Crítica de En el valle de Elah

 
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Gran película, honda y rica en registros dramáticos, representada con sobriedad y cadencia, sin artificios vacuos a los que tan a menudo tiende el melodrama “entonado”."



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José A. Peig por José A.
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cartel de En el valle de Elah
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Director: Paul Haggis
Estreno: 2008-01-18
Genero: Drama



In the valley of Elah es una película que nos remite a temas ya citados en este cuaderno en relación a dos películas que diseccionan y ponen el dedo en la llaga de nuestro turbulento presente: la creación de mitos que subyugan y deforman la realidad (Banderas de nuestros padres, Clint Eastwood), y la perturbación en las conciencias provocada por los nuevos soportes de registro audiovisual (La extraña que hay en tí, Neil Jordan).

El film comienza con imágenes de la guerra en Irak - reproducidas en una pantalla de ordenador - que transmiten la inquietante sensación de no poder apresar una realidad esquiva, engañosa. La búsqueda de Hank (Tomme Lee Jones) recorre los dos estratos visuales y argumentales que construyen la radiografía del hijo perdido (las grabaciones y los datos de la investigación policial). Dicha búsqueda implica una demoledora revisión y deconstrucción de los valores y los mitos personificados en Hank: ejército, sacrificio, patria, democracia, simbolizados en la bandera que invierte su posición en ese recorrido desde el inicio hasta un final que es toda una declaración de derrotismo, lo cual se entiende como una profunda crítica a la política exterior del actual gobierno USA, pero trasciende el recurso fácil del panfleto pacifista.

Tras un proceso de desmitificación, la realidad - siempre sometida a la distorsión de las imágenes y de los datos - la que vemos mediante el televisor o cualquiera de los soportes audiovisuales modernos, termina desvelando sus secretos. Resulta especialmente significativo el hecho de que Hank solo consigue tomar conciencia del significado de las grabaciones enviadas por su hijo cuando los datos de la investigación permiten conocer a los verdaderos criminales. Lo que vemos en la televisión o en Internet está sometido a nuestras creencias, a una perspectiva auspiciada por el conjunto de dogmas que le dan un sentido y una justificación a la patria. Y no obstante, no existen los héroes de guerra, porque todos tenemos miedo. Adiós a los mitos, soporte ideológico que, sin duda, viene de la mano de Clint Eastwood, colaborador de Paul Haggis , y sobre todo porque el mensaje es el mismo que vimos en Banderas de nuestros padres.

El dolor ante la verdad tiene una excelente expresión en los ojos de Tomme Lee Jones, actor que consigue manejar cada esbozo dramático de forma templada y en concordancia con la esencia de la obra: degeneración moral en una narración sincopada que conjuga el drama urbano con notas que atañen a una mirada pesimista sobre el ser humano. La fotografía casi monocroma hace que en el escenario quede representada la misma austeridad desoladora expresada en un guión que da voz a los personajes y significado a los silencios. La mayor tragedia radica en aquello que no se dice.

Como vemos, gran película, honda y rica en registros dramáticos, representada con sobriedad y cadencia, sin artificios vacuos a los que tan a menudo tiende el melodrama “entonado”.

Critica de "En el valle de Elah" publicada el 2008-01-24
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