Crítica de El proyecto de la bruja de Blair

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El gran mérito de la película es su capacidad de hacer que el espectador sea partícipe de esa paranoia, siempre y cuando dicho espectador sea capaz de entrar en la dinámica psicológica de la narración. "

 


José A. Peig por José A.


cartel de El proyecto de la bruja de Blair

Director: Eduardo Sánchez
Estreno: 1999-12-02
Genero: Terror

Como suele ser costumbre en este sitio, retomemos el pasado aprovechando el presente y el encendido debate auspiciado por la película que bajo el título de REC esta causando verdadera sensación en nuestros cines. Blair witch project es su referente más próximo, ya que juega con el mismo truco para inducir la sensación de terror: mostrar el relato a través de una cámara que se inspira en los patrones de una filmación real. Esto plantea muchas cuestiones interesantes respecto al cine entendido como arte (que ya saben ustedes que es -casi- lo único que motiva las valoraciones de este blog. Las sensaciones... que las disfrute el espectador, que para eso paga y vive). No quiero - tal vez tampoco puedo - profundizar demasiado en ello, pero cabe señalar que si el cineasta pretende imitar la realidad con un relato estructurado, puede caer en una incoherencia que hace que el producto no supere la prueba del efectismo para dar paso a una efectividad real. Y si una filmación casera puede equipararse al cuidado y la intención estética de una obra cinematográfica...apaguen y reinventemos el cine. Mayores problemas puede generar exponer y desarrollar una temática del terror (basada en lo sobrenatural o lo extraordinario) sometiéndola a las leyes de la “realidad”, puesto que limitan las posibilidades potenciales del relato. O sea, la película no sería el terror, ni el contenido de la narración, sino el truco utilizado.

Eduardo Sánchez y Daniel Myrick hicieron una película en la que el realismo va más allá de un determinado uso de la cámara (y dejemos aparte la impresionante campaña publicitaria, que supuso una estafa para miles de espectadores), con lo cual consiguieron crear miedo sin necesidad de recurrir a elementos excesivamente extraordinarios, y prescindiendo por completo de elementos sobrenaturales. Esto supone una virtud ( crear un terror directamente humano , evitando el uso excesivo de efectismos ) y un defecto ( restringir las posibilidades del relato de terror).

Blair witch project no es un relato sobre brujas y demonios, ni tampoco sobre psicokillers al uso. Ante todo, es la historia de una sugestión alimentada recíprocamente entre los tres jóvenes protagonistas. El terror humano en relación con lo sobrenatural o lo extraordinario, el real y el que todos podemos sentir en un algún momento de nuestras vidas, siempre es fruto de una sugestión inducida por estímulos externos. En este caso, introducen una serie de signos folclóricos (amontonamientos de piedras en círculo, simbología pagana, etc) que alimentan la paranoia de los protagonistas. El gran mérito de la película es su capacidad de hacer que el espectador sea partícipe de esa paranoia, siempre y cuando dicho espectador sea capaz de entrar en la dinámica psicológica de la narración.

En su ejercicio “realista” , los cineastas eligieron el argumento perfecto para abrir el paso hacia la sugestión. Perderse en un bosque (siendo ésta, por otra parte, una idea arquetípica de enorme efectividad), sin un sendero que guíe los pasos seguros, es la mar de fácil, aun disponiendo de un mapa, ya que el paisaje homogéneo y los horizontes se extienden al arbitrio del espacio abierto, sin que el caminante tenga un punto de referencia claro. La historia de terror empieza cuando los tres protagonistas toman conciencia de que se han perdido. El horror no procede de los inquietantes signos que aparecen en el bosque, sino de el hecho de la desorientación. Todo el desarrollo posterior es la representación de un estado psicológico reforzado con signos externos de significado indefinido; montoncitos de piedras que aparecen, con el nuevo día, alrededor de la tienda de campaña (un hecho habitual en las culturas rurales y en zonas de alta montaña. ¿Seguro que no estaban allí cuando acamparon? ¿Atención y percepción selectiva?), sonidos en la noche que entran dentro de lo común, las lonas de la tienda de campaña movidas por una esporádica ráfaga de viento (?) mientras parece que se oyen voces y risas de niños ( el volumen utilizado para esa secuencia sonora es tan bajo que queda en el límite de lo que pudo ser real o una simple alucinación auditiva. Sepa el lector, de paso, que una ventisca en el bosque puede confundirse fácilmente con voces de niños o gritos de mujeres. Es un hecho bastante conocido).

