Crítica de Alemania año cero

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Una instantánea en movimiento del momento que representa el final de una era y el inicio de otra. El cero hecho historia."

 


Monica Jordán por Monica Jordán


cartel de Alemania año cero

Director: Roberto Rossellini
Estreno: 1948-01-26
Genero: Drama

Adolescencia: edad que sucede a la niñez y que transcurre

desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo.

RAE

Estamos en Alemania en lo que se conoce como el año cero, entendiendo el concepto de cero no como un sinónimo de vacío o nulidad sino de silencio tras las bombas, de paz tras la guerra, de pausa tras el derroche de movimiento. El cero como sinónimo de inflexión para un país que toma tiempo para pensar, detenerse y respirar. Para crearse, en definitiva, una identidad que resurja cual ave fénix de las cenizas. Alemania se tiene que reinventar, tomando del pasado lo que le sirva pero mirando hacia el futuro. Mirando de reojo a lo que fue en otras épocas con la intención de no olvidar que sus actos tuvieron consecuencias, y echando mano del valor para enfrentarse a la evolución natural que se le cierne encima.

Situando ya desde el título el lugar y tiempo de la película, Rossellini deja clara su intención con un doble inicio semi-documental a través de un texto y de una voz en off en forma de declaración de intenciones. Alemania año cero toma de la mano al joven Edmund para seguir con él su paso de la niñez a la adolescencia en una metáfora constante acerca del punto cero en el que se ve sometido el país. Este proceso de maduración que es la adolescencia es el momento en el que Edmund deberá empezar a crear su propia personalidad dejando atrás (o siendo dejado atrás por) todo aquello que formara parte del niño que antes fue, ya fueran juegos de pelota o juegos inocentes con chicas. Ese instante en el que Edmund empieza a dejar de ser un niño (algo que visualmente va acompañado durante la película con un cambio de vestuario y de cierta oscuridad en los planos de la segunda mitad del film) es afianzado no sólo por sus actos (como matar a su padre en una muestra edípica de confusión adolescente o negarles una caricia a sus familiares) sino por el trato que recibe por parte de los demás. Las chicas le ven como un niño al igual que su familia, pero unas y otros le piden que haga cosas de adultos. Ese mundo intermedio en el que Edmund está sometido es a la par el mundo de las dudas en el que vivía Alemania durante el periodo de la confusión, cuando nazis y aliados debían convivir en un estado en el que nadie sabía ya qué era el norte y qué el sur.

Antes éramos nacionalsocialistas, ahora sólo somos nazis”, le dice un personaje al profesor en un momento de la película. Antes y ahora. Asumir lo que se fue para asumir que ya no se es. Reinventarse, en definitiva. Edmund lo hace, o al menos lo intenta. Alemania debe hacerlo, o eso es lo que opina Rossellini. En esa constante nos sumerge Alemania año cero. La vida reapareciendo entre las ruinas, la evolución no espera y ahí están esos trenes, constantes durante toda la película, que parecen recordarle a todo un país que el tiempo pasa y no espera. Una instantánea en movimiento del momento que representa el final de una era y el inicio de otra. El cero hecho historia.


Critica de "Alemania año cero" publicada el 2008-01-26
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