetición de imágenes (presente en otros momentos de este calibre) y la luz cegadora, en conjunción, son lo que le da ese aspecto tremendamente onírico, aunque, los pétalos, completen dicha tarea.

 

La mano de Conrad L. Hall (director de foto) se nota en otros momentos, siendo mi favorito, ahora sí, el ya mencionado perteneciente al discurso de la bolsa y la belleza en el mundo, en el que vemos como una luz potentísima y blanquecina ilumina de tal manera el cuello del joven Ricky Fitts de tal manera que parece emanar la luz, mientras su cara sigue sumida en una oscuridad terrible. Esto, le da un plus de épica al momento y dota de emotividad y sentido a la frase ‘’me ayuda a recordarlo, necesito recordarlo’’ (mención aparte para el plano de Jane, que parece nacer con una mirada tierna que ablanda hasta el más duro, mirando a Ricky, enamorándose de él).

 

 

También notablemente se puede ver su obra en la escena de la liberación sexual del padre, aunque se diga que no es eso lo que pasa, y que él quiere únicamente entender a su hijo, a mi la escena tal como está me invita a pensar que si estamos ante dicha liberación sexual, pues el padre de Ricky, a menudo que se acerca, se impregna de la famosa luz roja que tiene Lester en el gimnasio improvisado, simbolizando la ya mencionada búsqueda existencial, y alcanzando su cénit al agarrar la espalda de Lester, en un plano tremendamente pasional.

 

 

                              BANDA SONORA:

 

No ganó el Oscar a mejor banda sonora esta maravilla compuesta por Thomas Newman (Wall·E, joya del cine por la que deberé romper una lanza tarde o temprano), que ayuda a colocarnos en cada momento y juega un papel tan importante como el de un personaje más.

 

De hecho, nada más empezar la película empieza a sonar el estribillo de sobra conocido que ya nos pone en situación y nos prepara para adentrarnos en esta maravillosa obra, característica al alcance de bien pocos, de los grandes.

 

A la excelente composición, hay que añadirle la gran elección de la canción ya mencionada Don’t Let It Bring You Down.

 

                REPARTO:

 

Merecido Oscar a Kevin Spacey, quien ya había maravillado al mundo con su interpretación en Sospechosos habituales, de largo lo mejor de Bryan Singer (X-Men 1 y 2), que encarna a la perfección al ciudadano medio frustrado y ‘’perdedor’’, como él mismo se define, y su posterior evolución.

 

Inexplicablemente, Annete Benning, no tuvo la misma suerte que Spacey y no fue galardonada, pero su papel es tan o más convincente que el de éste, ya no por el resultado final sino por su dificultad, pues hay muchos cambios de humor repentinos constantemente en su personaje.

 

El resto del elenco está también tremendamente acertado, si bien no llega a este punto de perfección de ambos protagonistas. De entre el reparto destacaría la interpretación de Wes Bentley, convincente en todo momento, Chris Cooper, encarnando al padre obseso del control y frustado sexual, y sobretodo, a Mena Suvari como la sensual Angela  Hayes.


                 CONCLUSIÓN:

 

Una obra maestra, una suma de cosas casi perfectas que dieron una de las obras más rentables de la historia de Hollywood. Enorme en todos los sentidos. De diez.

 

 

               SECUENCIA FAVORITA:


El momento en el que, tras morir Lester, el joven Ricky, acompañado por su ya novia Jane, se planta delante suyo. El plano es un mero movimiento del personaje de arriba hacia abajo con un decorado fijo y sin movimiento de cámara, sin embargo, vemos como se inunda en ese rojo que es la sangre derramada de Lester, sonriendo incluso, adorando la belleza que tiene ante sus ojos. Es una decisión tremendamente arriesgada por parte del realizador, puesto que este momento, que debería ser dramático puesto que su hija a perdido a su padre, no lo es, ya que ésta desaparece del plano y no tiene importancia en absoluto. La apuesta se consolida con el plano del ya muerto Lester, que parece sonreír. Mendes convierte un momento desgarrador en un momento alegre y bello. Impresionante.

 

 

 


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Critica de "American beauty" publicada el 2012-11-13
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