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Crítica de Un tranvía llamado deseo

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La soberbia fotografía en blanco y negro es el perfecto soporte para visualizar un mundo cuyas luces y sombras parecen reflejar el estado de ánimo de Blanche, personaje que engloba la tristeza y la esperanza, representadas en la oscuridad de los rinc"

 


José A. Peig por José A.


cartel de Un tranvía llamado deseo

Director: Elia Kazan
Estreno: 1951-09-23
Genero: Drama

La película de Elia Kazan, fiel transcripción de la obra de Tennesse Williams, tiene un alma femenina que se convierte en verdadero eje temático en un relato que va más allá de su apariencia de melodrama sobre la vida en pareja, lo cual tan solo es un tema colateral a la furiosa y multifacética expresión femenina que encierra en sus grandes momentos, focalizados desde las primeras imágenes en las que vemos a Blanche DuBois (Vivian Leigh) aparecer entre los humos siniestros que la rodean en el andén de la estación de Nueva Orleans, hasta la conclusión del material fílmico, acompañada de un médico psiquiatra que le ofrece la seguridad de la comprensión y el gesto cordial ante un alma que busca sensibilidad frente a la rudeza y el caos imperantes en el suburbio. Su pasado es tan neblinoso y turbio como los humos de los que surge para entrar en el relato, equivalente a su marcha hacia la locura mediante el engaño.

Hipersensible, jovial y manipuladora, Blanche constituye el elemento que dinamiza las tonalidades, pues es un personaje cuyos gestos y palabras oscilan desde la cordura más sensata hasta la ensoñación infantil que la lleva a tejer una red de engaños y autoengaños de la que al final, ella, y solo ella, será la víctima. A lo largo de todo el relato, subyace la pulsión que remite a la lucha entre la feminidad y la masculinidad. Si Blanche representa la idea de feminidad llevada hasta su extremo vulnerable y desequilibrado, el personaje conocido como Stanley Kowalski ( icónico e inconmensurable Marlon Brando) aporta un contrapunto de ruda e insensible masculinidad.

El duelo de tensión-contención entre ambos constituye el verdadero eje dramático de un filme ante todo descriptivo de una situación en progreso, hasta que, en el último tramo, el estado de tensión-contención transmuta en otro de acción, en un enfrentamiento verbal y físico con claras connotaciones sexuales que hasta ese momento permanecían implícitas en el subtexto. Dicho enfrentamiento culmina con la violenta expresividad de un espejo roto, figuración de un alma femenina rota y abocada a su autodestrucción en manos del verdugo testosterónico.

La soberbia fotografía en blanco y negro es el perfecto soporte para visualizar un mundo cuyas luces y sombras parecen reflejar el estado de ánimo de Blanche, personaje que engloba la tristeza y la esperanza, representadas en la oscuridad de los rincones del hogar que utiliza para ocultar su verdad o los esporádicos momentos de lucidez (a menudo exaltada) que encuentran su referente visual en una pequeña luz amarilla en la noche o la iluminación de su rostro en primer plano, un impresionismo que sintetiza y produce ritmos de la imagen en concordancia con los contrastes entre verdad y mentira, pasado y presente, realidad y fingimiento, masculino y femenino.

Critica de "Un tranvía llamado deseo" publicada el 2007-09-23
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