Crítica de Los amantes del Pont-Neuf

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Una película con un encanto especial que, a pesar de su metraje, un poco extenso para la historia que se cuenta, engancha por su fuerza visual y por su puesta en escena"

 


elprimerhombre por elprimerhombre


cartel de Los amantes del Pont-Neuf

Director: Leos Carax
Estreno: 1991-02-05
Genero: Drama

Elprimerhombre ha visto una película con un encanto especial que, a pesar de su metraje, un poco extenso para la historia que se cuenta, engancha por su fuerza visual y por su puesta en escena. Estoy hablando de Los amantes del Pont-Neuf, de Leos Carax, un director que no conocía y que sólo ha dirigido cinco películas, la última de las cuales fue Polar X, en 1999, con Guilleme Depardieu.

 

Es una película intimista en la que destaca el trabajo de un director inspirado como Leos Carax y el papel de los dos actores principales, Denis Lavant y Juliette Binoche. A Lavant no lo conocía, pero su personaje es bastante creíble y emotivo, y la verdad es que el papel estaba pensado para él. Poco después de que se empezara el rodaje, Lavant tuvo un accidente: se cortó el tendón del pulgar de una mano. A raíz de este suceso, la película se tuvo que aplazar un mes y los aseguradores querían cambiar de actor, pero Carax se negó rotundamente; había escrito el guión pensando en Lavant y quería hacerla con él. Al final así fue. Y es que actor y director ya habían rodado juntos las dos anteriores películas. “La Binoche” (como la llaman en Francia) es una actriz que desde que la vi en Azul me tiene enamorado (aunque ha perdido mucho; los años no pasan en balde). Y parece ser que le gustan los personajes sufridores, difíciles de interpretar, como ocurre en Azul o Herida, con Jeremy Irons (otro que tal), y es que no se le da nada mal hacer este tipo de personajes. En esta película hace un papel sobrio en el que demuestra que sabe reír y llorar de forma brillante. Y no todas las actrices lo consiguen, porque no me dirán que la gran Greta Garbo ríe de forma creíble en Ninotchka.

 

Carax consigue suplir con bellos planos algunos altibajos del guión. Y hay cosas que ocurren que son poco creíbles, como ver al personaje de Binoche en estado ebrio haciendo esquí acuático, aunque esto se puede considerar como una broma, como un momento mágico. La escena en el pont-neuf con fuegos artificiales al fondo me parece de lo mejor de la película.

 

Y ahora que hablo del Pont-Neuf, el puente más viejo de París, voy a relatar lo que ocurrió durante el rodaje de esta película. En 1988, los productores consiguieron la autorización para rodar durante el día sobre el Pont-Neuf, de Julio a Agosto, mientras que, para rodar de noche, se construía un decorado del puente, real pero simplificado, en un pueblecito llamado Lansargues. Leos Carax quería que el coste del decorado no pasara de los 5 millones de francos, pero fue aumentando cada vez más, afectando a la producción de la película. Se paró varias veces el rodaje porque nadie quería poner tanto dinero, sacando de quicio a todo el equipo, haciendo que el arranque de la película fuera cada vez más problemático. De Octubre de 1989 a Junio de 1990, nadie apareció por los decorados. Sólo estaban dos vigilantes para que nadie se llevara nada ni destrozara nada, aunque las tormentas estropearon buena parte de las edificaciones levantadas con andamios. Al final, gracias al productor Christian Fechner, con un coste de más de 70 millones de francos, en Agosto de 1990, doscientos obreros acabaron de terminar, sobre un terreno de 10 hectáreas (10.000 m2), uno de los decorados más grandes del cine francés, como un gran estudio de Hollywood, creando la ilusión de la realidad con ingenio.

 

En definitiva, no es de menospreciar el empeño que hubo para acabar la película. Leos Carax es un director con un gran talento, con detalles muy interesantes a la hora de plantearse un plano. La escena del comienzo con unos indigentes está rodada de manera realista y cruel y un momento emotivo es cuando Lavant tira una piedra al río y a cada bote en el agua él va susurrando el nombre de ella: “Michele, Michele, Michele...”. Lo curioso es que, a mi parecer, esta película tiene algunos puntos en común con Azul, de Kieslowski, sobre todo por el comienzo, con una música vibrante de un violoncelo, con la cámara enfocando desde un coche, con planos de las manos de los que están en el mismo coche acariciando con ternura, o el personaje de Juliette Binoche que escapa de una relación con un músico, y que en una escena en el metro de París, oye una melodía producida por un violoncelo (la misma música que oímos al principio) que le recuerda a su expareja y corre por los pasillos en su búsqueda. Con esto no quiero decir que el señor Kieslowski tuviera esta película como referencia, pero me parece algo para resaltar.

 

Un saludo!       


Critica de "Los amantes del Pont-Neuf" publicada el 2008-02-05
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