Crítica de Pozos de ambición

"

Logra extraer cine de varios quilates... pero sin llegar a redondear su prospección, que no petrolera sino cinematográfica."

 


Carles por Carles


cartel de Pozos de ambición

Director: Paul Thomas Anderson
Estreno: 2008-02-15
Genero: Drama

Paul Thomas Anderson, basándose en parte de la novela Petroleo de Upton Sinclair, ha logrado un gran filme fallido. Dos adjetivos que le van de perlas a There Will be Blood que de haber podido ser una de las mejores películas de la década se queda sólo en irregular por desmesurada y cierta (demasiada) tendencia a embelesarse en sus propias imágenes o en la interpretación de Daniel Day-Lewis.

Los primeros quince minutos son magníficos, narrados con un sentido visual portentoso,  y sin una sola linea de diálogo. Y la mayor parte del metraje pone de manifiesto que  Paul Thomas Anderson es un genio, incluso aceptando, en una estupenda decisión, esas agrestes y crispadas notas de Jonny Greenwood como banda sonora. Pero un genio que, al igual que Daniel Day-Lewis, acaba desbocándose.

Lo que más influye en esta valoración negativa es el último tramo: más de media hora que se va desmoronando hasta desembocar en un grand guignol, totalmente fuera de tono con la linea y el tempo que había ido marcando P.T. Anderson, o un Daniel Day-Lewis, grandioso, pero que va derivando igualmente hacia la sobreactuación.

Y lo hace hasta tal punto que acaba por comerse a su personaje, el del empresario petrolífero Daniel Plainview, prototipo de capitalista deshumanizado, llevándolo hacia su terreno que es más bien el de Bill el Carnicero de Gangs of New York por su recital de muecas, exageraciones, miradas malvadas, excentricidades y súbitos estallidos de brutal violencia.

Aún así, Daniel Day-Lewis es un portento. Y lo demuestra en numerosas ocasiones. Por ejemplo, especial atención a su mirada en la escena que el predicador Eli Sunday (Paul Dano) le solicita que le presente para la bendición del pozo.

Pero sus irregularidades, especialmente finales, hacen que se desmoronen las inmejorables propuestas temáticas en torno al nacimiento de una nación, a golpe de dólar, y de sangre; a cualquier metáfora sobre el capitalismo; al concepto de familia (representada por ese niño huérfano adoptado por el protagonista) como fachada pública para atraer simpatías; a la envidia, soledad e incluso locura a la que conduce la ambición; y la analogía entre religión e intereses económicos que tiene una misma cara de la moneda con Plainview y ese predicador fanático llamado Eli Sunday (Paul Dano).

A pesar de todo nos hallamos ante una fascinante y rara (por poco frecuente) mezcla entre épica y lirismo con enorme potencial tanto para sugerir como para mostrar. Consigue meternos en ese mundo de pioneros, de personajes harapientos que buscan fortuna o simples gentes que sólo intentan sobrevivir (impagable la frase del supuesto hermano reencontrado de Plainview).

También nos sumerge en esos ‘pozos de ambición’ (como indica su título en español, más propio para una telenovela), y nos cuela evidentes referencias bíblicas, que en este caso no son la recordada lluvia de ranas de Magnolia sino telúricas con sus paisajes naturales o la visión de esa América de predicadores y hombres de negocios capaces de agitar numerosas almas. Y sobre todo logra, en muchos momentos, extraer cine de varios quilates... pero sin llegar a redondear su prospección, que no petrolera sino cinematográfica.


Critica de "Pozos de ambición" publicada el 2008-03-05
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