Crítica de Caótica Ana

 
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Medem no pretende ir a otro puerto que al que finalmente llega, lo cual ya es un logro, y su película, en definitiva, es más un ejercicio de estilo de contenidos y un ensayo que una obra convencional."



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José A. Peig por José A.
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cartel de Caótica Ana
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Director: Julio Medem
Estreno: 2007-08-24
Genero: Drama



En homenaje a su hermana, Julio Medem nos cuenta esta historia sobre una joven artista bohemia que sufre un proceso experiencial, en el plano narrativo, si bien es verdad que hay que reconocer la intención alegórica que es la verdadera razón de ser del producto. La significación final está más cerca de la construcción caprichosa de un arquetipo de feminidad, relacionada con el mito del alma femenina que resurge desde las cenizas producidas por la violencia humana. No faltan tampoco los elementos totémicos, en esta caso las aves, en un relato de un marcado cariz indigenista.

El arte, las ínfulas filosóficas, el sexo, la indefinición intelectual y vital de las generaciones postmodernas, así como la sensación de carecer de un punto de referencia desde el que identificar el propósito de una vida, o el sinsentido de la propia, los variados elementos configuran las tonalidades de una película que avanza entre el propósito de ser una radiografía de un alma femenina, y en su manifestación más abstracta, el progresivo nacimiento de la Ana totémica y heroica. Lo que es curioso, en todo caso, son los ingredientes elegidos por Medem para caracterizar a su chica, los cuales son lo menos interesante de la película ya que forman parte de la ideología del autor (o de la hermana homenajeada) y revela ciertos tics manieristas que empobrecen bastante el discurso, como luego veremos.

Por encima de todo, es evidente que Medem construye una adecuada estructura para representar una progresión, desde la muchacha que vive en una cueva con su padre, pasando por su emancipación en los ambientes bohemios de Madrid, el conocimiento del amor frustrado, el viaje en barco hasta Nueva York, y su maduración final derivada de todo un proceso de existencia caótica. La transformación de Ana viene dada por una confluencia de factores que rallan hacia creencias populares del pensamiento “new age”, tales como la reencarnación, la hipnosis y el retorno de la diosa madre. La búsqueda de la pureza femenina contrasta con un pasaje de representación performance en la que el protagonista suelta una perorata sobre la mujer como elemento que pervierte la creación y la ascensión a dios.

Mediante la hipnosis Ana revela las vivencias de distintas mujeres en distintas épocas, todas ellas pertenecientes al ámbito indígena, así como el nexo entre ella y su amante saharaui. Todos estos elementos son propios de la contracultura jipi y demás movimientos contestatarios, y a los que Medem subordina el discurso con un resultado bastante irregular, eficaz en algunos pasajes a causa de la coherencia y desarrollo de los motivos expuestos, pero en ocasiones deriva en un inevitable simplismo.

Véase el culmen de la narración, cuando la diosa-heroína- rebelde se encara con un magnate norteamericano, muy odioso él porque apoya la conflagración en Irak (¿?¡!), un señor de la guerra barnizado con un discurso “buenista“ que causa sonrojo por un simplismo típico de lo políticamente correcto: “incluso los malos tenéis algo de bueno en vuestro interior“. A continuación vemos a la propia protagonista depositar sus heces sobre el rostro del señor de la guerra, una especie de venganza y ridiculización del rival recurriendo al delirio en el pasaje más violento y resolutivo. En fin, las desgracias del mundo no se arreglan de esta manera, pero según Medem, esa era la forma más bonita de homenajear a su hermana. Usted verá...

Las imágenes finales, en las que vemos a Ana caminando por las calles de Nueva York tras su hazaña de integración y expresión máxima de su poder totémico como fémina que aglutina el dolor de otras mujeres en otros tiempos y lugares, con esa sonrisa de maliciosa satisfacción, expresa con sobriedad la idea de una inocencia perdida tiempo atrás en el mar de Ibiza y en la cueva del padre abandonado, para convertirse en diosa rebelde y cínica. Es un producto de la sociedad, o lo que la sociedad merece de ella.

En conjunto, es una propuesta interesante y muy personal, con una puesta en escena muy cuidada y una visualización que enfatiza las sensaciones sensuales y oníricas, en perfecta coherencia con un discurso que apela a cosas como el sueño, el delirio, la parapsicología, elementos que a veces parecen algo metidos con calzador pero funcionalmente válidos si atendemos al resultado final, por su coherencia. Medem no pretende ir a otro puerto que al que finalmente llega, lo cual ya es un logro, y su película, en definitiva, es más un ejercicio de estilo de contenidos y un ensayo que una obra convencional. Puede gustar más o menos (quien esto escribe reconoce que la película le ha resultado aburrida a ratos), pero independientemente de los gustos, la corrección y la claridad de ideas es evidente en su resolución solapada con el inicio.

Critica de "Caótica Ana" publicada el 2007-08-24
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