Crítica de Harry Potter y el prisionero de Azkaban

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No sobra ni falta nada en el transcurso de la narración. Incluso en las escenas sobre enseñanzas mágicas, guionista y director lograron impedir que fueran piezas sueltas de relleno - un defecto común a las dos entregas precedentes - y aquí funcionan "

 


José A. Peig por José A.


cartel de Harry Potter y el prisionero de Azkaban

Director: Alfonso Cuarón
Estreno: 2004-06-18
Genero: Acción

Alfonso Cuarón es un cineasta que utiliza una estética llamativa, le gusta jugar con las imágenes y crear planos-secuencias de gran fuerza visual, o encuadres variopintos que van desde lo lírico-colorista a un ocre oscuro y macabro, enfatizando a veces la situación dramática con sutil expresión. Hay una idea bastante generalizada que lo define como “autor” o director “independiente”. Pero esto es un error. Es verdad que en cine lo que cuenta es la visión singular de un creador que crea su mundo a través del ojo de la cámara. Sin embargo, una obra estética completa requiere de algo más que encuadres sugerentes e imaginativos. O sea, conjugar de forma equilibrada el continente (imágenes, encuadre, montaje, planos, recursos cromáticos, dirección artística, etc) con el contenido (temas, desarrollo de personajes e historia, conexión emocional, etc). Con todo esto venimos a decir que Cuarón es un cineasta experto y creativo en la puesta en escena, pero endeble cuando de lo que se trata es de darle un trazo regular y firme a su mirada dramática, al contenido de la historia. En este mismo cuaderno explicamos que Hijos de los hombres es un arrollador espectáculo visual, pero demasiado débil e irregular en la construcción de un conjunto humano y de un contenido verdaderamente singular.

El prisionero de Azkaban es otro ejemplo de lo mismo. Cuarón aprovecha al máximo las posibilidades que ofrece el universo “harrypotteriano”: juega con las imágenes con notable sensibilidad lírica, Hogwarts es un espacio ideal para desplegar la imaginación visual y se nota que el cineasta está en su salsa, crea imágenes en función de la circunstancias sin desaprovechar ni un solo elemento; una flor marchita al paso de los siniestros Dementores, caen las hojas de un árbol encantado, referente de la profundidad de campo que culmina con el castillo de Hogwarts, nos introduce en las paradojas del tiempo mediante un plano secuencia que recorre las entrañas de un gran reloj mecánico. Más que un narrador contundente, Cuarón se dedica a pintar cuadros aprovechando la orografía del mundo de Hogwarts.

Con un particular estilo visual no se forja una obra maestra. La raíz del problema tal vez no esté tanto en el perfil del cineasta como en la labor de J.K Rowling. Teniendo en cuenta que ya estamos en la tercera entrega, recorrer 140 minutos para descubrir que Harry Potter tuvo un padrino al que se le creía culpable pero luego resulta que es inocente (vaya hombre), y que el verdadero culpable es la rata de Ron, es bastante insustancial. El argumento y la historia son demasiado endebles como para concluir que estamos ante una gran película fantástica, a pesar de la fuerza que desprenden muchas de sus imágenes y del loable intento de Cuarón por conseguir una progresión respecto a las dos películas anteriores. Se pretende que en el tercer acto la saga de Potter adquiera un tono más oscuro, con la testosterona haciendo de las suyas en la incipiente edad adolescente de sus protagonistas. Vemos a Hermione pegando puñetazos o a Harry soltar algún que otro grito típico del acné, se enfrenta a su tío y a los profesores, pero con esos gestos no se puede hablar de un mayor desarrollo o complejidad de los personajes puesto que constituyen el leitmotiv sobre el que fundamentar una distinción respecto a las anteriores, pero no podemos hablar de desarrollo alguno.

Lo único que podría haber salvado el escollo de una historia tan endeble y reiterativa respecto a lo aportado en sus dos precedentes (cambiar de un tono infantil a un tono más adolescente no implica progresión alguna si la historia y el contexto no incentivan el propio desarrollo de los personajes. Fíjese el lector en que la película insiste en el tema de siempre: la búsqueda, por parte de Harry, del pasado y de su verdadera familia), sería que Cuarón lograse hacer que su expresividad visual estuviese en una adecuada concordancia con el contenido dramático de la historia. Pero, a dicho efecto, la mirada de Cuarón es demasiado fría e impersonal. No nos confundamos: Cuarón nos ofrece una mirada genuina y personal del ambiente y el paisaje propios del universo “harrypotteriano” (de sus elementos físicos y mitopoéticos) , mediante su puesta en escena. Pero es vulgar y repetitivo en el plano dramático: Harry, Hermione, Ron, y el restante bagaje humano de la historia, siguen los mismos patrones básicos que en sus precedentes, son figurines anecdóticos y añadidos al estilo visual, sin concordancia alguna entre éste y aquél. Y así no hay forma de equilibrar el producto.

De ahí que “la cámara secreta” sea una película mucho más completa y equilibrada en sus diferentes estratos. Columbus no es -ni pretende serlo - un cineasta independiente. Su estilo sobrio, siguiendo el clasicismo de Spielberg, conjugaba bastante bien la expresión y el diseño visual con una historia de misterio y terror gótico muy ajustada a sus características.

Cuarón, en cambio, juega a crear poesías y florituras visuales, pero no posee el genio que poseen los verdaderos autores del séptimo arte: la capacidad de hacer que los poemas visuales sean inherentes -concordantes, correlativos, paralelos - a los profundos latidos del contenido dramático o de los significados de la historia. ¿Y qué criterio utiliza el crítico de cine para diferenciar una cosa de la otra?. ¿Cómo podría demostrar que los recursos visuales de Cuarón no están debidamente conjugados con el contenido dramático?. Aquí ya hablamos de la hermenéutica del arte. Es algo intuitivo, no existen reglas fijas, no puede ser explicado en diez líneas. En todo caso, cualquier espectador atento y dotado de la necesaria capacidad intuitiva podrá comprobar por sí mismo que “el prisionero de Azkaban” es, en el fondo y a pesar de las apariencias, una película fallida en relación a sus pretensiones.

El magnífico uso de la estructura es su mejor baza, en todo caso. Esta es una película en la que no sobra ni falta nada en el transcurso de la narración. Incluso en las escenas sobre enseñanzas mágicas (el aula y lo profesores), guionista y director lograron impedir que fueran piezas sueltas de relleno - un defecto común a las dos entregas precedentes - y aquí funcionan integradas en los motivos principales: el misterio de Sirius Black, los dementores y los miedos de Harry Potter.

Critica de "Harry Potter y el prisionero de Azkaban" publicada el 2007-07-14
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