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Crítica de La ventana indiscreta

 
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La ventana indiscreta podría ser un perfecto resumen de toda la obra de Hitchcock."



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Moebius por Moebius
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cartel de La ventana indiscreta
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Director: Alfred Hitchcock
Estreno: 1984-03-01
Genero: Suspense



¿Alguna vez se han sorprendido a sí mismos curioseando por la ventana, contemplando al vecino que riega las plantas, al muchacho que baila, al niño que juega? ¿Se han regodeado ante la visión de un bello y joven especimen humano desvistiéndose? ¿Se han quedado embobados mirando a una pareja darse besitos? Vamos, no lo nieguen, sus ojos son más rápidos que sus restricciones morales. Ustedes, amigos y amigas, son observadores, voluntarios o involutarios, pero mirones al fin y al cabo. Usted es un voyeur, como lo soy yo. Vengan, vengan, no sean tímidos. Dejen salir al pequeño Alfred Hitchcock que llevan dentro y echen un vistazo a través de su ventana...

La ventana indiscreta, basada en un pequeño relato de Cornell Woolrich, se ha convertido con los años en uno de los grandes clásicos del orondo Hitch. Si tuviera que hacer un top ten de sus mejores películas La ventana indiscreta ocuparía uno de los primeros puestos sin duda alguna. El film no es sólo un prodigio de técnica cinematográfica sino que es además todo un canto al sano placer del "voyeurismo", una oda de Hitchcock a las miradas indiscretas y los mirones inofensivos.
J.B. Jeffries es un intrépido y premiado fotógrafo a lo Robert Capa que tras sufrir un accidente convalece en su habitación inmovilizado en una silla de ruedas en el caluroso verano neoyorquino. Su único consuelo son las breves visitas de su mordaz enfermera y de su elegante novia Lisa Fremont. La mayor parte del día Jeffries se solaza mirando por la ventana y contemplando las actividades diarias de sus variopintos vecinos. Todo cambiará cuando cierto día comience a sospechar que en un piso del edificio del frente se ha cometido un asesinato. Aunque limitado por su pierna rota, Jeffries no parará hasta lograr desenmascarar al asesino.

Tras haber rodado un film como La Soga utilizando un único plano contínuo, alrededor de 1954 Alfred Hitchcock buscaba un nuevo reto técnico. El británico encontró lo que buscaba en la vieja historia de Woolrich. Tras entrevistarse con el guionista John Michael Hayes y éste le citara La sombra de una duda como su película favorita del director, Hitchcock (fuera o no por esa razón) le contrató para adaptar la obra corta It Had To Be Murder. El director le invitó al rodaje de Crimen perfecto y le dijo que pasara con Grace Kelly un pasar de semanas para conocerla y entonces escribir el borrador de la historia. Hayes lo hizo así con lo que el retrato final de Lisa tiene rasgos del carácter de la actriz, aunque en realidad Lisa es una fusión entre Kelly y la propia mujer de Hayes, que había trabajado como modelo y conocía ese mundo de diseños y alta costura.
Tras plantearla primero como un reto, la historia fue atrapando a Hitchcock, y junto con Hayes nos brindó uno de los caleidoscopios sobre la vida à là Hitch más intensos que nos dejó su obra. Si tuviera que presentar al Hitchcock más innovador tal vez eligiera Vertigo o Psicosis; si tuviera que mostrar al Hitchcock técnicamente maduro y comercial tal vez me decantaría por Con la muerte en los talones; pero si tuviera que resumir su obra y su vida en un sólo film creo que me decantaría por La ventana indiscreta. Si no todo, ahí está casi todo lo que rodea la obra del director británico por excelencia: los soberbios planos técnicos, el viejo suspense inspirado por crímenes reales y la suave cadencia rítmica de sus historias. También tenemos a la rubia de hielo que esconde un volcán de pasión en su interior, la pasión por observar el mundo desde un sitio seguro y el deseo oculto, uno de los grandes leifmotiv del director. Y en ese extraño patio interior de Greenwich Village tenemos todo un panorama del amor en sus distintas fases y tipos. Primero tenemos a los protagonistas: Lisa, la mujer perfecta entregada al amor, y Jeff, prototipo del hombre que teme comprometerse más en su relación y perder su libertad de acción. Y tenemos a los vecinos: los recién casados que copulan sin cesar, la madura solterona que parece condenada a la soledad, el compositor solitario y bebedor, la joven bailarina por la que todos los hombres suspiran, el matrimonio sin hijos que se han resignado a mimar a un perro, y por último, el viejo matrimonio donde el amor salió por la puerta hace mucho tiempo y sólo han quedado peleas y rencores.

