Crítica de Rambo (Acorralado II)

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Un buen filme en cuanto a que conserva los valores y la singularidad del personaje, contundente en los recursos técnicos, pero un tanto irregular y tosco."

 


José A. Peig por José A.


cartel de Rambo (Acorralado II)

Director: George Pan Cosmatos
Estreno: 1985-01-29
Genero: Acción

Puro cine de acción, y además cine bélico sin contemplaciones. Empecemos con una propuesta y una reflexión; estamos sometidos al criterio del blog, aquí no valen los gustos personales, sino evaluar, objetivamente (je, ríanse ustedes, quien esto escribe llevará su idealismo hasta la muerte), si la película analizada posee - o no - unos valores artísticos e intelectuales que, además, será menester situarlos en su correspondiente valía. El cine de acción no gusta mucho por estos lares, y mantenemos que - en general - es el género cinematográfico en el que nos es más difícil encontrarle...valores, trascendencia. Existen milagros cinematográficos como Die Hard, pero el resto parece (parecer, ilusión, quimera) un trasto de artillería, ruidos y personajes estereotipados. Vale, todavía no hemos explorado a fondo este género... Y este blog pretende ser una gran aventura del conocimiento . Adelante.

First Blood era un drama de hostilidades físicas y psicológicas, violencia que eclosionaba en una visión demoledora de la sociedad norteamericana, y fuertemente crítica contra la institución militar. Lo malo no son las patrias (todos tenemos una, como Rambo, bohemio trotamundos muy a su pesar ) sino que en dichas patrias no hay lugar para la sensatez y el sacrificio de un ser humano. Esta segunda parte de la saga vuelve a situar a Rambo en un mundo del que nunca podrá formar parte. El dichoso diálogo que cierra el relato: amar a un país, sí. Morir por él, sí (el buen soldado), pero siempre y cuando formar parte de un país (léase formar parte de una sociedad, esto va para los mendrugos que tienen problemas con el significado y el valor implícito en ciertos vocablos utilizados en según qué contextos), pues digámoslo así, siempre y cuando formar parte de una sociedad implique algo más que intereses económicos, propagandísticos, lameculísticos (disculpen). El valor de la vida humana, la consideración para con el débil, para con el marginado prescindible. ¿Alguien todavía cree que Rambo es un “tipo duro”?. Pues que vea esta película sin prejuicios y se dará cuenta de las falacias que a cuento de este icono se han dicho. Rambo es una explosión totémica de fuerza bruta y salvajismo al servicio de causas nobles. En esta película se dedica a matar y/o amedrentar a militares, ya sean americanos o rusos (mientras que protege a los lugareños). No importan la nacionalidad ni el color, sino los principios morales. Quizá en esto radica la crítica más profunda al establishment occidental: no queremos símbolos, ni tecnología punta ni aparatos de propaganda si no están fundamentados en unos principios morales y espirituales.

Olvídate de la sangre y del valor y déjalo en manos de la tecnología. Para Rambo no hay acción sin una mente instintiva. El mariscal Murdock controla la máquina, los tiempos han cambiado. Rambo vuelve a estar solo en el corazón de la jungla, y tiene que sobrevivir a la guerra, a una guerra de silencio, no hay enemigos declarados en un juego de intereses entre las maquinarias capitalistas y comunistas. Rambo contrapone su mente (y sus valores espirituales) a la fría crueldad de la tecnología (atención a la secuencia en la que Rambo destroza la gran computadora del mariscal, acto simbólico en el que el guerrero reafirma su superioridad y su desprecio respecto a la máquina). Volvemos a toparnos con la lucha entre civilización y romanticismo salvaje.

