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Crítica de El acorazado Potemkin

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Nunca se dijo tanto en tan poco tiempo detrás de una cámara. Una catarsis contínua a base de fotogramas."

 


Javier Martínez por Javier Martínez


cartel de El acorazado Potemkin

Director: Serguei Eisenstein
Estreno: 1925-01-02
Genero: Drama

No sé si es cosa de la generación espontánea o de una alineación específica de los planetas, pero el caso es que en un territorio determinado se prende una chispa y comienzan a brotar genios. La gran terna griega (Sócrates-Platón-Aristóteles), el Siglo de Oro español o el Renacimiento son los ejemplos más significativos. Seguramente el último gran boom se produjo en Rusia entre mediados del siglo XIX y principios del XX. La lista es larga y comprende todas las artes: Tolstoi, Dostoievski, Chejov, Stanislavski, Maiakovski, Kandinski, Turgueniev, Gorki, Vertov, Pudovkin, Nijinski, Pasternak, … Curioso comprobar que coincide con la época más turbulenta del país, como bien dijo Orson Welles en “El tercer hombre” y publicó Socioapatía hace poco:

http://socioapatia.wordpress.com/2007/12/13/posters-polacos-de-cine/

De entre ellos aparece Serguei Eisenstein, discípulo de otro genio teatral (Meyerhold)  y que cambiaría para siempre la estructura del cine. A él y a Griffith les debemos las superproducciones épicas y haber convertido al séptimo arte en algo más que entretenimiento.

No tienes por qué ser comunista para disfrutar con esta película. De hecho, hasta el mismísimo Goebbels la admiraba. Eso sí, hay que avisar que fue un encargo de la cúpula del partido bolchevique (con Lenin recién fallecido), que es tremendamente partidista e incluso falsea los hechos reales de las revueltas populares de 1905. Eisenstein fue el “Leni Riefenstahl” rojo, aunque acabara (¿y quién no?) en el punto de mira del camarada Stalin.

Dejando de lado estas menudencias no me queda más que arrodillarme ante lo que este hombre hizo en 1925. Bueno, él y el gran Eduard Tissé en la fotografía. Convertir a una muchedumbre en protagonista de una película es posiblemente una locura, una dulce locura que eleva esta obra a la categoría de inmortal. No creo que haya un sólo crítico que no la incluya en su lista de preferidas. Sólo hay un personaje con nombre propio, Vakulinchuk, encarnación de la valentía y el sufrimiento del pueblo en una persona, muy del gusto soviético a tenor de la cantidad de iconografía de jefes de estado que produjeron (y destruyeron posteriormente).

 

Desde la carne agusanada hasta el hermanamiento con la flota del ejército todo son golpes de efecto, una catarsis continua a base de fotogramas. Las panorámicas y los primeros planos se van sucediendo mientras la música guía las emociones. Y hay de todos los colores: indignación, rabia, esperanza, júbilo, amargura, terror. Todo esto va desfilando delante de los ojos, que se rinden. Ya lo he dicho antes pero no puede quedar en el olvido; no sólo es Eisenstein el mago, lo que hace Eduard Tissé con la fotografía está fuera del alcance de cualquiera. Los imposibles ángulos del acorazado, la penumbra del barco al atardecer, los múltiples enfoques de la persecución por las escaleras de Odessa, el entierro de Vakulinchuk, … Y primeros planos colosales como los de la madre, el crucifijo cayendo a cubierta, el cañón apuntando a la cámara, … Desde luego, si te gustan las cosas relacionadas con la técnica del cine, ésta es tu película.

Y como colofón deja mi escena preferida de todos los tiempos, la masacre de los cosacos a la población de Odessa cuando ésta daba la bienvenida a los amotinados y despedía con honores al héroe caído. La madre, el carro del bebé, el cojo, el paso alineado de los cosacos y mil escenas más transcurren en apenas unos minutos frenéticos, minutos que contienen la esencia de lo que es el CINE, o lo que debería ser. Nunca se dijo tanto en tan poco tiempo detrás de una cámara.

Hubo un tiempo en el que quería ser cineasta, y toda la culpa de ello la tiene “El acorazado Potemkin”. De todos modos, necesitaría un millón de páginas para contar todo lo que me viene a la cabeza cuando pienso en esta película, por lo que pongo punto y final y que cada uno la vea y extraiga sus propias conclusiones. Adjunto la escena de las escaleras de Odessa.


Critica de "El acorazado Potemkin" publicada el 2008-01-02
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