Crítica de Sola en la oscuridad

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Cuando el peligro se presiente, se adivina, se oye, pero no se ve, el miedo se transforma en pánico."

 


Ethan por Ethan


cartel de Sola en la oscuridad

Director: Terence Young
Estreno: 1967-02-25
Genero: Suspense

¿Hay algo que le inquiete más al espectador que ver a Audrey Hepburn en peligro? ¿Y si encima es ciega? Estas preguntas seguro que se las hizo Mel Ferrer, productor y marido de la “Mujer Gacela”, a mediados de los sesenta cuando se embarcó en este proyecto.

"Wait Until Dark" es la adaptación de la obra de teatro homónima de Frederik Knott, autor de “Crimen perfecto” y otros éxitos policíacos. Se rodó un año después de su estreno en Broadway, y supuso la nominación al oscar para su protagonista. Oscar que, finalmente, se lo llevó la otra Hepburn, Katharine, por "Adivina quien viene esta noche" (Guess Who's coming to Dinner de Stanley Kramer, 1967).

El equipo técnico, al servicio de Audrey Hepburn, resultó algo irregular. Si bien el director era lo que se llamaba un buen “artesano”(como lo demostró en aquella primera entrega de la serie “James Bond”: El Agente 007 contra el doctor No) y la música de Henri Mancini era muy adecuada, tanto Alan Arkin, como Richard Crenna y el “blando” y televisivo Efrem Zimbalist Jr., chirriaban algo en el resultado final. Sin embargo la actuación de Audrey Hepburn bastó para sacar adelante el proyecto. Eso sí, no evitó la ruptura de su matrimonio, ni su ausencia de los escenarios en casi diez años.

La película, admitiendo que pertenece al género de suspense, tiene elementos del mejor cine de terror. Prácticamente creó una escuela y, cintas como "Terror Ciego" (Blind Terror/ See no evil de Richard Fleischer, 1971), se hicieron justamente famosas. Mientras aquí, la Hepburn intentaba sobrevivir a los ataques de unos delincuentes que buscan una muñeca (otro elemento presente en las cintas de miedo); en "Terror Ciego", Mia Farrow se paseaba, sin saberlo, entre los cadáveres de su familia. Y es que cuando el peligro se presiente, se adivina, se oye, pero no se ve, el miedo se transforma en pánico. Soy de los que opinan que el terror implícito es mucho más impactante que el sangriento, y la habilidad de un director es, precisamente, conseguir transmitir esa inquietud al espectador sólo con sombras o, incluso, con la ausencia total de luz. En la representación teatral de “Sola en la oscuridad” así lo hicieron: en el momento de mayor tensión, apagaron las luces de toda la sala y los espectadores se quedaron completamente a oscuras. Terence Young volvió a repetir para la gran pantalla el mismo experimento. Y le salió bien.


Critica de "Sola en la oscuridad" publicada el 2008-02-25
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