Y siguiendo con la exploración de los rasgos que explican el magnetismo del icono de cuerpo apolíneo y larga cabellera, si en el análisis de First Blood aludimos al arquetipo del salvaje hostil aduciendo unas raíces históricas, la cinemática y el lenguaje corporal de Rambo nos recuerda al misticismo del Indio norteamericano, esa idea romántica tan afín a los movimientos contraculturales; en este sentido, imprescindible la secuencia del héroe armado con el arco y la flecha corriendo junto a una cascada, y entonces aparece desde el marco derecho de la imagen el militar Tailandés que pronto comienza a disparar contra el huido. Tras ocultarse entre las rocas, asistimos al gesto más fulminante: aprovechando el nerviosismo de su rival - se ha quedado sin metralla - Rambo emerge desde las rocas, se alza con el arco y su flecha, apunta y mira fijamente a su rival, y este quiere - y esto es lo fundamental - pero no puede disparar al objetivo: la serena imperturbabilidad del héroe que paraliza el ánimo del rival y anula todas sus defensas. Lo que importa es la mente. ¿Subjetividad?. No sean merluzos, revisen la escena en cuestión y verán que en el mismo material fílmico queda expresado el magnetismo del héroe. Y no nos confundamos. Rambo es un icono imbuido de un primitivismo algo tosco (que puede resultar ridículo en función de los esquemas mentales de cada cual, o simple y llana indiferencia), pero en ningún modo es insustancial si atendemos a la Imagen (un guerrero imperturbable que domina al rival desde su poder personal) y a las Palabras (la mente es más importante que la máquina).



Y ya en otro orden de cosas, estamos ante una película que a nivel técnico es casi perfecta. Banda sonora, fotografía, montaje y ritmo idóneos, si bien es cierto que el primer tercio adolece de minutos prescindibles. Pero sobre todo destacar la perfecta coreografía de explosiones, estrategias, lo sucinto de un guión en el que la acción y la mirada bastan para definir la tensión, y a la que asistimos en sus últimos 25 minutos aproximadamente. Cine bélico y cine de acción de antología. Al situar al personaje en la circunstancia de soledad absoluta, traicionado por los americanos, maltratado por los rusos, perdiendo a su única amiga, volvemos a hallar al perdedor y al héroe solitario que se rebela contra el mundo: el arco y la flecha, el instinto y la inteligencia, el mentalismo y la tecnología: eclosión del guerrero total y expresión definitiva del icono. Supervivencia.Para sobrevivir a la guerra hay que convertirse en guerra. Esa frasecita - que a algunos provoca hilaridad - no era un capricho del guionista. Los últimos 25 minutos del filme son la perfecta exposición en acto del discurso potencial. Una vez más, es el romanticismo del individuo en minoría que consigue vencer a la mayoría, pero no es un representante de la institución (ni del país), sino un defensor de los valores, el oprimido, el olvidado.

Personajes unidimensionales y toscos. ¿Maniqueísmo?. No, a ver, aquí no hay americanos buenos y rusos malos y tailandeses malos. Aquí todos son malos menos Rambo y las víctimas del sistema. Tratándose de una película de acción y construida sobre el fundamento de un héroe solitario, el supuesto maniqueísmo se reduce a una mínima expresión. Casi ineludible, además. Y si por ello esta película es maniquea, pues cojamos las “obras maestras” de John Ford o Howard Hawks (que en muchas ocasiones narraron historias sobre héroes solitarios y olvidados en un entorno de malos malísimos) y digámoslo alto y claro. Sin duda la tosquedad de los personajes es una rémora - al igual que la descripción y desarrollo de la amistad entre Rambo y su colaboradora resulta bastante endeble - , pero reconozcamos que desde su esquema e intención esencial no había lugar para demasiadas virguerías. No pedir peras al olmo. No es gran cine, el esquema es una repetición de su predecesora (aquí se castiga mucho el que las secuelas repitan temática y esquema, por aquello de la creatividad...), y más allá de la notable expresión del icono atemporal queda una historia bélica muy simple.

De todas formas, esto es cine de acción, Paul Greengrass y Michael Bay podrían aprender algo. La cámara de George Pan Cosmatos es el modelo de precisión, de síntesis en el plano que nos muestra la acción, las explosiones, los rostros de los personajes (la emotividad que surge en la batalla), el tempo adecuado y la transición entre secuencia y secuencia. Y sí, definitivamente, todo lo que se sabía sobre Rambo era mentira.¿Cómo vivirás Rambo?. Día a día. Ese es el espíritu libre del beatnick. Y en líneas generales, un buen filme en cuanto a que conserva los valores y la singularidad del personaje, contundente en los recursos técnicos, pero un tanto irregular y tosco.

Critica de "Rambo (Acorralado II)" publicada el 2008-01-29
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