Crítica de Cenizas de amor

 
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Cada despedida entre Harry y Marvin da la impresión de que va a ser la última; siempre hay una mirada desesperada, una puerta medio abierta o un hueco de escalera vacío. "



Ethan por Ethan
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Director: King Vidor
Estreno: 1941-02-11
Genero: Drama



¿Quién no ha tenido alguna vez en su vida una crisis existencial? Harry Pulham, con algo más de 40 años, se encuentra en esta situación y King Vidor la describe de forma excelente, dando una vuelta de tornillo -más de una- a la famosa crisis de los cuarenta.

Para Harry Pulham (Robert Young) cada día es una repetición exacta de la jornada anterior. El mérito de Vidor es mostrar las actividades cotidianas de Harry y que el espectador sienta que son rutinarias aunque sea la primera vez que las ve en pantalla. La serie de planos que coloca en el arranque demuestran como dominaba el lenguaje cinematográfico, y es que King Vidor planificaba todo al detalle. Así, en una notable secuencia, Harry, de espaldas a la ama de llaves, extiende su mano como si fuera un autómata para que la sirvienta le coloque los dos cacahuetes de siempre que más tarde él echará a las ardillas del parque, de siempre, camino de su trabajo.

Sólo una invitación a comer de un antiguo compañero de la universidad alterará la rutina y provocará toda la acción posterior. Se trata de celebrar el 25 aniversario del fin de carrera y proponen que Harry sea el encargado de escribir un breve resumen de la vida que ha llevado cada compañero. Como es lógico empieza por la suya. A partir de aquí Vidor nos muestra, gracias al flash back, como la vida del pequeño Harry estaba ya planificada desde el momento de su nacimiento. Ese día, su padre (Charles Coburn) hace ya una reserva para un colegio privado donde ingresará su hijo... ¡Dentro de 12 años! Cuando llega a esa edad el primogénito de los Pulham recibe unos consejos que son para enmarcarlos: "Si alguna vez te ocurre algo desagradable, procura que nadie se entere" le dice un grave Charles Coburn.

Una llamada de su antigua novia, Marvin, interrumpe sus recuerdos y hace que la crisis se desate. Ella le pregunta si es feliz; la misma pregunta que varias personas le formulan a lo largo de la cinta. Él siempre responde por obligación, como si la respuesta fuera obvia, "Claro que sí". Pero el genial director nos transmite la sensación de que Harry se encuentra fuera de su cuerpo, oyéndose a sí mismo, respondiendo afirmativamente, cuando sabe que no es verdad, que siente haber perdido el tiempo con su vida y que siempre ha hecho lo que los demás querían que hiciera. Llegados a este punto, queremos aprovechar la aparición en escena de Marvin para homenajear a la estrella que interpreta el personaje: Hedy Lamarr.

Nacida en Viena, de familia judía y casada con un simpatizante Nazi, comenzó su carrera como actriz bajo las ordenes del legendario Max Reinhardt. Sin embargo, lo que le dio a conocer fue su papel en "Éxtasis", (Ekstase de Gustav Machaty, 1933) una película Checa donde aparecía completamente desnuda. Tras el escándalo, su marido la encerró en casa y le prohibió actuar. También quiso comprar todas las copias disponibles de la cinta, cosa que evidentemente no consiguió –una de ellas la tenía el propio Benito Mussolini-. Después de una huida espectacular (en la que tuvo que drogar a su asistenta y deslizarse por la ventana) Hedy Lamarr llegó a Estados Unidos y fue contratada por la MGM. Si esto no es suficiente para una vida de “película” hay que añadir las veces que se casó y las que fue detenida por su “afición” a robar en las tiendas; pero lo más sorprendente, para mí, es que tiene en su haber varias patentes, algunas de ellas tan importantes como... ¡un dispositivo para evitar que los torpedos guiados sean interferidos por el enemigo!

Esta increíble –y guapísima mujer- realiza una de sus mejores interpretaciones en el largometraje que estamos comentando. Pero no solo ella, King Vidor también da muestras de su buen hacer. Y es que en Cenizas de Amor hay multitud de detalles de buen director y de guionista. Los podemos ver en cada despedida entre Harry y Marvin: siempre da la impresión de que va a ser la última, siempre hay una mirada desesperada o una puerta medio abierta o un hueco de escalera vacío.

Pero la resolución final es lo que marca la diferencia entre una película buena y una obra maestra que perdurará a través de los tiempos. El encuentro entre Harry y Marvin, después de tantos años, y la constatación de que nada volverá a ser igual que antes (hasta su canción suena horrible en el tocadiscos) es memorable. El falso final feliz deja un poso de amargura en un filme que, por lo ambiguo de la conclusión, merece estar en la cima del séptimo arte, donde hace ya tiempo que se encuentra.


Critica de "Cenizas de amor" publicada el 2008-02-11
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