Crítica de El quinto elemento

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Son muchos los guiños cinéfilos en una recapitulación que se asemeja a una parodia del género que al mismo tiempo parece querer aplicar una renovación sobre el mismo."

 


José A. Peig por José A.


cartel de El quinto elemento

Director: Luc Besson
Estreno: 1997-08-31
Genero: Ciencia Ficción

Atendimos la petición de alguno de nuestros lectores para que habláramos sobre El quinto elemento con cierta abulia, pues por las referencias que teníamos hasta entonces la película de Luc Besson era un producto “engañoso” y bastante manido en su planteamiento. En otros ámbitos, se hace hincapié en su riqueza temática, pero son los menos, y ahora, tras el visionado, concluimos que ha sido una de las peticiones más provechosas, y nos toca hacerle justicia a una de las películas incomprendidas por antonomasia en los últimos tiempos.

Partiendo de la suposición de que estamos ante una película a caballo entre la ciencia-ficción y la acción pura y dura, la supuesta riqueza temática tal vez estaría mejor definida si hablamos de muchas lecturas que convergen en una estructura de tonos articulada a la perfección. (La riqueza temática se refiere a los conceptos aislados, la estructura de tonos incide más en el carácter poliédrico de su textura global). Un método (entre otros posibles) de dilucidar si estamos ante una película buena, mediocre o mala a efectos artísticos, es comprobar la diversidad de lecturas producidas en la mente de cada espectador, siempre y cuando las distintas interpretaciones tengan en su base un contenido fílmico verificable a ojos de todos los espectadores. A mayor diversidad , mayor calidad, a no ser que exista algún tipo de incoherencia en esa estructura interna, y dicha incoherencia no depende de si los temas son compatibles o incompatibles, sino de si son válidos de cara al propósito perseguido.

Se habla de El quinto elemento como objeto de entretenimiento, película de tiros, persecuciones, mamporros y chismes al servicio de Bruce Willis, actor que aquí esta en su salsa más que nunca. Se habla de la mirada jocosa que envuelve al relato de principio a fin y se habla también de un mensaje trascendente sobre el actual estado de la civilización. Todas estas lecturas son tan ciertas como que la fluidez visual y argumental del material fílmico esta dispuesto y organizado en función de las mencionadas características temáticas, y lo importante es que Besson logra una efectividad a todos los niveles propuestos. El resultado más obvio es una feliz combinación de ciencia-ficción, mitología y humor que camina con desenfreno desde los primeros momentos en los que vemos a un grupo de arqueólogos en un templo y la nave espacial que desciende, con el posterior desfile de alienígenas. A menudo se le critica ese tono plúmbeo y jocoso que predomina en el pulso narrativo, pero ya desde las primeras escenas la obra revela su intención de ser una mirada delirante y sardónica a un género y a sus lugares comunes. No es un defecto de la película, sino un atributo expuesto con tal eficacia que se convierte en el auténtico espíritu de la obra, su rasgo diferencial de otros productos similares y el que le otorga la singularidad.

Desde una perspectiva global, la película es una representación de un universo con identidad y singularidad propia que aglutina con ironía elementos de universos cinéfilos como la trilogía original de star wars, Blade Runner, Star Trek u otros productos cuyo enclave esta más cerca del cómic o la denominada “serie z”, por ello se advierten en muchos pasajes los tics del cine casposo que sirven de trampolín para introducir -con coherencia y sentido de conjunto- personajes que rallan en el esperpento, como, por ejemplo, el interpretado por Gary Oldman o la histriónica e irritante participación del travesti de color. Son muchos los guiños cinéfilos en una recapitulación que se asemeja a una parodia del género que al mismo tiempo parece querer aplicar una renovación sobre el mismo.

Así pues, como película de acción- humor, un objeto lúdico no carente de ingenio cuyo sarcasmo constituye el principal atractivo ya que configura un guión salpicado de diálogos punzantes, a veces, inclusive, de amarga ironía. En el apartado visual, destacan los diseños de Moebius y un futurismo exótico y exuberante de colores y formas, un escenario en perfecta concordancia con las tonalidades de la historia: mito, ironía, humor ácido y parodia malsana. Por tanto, la integración del escenario con la historia es otra de sus virtudes, de cómo los recursos plásticos y el contenido dramático forman un todo para un cruce de géneros irreverente y dinámico.

Al mérito de narrar con fluidez y gran ritmo una historia muy sencilla (atención también al uso del montaje, soberbio) sobre una salvadora del mundo y un salvador anónimo que se descubren, luchan y terminan enamorándose, cabe sumar el acierto de utilizar el tono jocoso para ofrecer una mirada crítica sobre la sociedad humana, la trivialidad a la que nos enfrentamos y el caos que nos gobierna cuando la maquinaria del universo juega en nuestra contra. Lo que se dice una ridiculización del sistema humano y sus mitos no desprovista de cierta amargura, como vemos en las escena de la mujer protagonista contemplando fotografías de guerra y muerte, y la expresión de dolor en su rostro, llegamos al final y descubrimos que la sonrisa y el despiporre sardónico esconden una lágrima en el futuro...

Critica de "El quinto elemento" publicada el 2007-08-31
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