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Crítica de La sombra de una duda

"

¿Qué pudo hacer que Hitchcock se sintiera tan satisfecho por una obra como esta?"

 


Jose Contreras por Jose Contreras


cartel de La sombra de una duda

Director: Alfred Hitchcock
Estreno: 1942-01-01
Genero: Suspense

Cuando Hitchcock rodó "Sospecha", empezó a conocer el que iba a ser uno de sus calvarios en Hollywood, los productores, y no él, iban a tomar las decisiones clave de sus historias. Le escribirían los finales. Había contratado a Cary Grant para hacer de marido mercenario de una solterona, y Hitchcock no pudo rodar el final que él sabía que convenía a esa historia, Cary Grant culpable, porque Cary Grant era una estrella. “La sombra de una duda” es en muchos sentidos “Sospecha” pero escrita desde otro ángulo. La misma historia pero como si Cary Grant tuviera una sobrina que lo idolatra y que poco a poco va descubriendo su pasado oscuro. En “La sombra de una duda”, Hitchcock no contrató a una gran estrella, sino a Joseph Cotten, por eso pudo dejarle el papel de malo.

El tío Charlie (Cotten) huye de la policía, y decide refugiarse en Santa Rosa, un pueblecito californiano donde vive su hermana. Su sobrina Charlie le idolatra, pero poco a poco va descubriendo que su pasado esconde algo turbio. La policía le investiga y un agente se enamora de ella. El detective le cuenta que el tío Charlie podría ser un asesino al que llaman “el asesino de las viudas alegres”. Eso explica que no quiera oír el vals cuando lo cantaba la sobrina, y también que arrancara una página del periódico. También explica las iniciales de un anillo que regaló a la sobrina.

La policía deja de buscarle, porque encuentra un falso culpable, pero la sobrina quiere que su tío abandone la familia, y el tío quiere deshacerse de la sobrina.

“La sombra de una duda” es, según Hitchcock una de sus películas más lógicas. Una película para «Nuestros amigos los psicólogos, nuestros amigos los lógicos» sin embargo no lo es lo suficiente. El asesino de la película es un asesino de pandereta, un personaje sin profundidad. ¿Qué sentido tiene asesinar a un ser querido, a una muchacha ingenua que no supone peligro, y que además acabaría dando un millón de pistas a la policía? Ninguno, salvo el de tener al público en vilo. Para disfrutar de Hichcock hay que fijarse en sus detalles y sus tramas, tal vez en su estilo, pero hay que cerrar los ojos a sus seres humanos.

¿Qué pudo hacer que Hitchcock se sintiera tan satisfecho por una obra como esta? El juego favorito del maestro, el “quién sabe qué cosa” no está exprimido al máximo: La sobrina Charlie, sabe que el tío Charlie es un asesino, la familia no sabe nada, el público sospecha desde la primera imagen, la policía ha dejado de investigar el caso...

Yo creo que para Hitchcock pudo ser estimulante la cantidad de cosas que dice sin llegar a hablar de ellas. El anillo, el vals y una visita apresurada a la biblioteca de Santa Rosa ponen a la sobrina ante una certeza absoluta. Pero la sobrina no habla de ella, ni siquiera con su tío, sólo le dice: «márchate». Dos accidentes sucesivos nos hacen pensar que el tío quiere matar a la sobrina, pero no le vemos obrar. Alguien podría dar una explicación plausible de que el tío es inocente. El juego de Hitchcock consiste en la cantidad de cosas que está contándonos, sin mostrar ninguna delante de nuestros ojos. Ni los diálogos, ni las imágenes nos muestran lo que estamos viendo: que la sobrina está en peligro y que el tío es un asesino sin escrúpulos.

François Truffaut: Sé que Shadow of a Doubt (La sombra de una duda) es de todos sus films el que usted prefiere. Creo, sin embargo, que si por desgracia desaparecieran todas sus restantes películas, Shadow of a Doubt daría una idea inexacta del «Hitchcock touch». En cambio, Notorious (Encadenados) dejaría una imagen más fiel de su estilo.