El punto crítico, en este sentido, es la desaparición de uno de los protagonistas, quien en situaciones previas había mostrado indicios de incipiente locura, y la posterior aparición junto a la tienda de unos ojos y sangre en el interior de un haz de leña. Muchos espectadores relacionaron las vísceras con el personaje desaparecido, pero no hay nada en el relato que nos lleve a esa conclusión, más allá de la hipótesis sugerida.

Joshua pudo haberse perdido en las profundidades del bosque, de ahí los gritos que sus dos compañeros oyen durante la noche. En definitiva, aunque la película muestra indicios de que alguna inteligencia esta jugando con los tres muchachos, no hay nada verificable fuera de la atmósfera psicológica que alude a un terror humano, sutil, en la tenue línea que separa lo aparente de lo real. Por eso, la creación de Sánchez y Myrick se ubica en una expresión cinematográfica que trasciende el simple efectismo para narrar una historia sencilla (de cómo tres muchachos se pierden en un bosque, y el terror psicológico originado) desde la que emana un enigma abierto a varias lecturas: ¿hechicería? ¿juego de niños? ¿un cúmulo de casualidades desafortunadas?.

Tan desafortunadas que la conclusión parece insinuar la muerte de los personajes. Vemos a las grabadoras precipitarse en el suelo. Lo que no sabemos es la causa: por agresión, accidente o ansiedad ante lo que están contemplando, ustedes verán. La última imagen es el mejor ejemplo del estilo ambiguo utilizado; un personaje, de espaldas frente a la pared, inmovilizado e insensible a los gritos de la aterrorizada protagonista, la cámara se precipita al suelo...y algunos espectadores dicen ver un brazo peludo instantes antes del cierre.

La realidad no suele ser tan estructurada como en la sucesión de acontecimientos y motivos tan eficazmente desarrollados en este film, de ahí la inconsistencia que hemos señalado al principio, pero que al menos establece una cadena de causas y efectos para una narración solvente en la que los contenidos y la exposición mediante permanente cámara subjetiva son partes complementarias. La película empieza con una exposición - a modo de documental - sobre las leyendas rurales en torno a brujas y espectros. Esto, visto a través del ojo de la cámara que, en este caso, es la mente y los ojos de los tres muchachos, determina y explica la sugestión fraguada desde el posterior sentimiento de desamparo. La chica, Heather, sostiene la principal carga dramática, y es conmovedora - como muchos espectadores atestiguaron, incluso los más reacios - la secuencia en la que reitera la idea de culpa y pide perdón. El sentimiento de culpa es un tema relevante en el relato, y la forma en que los tres pretenden responsabilizar al prójimo sigue un patrón progresivo muy acorde con el trazo real de las relaciones humanas.

En función del estilo, asusta más aquello que no se ve o no se comprende, que los fenómenos representados al detalle y el uso de arquetipos. En un trabajo artístico, es más meritorio el tipo de terror utilizado en Blair witch project que el estridente, banal, explícito y previsible reality show que en estos días vemos en REC. Es difícil exponer de manera coherente una situación de sugestión con posibles indicios de realidad. Coger cámara en mano, meter a un grupo de personas en el interior de un edificio y venga ya todos a pegar gritos a la carrera - escalera arriba, escalera abajo - por huir de los archiconocidos zombis, es tan fácil como poco imaginativo. Recordemos, además, el Demoni 2 de Lamberto Bava. En Blair witch project el artificio es inherente a la temática desarrollada, ya que la única forma de representar los estímulos del miedo (el tipo específico de estímulos) es situar al espectador en la mirada desorientada de los protagonistas. REC solo es artificio innecesario al servicio del efectismo propuesto.

Critica de "El proyecto de la bruja de Blair" publicada el 2007-12-02
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