Crítica de El señor de la guerra

"

Obra arriesgada, reflexiva, virtuosa, necesaria y realmente fabulosa"

 


Iván Sainz Pardo por Iván Sainz


cartel de El señor de la guerra

Director: Andrew Niccol
Estreno: 2006-06-30
Genero: Drama

Con pase de prensa a estrenar, entré a ver, en horario matinal, esta cinta sin saber demasiado sobre ella. Las películas, o llegan al espectador o definitivamente se quedan por el camino. "El señor de la guerra", en mi caso, ha conseguido hacer mella. Me ha sobrecogido, entretenido y he disfrutado generosamente desde el primer momento.

Comienza con una secuencia absolutamente genial, que resume, durante los créditos iniciales, la intención global de su metraje. Una asombrosa subjetiva de una bala, desde su fabricación hasta que consigue arrebatarle la vida a un ser humano. Su director, Andrew Niccol es el responsable de la inspiradísima "Gattaca", quien escribió además "El Show de Truman" y "La terminal". En este caso se
enfrenta aquí a un guión muy complicado por su temática arriesgada y controvertida. No fueron pocos los productores americanos que salieron corriendo ante semejante proyecto, y gran parte de la financiación, ha llegado desde productoras extranjeras.

Hay varios puntos que hacían, del pretendido éxito de este proyecto, una misión casi imposible: Una trama que flirtea con el documental, a pesar de ser mera ficción y que, a la vez, consigue apabullar en el apartado visual. La mezcla de ambos formatos nunca es tarea fácil y el resultado, cuando funciona, es algo que, a mí, personalmente, me maravilla. De temática parecida, pero como mero documental, nos llegó hace más de un año la estremecedora e imprescindible "La pesadilla de Darwin".

Otro punto muy difícil es lograr salir airoso de una trama orientada por una voz en off. Supongo que las criticas negativas podrán llegar precisamente en este punto. A mi parecer, en este caso funciona, al menos no desentona y no chirría, que ya es bastante. Otro apartado es el de tratar de lograr la empatía necesaria con un protagonista que es un verdadero hijo de puta despreciable y sin escrúpulos
que no duda un segundo en pisotear, comprar y vender hasta su propia familia para conseguir encumbrarse en un oficio, tan moralmente respetable, como es el del tráfico ilegal de armas y la financiación de guerras y masacres en medio mundo.

Este personaje es Yuri Orlov (Nicolas Cage), un personaje inspirado en cinco personajes supuestamente reales que aquí son uno solo. Un ucraniano victima del sueño americano, que ya una vez en el New York de los ochenta, consigue transformarse en un multimillonario poderoso y respetado gracias a su talento en el mercadeo negro internacional de armas. Un personaje atroz y destructivo capaz de mover montañas con solo pestañear y al que reconocemos enseguida, porque representa a esos hombres blancos de los que ya nos advirtió antes Michael Moore en sus libros y en sus documentales. Y precisamente lo que nos aterra es realmente sentir esa extraña empatía hacia el personaje, y poder llegar a entender sus motivaciones y sus argumentos:

"Las tabacaleras también mercadean con la muerte y no son perseguidas" "Y si mi negocio no es en la actualidad lo suficientemente ilegal como para detenerme, es porque quien hacen las leyes en el mundo son mis mejores clientes o mis jefes" "¿Qué más da?, si yo desaparezco, vendrá inmediatamente otro en mi lugar"

Y así, Yuri, cuando, aterrorizada, su mujer, una modelo internacional que el mismo se preocupó de comprar como si de tan solo el diamante de una joyería de lujo se tratara, le pide que por favor abandone de una vez por todas el negocio, este le responde:

"No puedo, porque esto realmente se me da muy bien".

Y también nos reconocemos inmediatamente en la mujer de Yuri, (Bridget Mohynahan) prostituida por los lujos, por el dinero, por lo material, pero a la vez, sola y desconsolada en lo personal, como cualquier personaje real en nuestra sociedad consumista, materialista y capitalista. Y luego esta el
hermano de Yuri, (Jared Leto) encarnando el papel del otro lado de la moneda de esta sociedad moderna, de ese "American Dream", como una victima más, como muñeco roto y adicto a las drogas, testigo y partícipe del negocio sangriento de Yuri, tan millonario, tan corrompido como él y tan vació por dentro. Y ese elitista mundo de poder y de lujo exacerbado entra en contraposición con el retrato de un tercer mundo desamparado, putrefacto y hambriento, victima de las guerras, de las enfermedades y de la miseria.

Victimas de sus propios dictadores, clientes de excepción de ese mercado negro y del expolio globalizador de las multinacionales occidentales. Ethan Hawk interpreta en esta ocasión a un policía de la Interpol que, incansable, trata de perseguir y detener a Yuri. Una especie de pepito grillo que simboliza nuestra conciencia moral, una especie de bicho raro, impotente en su tenaz lucha por una causa perdida.

Habrá quienes quizás vean aquí una película lenta o aburrida. Para mí, se trata de una obra arriesgada, reflexiva, virtuosa, necesaria y realmente fabulosa. La música esta cuidada, el guión funciona, aún a pesar de no llegar a la talla de "Scarface" o de "Goodfellas", y la factura visual es mucho mejor que notable, repleta de simbologías y de humor negro. En definitiva, una de las mejores películas que he podido ver en los últimos años. Un agradable descubrimiento con un único pero, no haberla hecho yo.