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Crítica de La carrera de la muerte del año 2000

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¿Os acordáis de Los autos locos, esa serie de dibujos animados de Hanna-Barbera? Pues esto viene a ser lo mismo, solo que en versión macarra y con personajes de carne y hueso."

 


Cecil B. Demente por Cecil B.


cartel de La carrera de la muerte del año 2000

Director: Paul Bartel
Estreno: 1975-04-27
Genero: Acción

“En los Estados Unidos del futuro se celebra una salvaje carrera automovilística que tiene tan solo dos premisas: llegar el primero y atropellar a cuanta más gente mejor.”

¿Os acordáis de Los autos locos, esa serie de dibujos animados de Hanna-Barbera? Pues esto viene a ser lo mismo, solo que en versión macarra y con personajes de carne y hueso. David Carradine hace el papel de Pierre Nodoyuna y una tía maciza sustituye a Patán. Si a esto le sumas gore, violencia y sexo light, se da por entendido que quien está tras bambalinas moviendo los hilos no es otro que Roger Corman.

Todos los personajes son estereotipados y los actores sobreactúan aposta para parodiarlos. Tenemos a Frankenstein (David Carradine) que es el favorito del público, ha sido ganador en varias ocasiones y ha sufrido accidentes en tantas otras, por eso viste un traje sado a lo Darth Vader que oculta sus cicatrices. Participa en la carrera con un coche al que ha tuneado añadiéndole dientes en el parachoques y al que le gusta llamar “el monstruo” (y la gente dice que Alonso es chulo); también luce una mano mecánica “made in Suiza” que puede cambiar de marcha nada menos que veinte veces por segundo (un peligro pajearse con ella, oigan). Sus méritos para ganar la carrera son atropellar a un diácono que forma parte del jurado y a un grupo de enfermeras.

Si Frankenstein es el protagonista, Joe “Metralleta” Viterbo es el antagonista, un gangster de Chicago interpretado por Sylvester Stallone un año antes de que triunfara en los Oscars con Rocky. Este papel le viene como anillo al dedo; Joe es malo, tonto, cafre y pega a las mujeres. Sus méritos para ganar la carrera son atropellar a su propio equipo después de una parada en boxes.

Luego tenemos también a Matilda Hank, la novia esvástica, y su copiloto Herman, el zorro alemán, que conducen un Obús, Calamity Jane que conduce un coche con cuernos apodado “el toro” y al que algún transeúnte intentará torear como si estuviera en los San Fermines, y por último, a Cleopatra y Nero el Héroe.

Cabe decir que el look sado y misterioso de Frankenstein da mucho morbo en la América nazi y futurista en la que nos encontramos, así que tiene un club de fans llamado “El club séptimo de amantes de Frankenstein” compuesto principalmente por cheerleaders góticas. Es tal su veneración por el personaje que su presidenta, una tal Lori, se dejará atropellar para que suba más su puntuación.

En la carrera puntúan los atropellos y las muertes según la edad y el sexo, las mujeres puntúan más que los hombres pero menos que los niños y los ancianos. Hay una resistencia contraria a la violencia y al salvajismo del evento, un grupo liderado por una ancianita llamada Tomasita Pain, que no dudarán en ser violentos y salvajes para acabar con dicha carrera.

Dicen por ahí que años más tarde alguien copió esta película punto por punto y la transformó en un videojuego súper famoso y tal llamado Carmageddon, pero yo de esto ni flowers, que tan solo he jugado al Metal Slug y para de contar.

La frase: “Recuerda, primero a por el bebé y la madre”.


Critica de "La carrera de la muerte del año 2000" publicada el 2008-02-20
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