Hitchcock retomó en La ventana indiscreta la idea de rodar en un único espacio cerrado que ya había desarrollado en La soga, aunque esta vez dejó de lado el plano único para centrarse en lo que el director (y muchos otros) consideraba la esencia del cine: la acción y la reacción. El bueno de Hitch habla en el famoso libro de Truffaut sobre ésta teoría con la que experimentó Kulechov, el maestro de Vsevolod Pudovkin, y que tiene puntos en común con el uso del plano contraplano. Prácticamente toda La ventana indiscreta está basada en ese principio: tenemos un plano de James Stewart mirando por la ventana, después un plano de lo que está observando, y a continuación tenemos un tercer plano de Stewart en dónde contemplamos su reacción a lo que está viendo. Tal vez sea éste el principio cinematográfico por excelencia.

Originalmente Hitchcock iba a rodar realmente en Greenwich Village, pero considerando que los resultados no eran satisfactorios decidió levantar unos voluminosos decorados a tamaño real en el estudio 18 de la Paramount, los más grandes que se habían levantado nunca en la productora. Aun así, el director necesitaba más pisos. Dado que la altura del estudio no era suficiente, Hitch decidió desmontar el suelo y construir el patio a la altura del sótano, mientras que el piso del fotógrafo Jeff estaba al nivel del suelo. Un complejo sistema de iluminación (se pidió equipo a otros estudios y se alquilaron todo tipo de lámparas y focos) era capaz de simular el día y la noche, el alba y el atardecer. La demanda de energía era mucha, y el calor de los viejos focos puso a prueba a actores y técnicos. Un día saltaron los rociadores antiicendios y todo quedó inundado, con lo que el plató quedó a oscuras. ¡El viejo Hitchcock dejó a oscuras a todo un estudio!
La acción y la reacción se dejan de lado en pocos pero determinantes momentos. Uno es la escena de la muerte del perrito, donde el punto de vista de Jeff es omitido. En ese mo mento de especial dramatismo podemos ver el decorado en toda su dimensión. Por otro lado, durante gran parte del film el público se convierte en los ojos de Jeff y ve lo que él ve. Hitchcock, al que se llama el maestro del suspense por una buena razón, tan sólo rompe esa tendencia para hacernos partícipes de algo que el fotógrafo no está viendo. Recordad, directores del suspense que estéis ahí fuera: que el público siempre un poco más que vuestros personajes.
Otro de los elementos que acompañaron a Hitchcock durante su carrera y que provienen de su formación en la era del cine mudo es el de mostrar e informar sin usar diálogo alguno. En la escena que abre el film tras los títulos de créditos llegamos a saberlo casi todo sobre Jeff: su nombre, a qué se dedica, si es goza de prestigio en su trabajo y la razón de su convalecencia, todo sin que se haya pronunciado una sola palabra. Hoy en día resulta difícil rodar así.

El reparto de La ventana indiscreta cuenta con los que probablemente hayan sido los protagonistas preferidos de Hitchcock: Grace Kelly y James Stewart. La actriz rodaría un film más antes de dejar el cine y mudarse a Mónaco, algo que enfureció el director. Stewart siguió rodando con Hitch hasta que ambos comprendieron que el actor ya era demasiado mayor para ejercer de protagonista galán y de escenas de acción. Una graciosa Thelma Ritter destaca en su papel de enfermera del fotográfo. Para el villano se eligió a Raymond Burr (¡el famoso Ironside!). Cuentan que Hithcock eligió a Burr porque podía parecerse al productor David O. Selznick, de quién el director no guardaba un grato recuerdo.

Decía Hithcock que si uno situaba una historia en Francia debía aparecer la Torre Eiffel; si uno rodaba en Suiza debían haber montañas y que se usara chocolate. Si se rueda en Holanda los personajes deben pasar por un molino. El lugar o los objetos debían servir como apoyo de lo que se narra. ¿Cómo se defendería del villano un personaje fotógrafo que vive en Greenwich Village y se pasa el día en una silla de ruedas? Los que hayan visto el film saben la respuesta. Los que no, búsquenla en La ventana indiscreta.


Critica de "La ventana indiscreta" publicada el 2008-01-22
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