Crítica de Perversidad

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Apliquémonos la máxima de que, en cine, hay películas que parecen buenas y en realidad son malas, y viceversa. O películas que son un exponente de buen cine, pero sin llegar a serlo tanto como sugiere la apariencia."

 


José A. Peig por José A.


cartel de Perversidad

Director: Fritz Lang
Estreno: 1945-10-08
Genero: Drama

En consonancia con el título dado en la traducción española, este clásico de Fritz Lang (1945) ofrece una brillante exposición de la naturaleza perversa de la mentira, perversión que abarca distintos órdenes de la vida social, tal y como ilustra el filme: el amor conyugal (amor falso, fingido por vulnerabilidad, necesidad o egoísmo), el amor idílico, la amistad y las labores profesionales. Por un lado, Christopher Cross, infeliz pusilánime que aspira a ganarse el amor de una belleza sensual a base de mentiras. Por otro, la inteligencia cruel de Kitty y Johnny, mienten por intereses materiales. Finalmente, todos estos personajes serán víctimas de una misma red de manipulaciones creada por ellos mismos.

La bonhomía de Chris ( Edward G. Robinson) es el punto de partida utilizado por Lang para narrar un descenso al infierno personal de un hombre que es víctima de su propia estupidez. En cualquier caso, la mejor baza del filme es su coherencia y solidez argumental, puesto que consigue expresar el desarrollo desde la más absoluta benevolencia hasta el crimen final sin que deje de ser creíble...hasta cierto punto. Además, la espléndida fotografía en blanco y negro trasmite la asfixia y la sordidez de una atmósfera opresiva, concordante con la asfixia psicológica del personaje central.

Cada vez nos quedan menos dudas de que “clásico” no es sinónimo de “obra maestra“. El “clásico” implica una tradición contra la cual nada podemos hacer y, ciertamente, esta película tiene virtudes más que suficientes para que su condición de modelo esté justificada (un clásico, al fin y al cabo, es un modelo a partir del cual trabajar de cara a una óptima creación fílmica) . Decir que es una obra maestra, o que alcanza el requerido estado de perfección, ya es un error.

El personaje central de la historia no deja de ser un cliché de bonhomía y exagerada facilidad para dejarse llevar por los actos fingidos o la manipulación alevosa. Y aunque puede argumentarse que dicha bonhomía se corresponde con un perfil real (o sea, que dentro de sus rasgos fundamentales contiene matices que le otorgan carácter multidimensional, de auténtica humanidad) en una película en la que el autor pretende explicarnos el declive emocional y moral de un ser humano, sigue un camino demasiado trillado al poner excesivo énfasis en el estereotipo de “buena persona víctima de la crueldad de sus semejantes”.

En el otro bando, Joan Bennet y su cónyuge, igualmente siguen un patrón de maldad tópica y previsible. De hecho, precisamente por causa del exceso de clichés, la trama y conclusión de esta película son muy previsibles porque se nota que Lang utiliza los antagonismos para llevarnos a la resolución efectista; quien perpetra el crimen no son los “malos”, sino el representante de una caricatura de bonhomía (subrayamos lo de “caricatura”) . Esto, curiosamente, podría ser entendido como una virtud, pero lo que hace es poner en evidencia el efectismo perseguido, el carácter simplista y tópico de un discurso que no está a la altura de la profundidad a la que aspira, o se le supone a la obra. Apliquémonos la máxima de que, en cine, hay películas que parecen buenas y en realidad son malas, y viceversa. O películas que son un exponente de buen cine, pero sin llegar a serlo tanto como sugiere la apariencia.

Critica de "Perversidad" publicada el 2007-10-08
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