Crítica de Lluvia

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El entorno no puede ser más propicio para el pecado: un ambiente sofocante donde la lluvia cae torrencialmente -sin compasión-, y donde los nativos no paran de bailar como posesos mientras golpean frenéticamente sus tambores."

 


Ethan por Ethan


cartel de Lluvia

Director: Lewis Milestone
Estreno: 1932-03-02
Genero: Drama

A causa de la "lluvia" del título, unos pasajeros quedan atrapados en una isla tropical mientras esperan el barco que los lleve a su destino. Entre ellos se encuentran los dos protagonistas: Sadie Thompson (Joan Crawford), una prostituta que huye de Estados Unidos donde es reclamada por la justicia; y un reverendo muy rígido (Walter Huston), que intentará llevar por el buen camino a Sadie, no sin antes hacer que pague por sus pecados.

Este es el argumento de "Rain", remake de "Sadie Thompson" (de Raoul Walsh, 1928); una especie de lucha entre dos personajes antagónicos, basado en la novela de Somerset Maugham, pero casi más en la posterior adaptación dramática de John Colton, lo que le hace superar ampliamente a la película original. Una curiosidad: es la obra de teatro que van a ver Paul Muni y su banda en "Scarface: el terror del Hampa" (Scarface de Howard Hawks, 1932).

Con estos antecedentes la cinta, vista hoy, resulta en exceso teatral; eso sí muy interesante debido a varios factores: en primer lugar hay que considerar la excelente labor, al frente del proyecto, del irregular Lewis Milestone que se encontraba en su mejor momento creativo. Si las películas que dirigió en los últimos años veinte y primeros treinta figuran entre las de mayor calidad de su filmografía, se debe en parte gracias a que el código Hays de censura aún no se había implantado en Hollywood. Y es que historias como las de "Lluvia" difícilmente habrían podido ser contadas para la gran pantalla sólo tres años más tarde.

Independientemente de la trama en sí, casi lo más importante es la forma de narrarla, y aquí es cuando Milestone se saca de la chistera un sorprendente manejo de cámara: en prácticamente un escenario único, se suceden largas y planificadas secuencias donde el objetivo acompaña a la acción; para ello no duda en sortear todo tipo de muebles, y en traspasar puertas y paredes, para conseguir un resultado sencillamente genial.

Pero estos alardes técnicos no eran suficientes para asegurar el éxito; la presencia de Joan Crawford sí. La gran estrella de los años treinta se puede decir que interpreta a dos personajes en uno: la "ligera" Sadie, antes de su fugaz conversión, sobreactuada, ataviada con trajes provocativos y pintada para la ocasión; y la misma joven transformada por el hipócrita cura en una mujer arrepentida, avergonzada y contenida en la interpretación. Paradójicamente la segunda Sadie Thompson es mucho más atractiva que la primera; su rostro brilla permanentemente y la ausencia de maquillaje y su ropa espartana le dan un aire más inalcanzable y por tanto deseable.

Deseable para el público, pero también para el predicador, que se encuentra en un entorno propicio para el pecado: un ambiente de lo más sofocante donde la lluvia cae torrencialmente -sin compasión-, y donde los nativos no paran de bailar como posesos mientras golpean frenéticamente sus tambores. El sacerdote, como un Doctor Frankestein enamorado de su creación, no tarda en sucumbir a los encantos de la “nueva” Sadie. Y entonces sobreviene la tragedia.

La puesta en escena, la habilidad de Lewis Milestone, la interpretación de Huston y Joan Crawford, lo “descarado” de la historia para la época, el tremendo final; todos estos atractivos, y algunos más, podemos disfrutarlos viendo "Lluvia". Además podemos hacernos una idea de cuál era el panorama cinematográfico en los años treinta; incluso podríamos ir más lejos y hacer conjeturas de lo que hubiera sido el cine americano de los cuarenta y cincuenta de no haber existido el nefasto código de censura.


Critica de "Lluvia" publicada el 2008-03-02
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