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Crítica de Comidos vivos

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Canibalismo de culto de la mano del inefable Umberto Lenzi, el hombre que toda madre querría para su hija. Es ideal para quien crea que está curado de espantos y le devuelve a uno la fe en la infinita capacidad de la humanidad para crear horrores."

 


Cecil B. Demente por Cecil B.


cartel de Comidos vivos

Director: Umberto Lenzi
Estreno: 1986-05-18
Genero: Terror

“Sheila Morris viaja hasta la jungla de Nueva Guinea en busca de su hermana desaparecida; allí deberá enfrentarse a una peligrosa secta religiosa mientras evita formar parte del menú de las tribus caníbales de los alrededores.”

Sangre, salvajismo, sexo, escenas de extrema violencia y crueldad hacia los animales, escenas de extrema violencia y crueldad hacia las tetas de las mujeres, escenas de extrema violencia y crueldad hacia el pene de los hombres. Agárrense señores, que vienen curvas.

El gore actual nos tiene acostumbrados a la oscuridad y yo por fin he visto la luz, amigos. A sagas como la de Saw o Hostel las envuelve una atmósfera bastante antiséptica, compuesta principalmente por colores apagados y luces mortecinas, que es lo que pasa cuando se tiene en consideración la estética, pero si se va a saco en plan “aquí te pillo aquí te mato”, la cosa es mucho más malrollera y, no nos engañemos, de lo que se trata en estas pelis es de dar mal rollo.

En la selva siempre es hora de comer, así que si eres una hermosa joven y te pilla la tribu salvaje de turno no esperes que te lleven a su poblado para meterte en una olla de agua hirviendo, no, aquí no están para esas pijadas a lo Ferran Adrià (son más como los Joey Tribbiani de la antropofagia), te van a zampar ahí mismo: primero te despelotarán y luego… ¡ñaca!, sin condimentos ni miramientos, mientras aún pataleas, es la ley de Nueva Guinea.

La historia es bastante tonta pero funcional para lo que es el caso, tiene buen ritmo y se agradece el rollo aventurero que adquiere en algunos momentos. Janet Agren hace el papel de chica guapa que las pasa canutas y su compañero de viaje le mete una de sopapos que tela, son en plan Bogart y tal, para que la chica se tranquilice pero, ¡joder como resuenan! Tremendo es el momento en que por fin encuentra a su hermana en medio de la jungla. Ella está con la mirada perdida, en top-less y vestida con solo un trapito para taparse los bajos, y a Sheila solo se le ocurre decir: “Ha cambiado, no la reconozco” y “Tiene un aspecto extraño”; es el descojone amigos.

Esta peli es de esas en las que pasan semanas desde que te la descargas hasta que la ves y que cuando por fin la has visto, tienes que desintoxicarte con un par de comedias teen de la Disney para que tu estómago vuelva a ponerse en su sitio (El gato que vino del espacio y Mi cerebro es electrónico, en mi caso). Canibalismo de culto de la mano del inefable Umberto Lenzi, el hombre que toda madre querría para su hija. Es ideal para quien crea que está curado de espantos y le devuelve a uno la fe en la infinita capacidad de la humanidad para crear horrores.

La frase: “Sargento, quiero hablar con Guinea. No, no es una chica rubia la Guinea, ¡es un pozo de mierda donde hay caníbales!”


Critica de "Comidos vivos" publicada el 2008-02-18
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