Crítica de Rambo: acorralado

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A pesar del poco esmero visual por parte del realizador, es una película que sabe a dónde quiere ir, buen ritmo y unos diálogos cargados de muy mala uva y que plantean puntos de vista respecto a conceptos como la hipocresía, la supervivencia y la ley"

 


José A. Peig por José A.


cartel de Rambo: acorralado

Director: Ted Kotcheff
Estreno: 1982-01-26
Genero: Acción

La rémora que perjudica a un filme tan genuino como lo es First Blood es la dirección impersonal y telefílmica del director Ted Kotcheff - lo cual no impide que resulte en una narración muy fluida y en la que la información esta muy bien dosificada - y a partir de aquí empezamos a valorar un producto que durante mucho tiempo ha sido muy mal valorado e interpretado por la crítica tradicional, y que nunca llega a ser la obra maestra que debió ser por causa del desequilibrio entre la magnífica escritura (guión) y el pulso mediocre del cineasta (realización). A raíz de esto, señalemos algunos matices: la historia sobre un perturbado que siembra el caos en una pequeño pueblo montañés posee unos atributos más afines al melodrama o al cine independiente con ínfulas de crítica social que al cine de acción puro y duro. Desde este ángulo, digamos que el trabajo de Kotcheff no esta a la altura de los contenidos, aunque la fotografía de Andrew Laszlo contribuye a crear una puesta en escena absorbente y la atmósfera hostil (niebla, tormentas) que caracteriza dos estratos de la escenografía y de la misma temática: naturaleza versus civilización, el salvaje contra los representantes de la ley y el orden.


Ante todo, es preciso averiguar cuáles son las causas o los rasgos que explican a un icono a priori insustancial pero que - le pese a quien le pese - ha resistido el paso del tiempo. Y de una película que 26 años después no ha perdido vigencia en lo que respecta a sus valores intrínsecos y a su repercusión en la cultura popular. Como no podía ser de otra forma, el centro de atracción es el arquetipo representado en John Rambo (Sylvester Stallone), la figura atemporal del salvaje que amenaza el orden establecido, y el cual tiene su óptima expresión en las imágenes que abren el filme: un hombre solitario que avanza por un camino de tierra desde el interior del bosque y en dirección a la cámara, de aspecto desgarbado y mirada ligeramente desvaída. Imprescindible el acompañamiento musical de Jerry Goldsmith, el cual nos previene sobre la naturaleza elegíaca del filme, lágrimas por un alma destrozada en la brutalidad de la guerra.

Ese perfil desaliñado, progresivamente se nos descubre como un demente que esta siendo víctima de las circunstancias pasadas y presentes (atención a los flashbacks utilizados). Y este es el rasgo que mejor define la singularidad y la garra narrativa de First Blood: hacer que el espectador sienta empatía por el salvaje, y aversión hacia las fuerzas del orden. Nos referimos a un arquetipo que tiene sus raíces en la historia universal, desde los amorreos en tiempos de Summer y Akkad, pasando por los bárbaros que socavaron las bases del imperio romano, y los talibanes en nuestro presente inmediato.

Todos responden al arquetipo del salvaje originario de las montañas (o del inhóspito desierto) , aquellos que odian a la civilización, amenazan con invadirla y con destruir el orden. Pues bien, el esquema de First Blood esta construido sobre esa misma mitología. John Rambo, el salvaje, y el sherif ,interpretado por Brian Dennehy, defensor de la civilización, el cual antepone la moral y las costumbres que rigen la vida del pueblo ante el estilo de Rambo, personificando así la intolerancia frente a unos modos de vida (en esta caso, el vagabundo) que están al margen de las convenciones sociales (resulta irrisorio leer a ciertos críticos que ven en esta película un discurso ultraconservador, cuando en realidad Rambo es un icono contracultural de anarquía y rebelión contra el discurso mayoritario. En fin, no nacen estúpidos, pero los hacen.)

El espectador siente atracción por aquello que teme y le es desconocido. Ahí radica la clave que explica el magnetismo de este personaje: el perturbado que se enfrenta a la ley ilustrada utilizando las leyes de la naturaleza. Ese perfil de inteligencia fundamentada en el dominio de la naturaleza salvaje, el ancestral instinto de supervivencia sumado a la habilidad en la estrategia militar en la guerrilla más sucia. Allí la ley es usted, pero aquí yo soy la ley. Rabiosamente antibelicista, la película es la radiografía de un perturbado, de una víctima del sistema que termina rebelándose contra el orden que lo ha creado cuando - tras su huida a través de los subterráneos plagados de ratas y ayudado por la luz de una antorcha - acude al pueblo y destruye el suministro eléctrico de la población con metralla, mientras recrea los sonidos y el miedo de la guerra con el incendio de la pólvora. Siguiendo el juego metafórico, es el salvaje que ha venido a destruir la civilización.


En definitiva, John Rambo es el icono que responde a un arquetipo de salvajismo, hostilidad, alienación, y no desprovisto de una mirada romántica. Sí, ese romanticismo clásico, el de los marginados y la bohemia beatnick del perdedor, y aunque aquí alude a los que fracasaron en vietnam, el espíritu beat de algún modo forma parte del personaje. Y First Blood es una feroz metáfora sobre la sociedad americana que teme al salvaje pero lo crea con el fin de defender a la civilización de esos pueblos salvajes que la amenazan, para finalmente perseguirlo y condenarlo a la locura. Y a pesar del poco esmero visual por parte del realizador, es una película que sabe a dónde quiere ir, buen ritmo y unos diálogos cargados de muy mala uva y que plantean puntos de vista respecto a conceptos como la hipocresía, la supervivencia, la ley del más fuerte en minoría contra la ley de los más débiles a pesar de ser mayoría.

Critica de "Rambo: acorralado" publicada el 2008-01-26
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