Afred Hitchcock: No debería decir que Shadow of a Doubt es mi película favorita. Si me he manifestado a veces en este sentido es porque me doy cuenta de que esta película es satisfactoria para nuestros amigos los verosímiles, nuestros amigos los lógicos...

François Truffaut: ... y nuestros amigos los psicólogos...

Afred Hitchcock: ... sí, y nuestros amigos los psicólogos. Es, pues, una debilidad por mi parte, porque si por un lado pretendo no preocuparme por la plausibilidad, por otro lado me inquieto por ella. ¡Sólo soy humano a fin de cuentas! Pero, seguramente, la segunda razón es el recuerdo tan agradable que guardo del trabajo con Thornton Wilder. En Inglaterra, siempre había conseguido la colaboración de las mejores estrellas y de los mejores escritores. En América no había sucedido lo mismo y había recibido negativas por parte de algunas estrellas y de algunos escritores que despreciaban el tipo de trabajo que me interesa. Por ello me resultó de repente muy agradable y satisfactorio descubrir que uno de los mejores escritores americanos estaba dispuesto a trabajar conmigo y a tomarse el trabajo en serio.

[...]

Con Thornton Wilder habíamos trabajado de una manera muy realista, en especial para todo lo que conierne a la ciudad y el decorado. Habíamos elegido una casa y Wilder temía que fuese demasiado grande para un pequeño empleado de banca. Después de una investigación descubrimos que el tipo que habitaba esa casa se encontraba en la misma situación económica que nuestro personaje y entonces Wilder quedó satisfecho. Cuando volvimos a la ciudad, antes del rodaje, el tipo, tan contento de que su casa saliera en la película, la había pintado. Nos vimos obligados a pintarlo todo otra vez «de sucio» y, naturalmente, al acabar la película se lo volvimos a pintar todo de nuevo.

[...]

François Truffaut: Shadow of a Doubt es, con Psycho, una de sus raras películas en la que el personaje principal es el malo y el público simpatiza mucho con él, probablemente porque no se le ve nunca asesinando a las viudas...

Afred Hitchcock: Probablemente, y además es un asesino idealista. Forma parte de esos asesinos que sienten en ellos una misión de destrucción. Puede que las viudas mereciesen lo que les ocurría, pero no era asunto suyo hacerlo. En la película se plantea un juicio moral, ¿verdad?, ya que Cotten es destruido al final, aunque sea accidentalmente, por su sobrina. Esto equivale a decir que no todos los malos son negros ni todos los héroes son blancos. Hay grises en todas partes. El tío Charlie quería mucho a su sobrina, pero no tanto como le quería ella a él. Sin embargo, ella ha tenido que destruirlo, pues no olvidemos que Oscar Wilde dijo: «Matamos a lo que amamos.»

François Truffaut: A propósito de Shadow of a Doubt hay una cuestión de detalle que me preocupa; en la primera escena de la estación, cuando llega el tren del que va a descender el tío Charlie, hay una enorme humareda negra que sale de la chimenea de la locomotora y, cuando el tren se acerca, oscurece todo el andén. Tengo la impresión de que era una cosa deliberada porque, al final de la película, en la segunda escena de la estación, cuando el tren se va, sólo hay un poco de humo blanco.

Afred Hitchcock: Efectivamente, para la primera escena había pedido mucho humo negro; es una de estas ideas por las que uno se molesta mucho sin que luego se adviertan, pero aquí tuvimos suerte: la posición del sol produjo una bonita sombra sobre toda la estación.

François Truffaut: ¿Esta humareda negra puede traducirse por «aquí está el diablo que entra en la ciudad»?

Afred Hitchcock: Sí, naturalmente. En el mismo orden de ideas, en The Birds, cuando Jessica Tandy se va en su camioneta después de haber descubierto el cadáver del granjero, ha recibido un auténtico choque y, para preservar esta emoción, hice salir humo del tubo de escape del coche y también polvo de la carretera esto contrasta con la apacible escena de su llegada: la carretera ligeramente húmeda y sin humo en el tubo de escape.

Critica de "La sombra de una duda" publicada el 2006-06-27
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