Crítica de Regreso al futuro

"

Una feliz combinación de comedia adolescente y ciencia ficción, con una estructura que recuerda a piezas de la mítica serie Twilling zone y una mirada al flujo del tiempo casi capriana, construida sobre estereotipos fácilmente identificables."

 


José A. Peig por José A.


cartel de Regreso al futuro

Director: Robert Zemeckis
Estreno: 1985-03-05
Genero: Ciencia Ficción

1985. Un plano -secuencia describe la sincronía entre relojes y la personalidad y entresijos particulares de los personajes que constituyen el centro temático y emocional del relato: el tiempo mismo, el adolescente cuyo éxito social esta restringido a la inquebrantable pulsión del reloj, y el científico que ha encontrado la forma de dominar el tiempo. Relojes sincronizados, el tiempo implícito necesario para que el sueño adolescente se haga realidad, y el elemento fantástico que rompe las leyes permitiendo que el destino sea reescrito en función de un estereotipo que define el éxito social.

Ningún McFly ha sido gran cosa en la historia de Hill Valley, pero la historia va a cambiar, casi una invocación de rebeldía consecuente al sueño de ser una estrella del rock y pertenecer a una estirpe de ganadores. La descripción del espacio en que se desarrollará toda la transformación es imprescindible. Hill Valley es - inmutable en sus esencias - el contexto físico y social que indica la situación de Marty Macfly, en la secuencia en la que vemos a Marty dirigiéndose hacia el colegio montado en monopatín mientras vemos la rutina de un pueblo vulgar que posteriormente se revela inamovible en el tiempo en una secuencia paralela que nos transporta al año 1955: han cambiado los iconos y las formas, pero los ritmos y el pulso vital que organiza la vida de los lugareños es el mismo. Por tanto, espacio (Hill Valley) y tiempo ( Hill Valley y la iconografía del reloj, el cual tiene además una resolución soberbia en la famosa secuencia del científico chiflado que lucha contra la tormenta del tiempo sujeto , in extremis, a las varillas que dictan el agónico avance) y entre uno y otro, el eje es la inquietud de Marty, el cual vivirá su viaje del héroe, tendrá que inmiscuirse en su propia génesis familiar para resolver los infortunios y enderezar el prestigio de su familia y sus posibilidades de triunfo. La aventura tiene el significado y la forma de un sueño, desde la secuencia de Marty que es despertado por la alarma del teléfono para responder a la llamada del demiurgo Doc Brown, oportunidad de cambio que se presiente en escenas anteriores, descripción de otro personaje de una estupidez y humillante amaneramiento ciertamente caricaturesco, George McCfly, enclenque y subordinado al no menos caricaturesco Biff Tanner.

La aparición del Delorean anuncia la magia en lo que hasta dicha secuencia transcurría por derroteros propios a la pura comedia adolescente - subgénero que aportó productos memorables, por cierto -. Con la entrada en escena de los terroristas libios, Marty toma posesión de la máquina del tiempo y la banda sonora de Alan Silvestri aporta una emotiva emulsión épica, trasladándonos al año 1955, en esa otra dimensión del tiempo en la que confluyen todos los factores que crean el presente 1985. Marty será la variable que destruye su mundo conocido para volver a crear el presente, arriesgando su propia existencia. A partir de ese punto del relato, la revisitación a Hill Valley, como ya hemos comentado, supone una bella metáfora del paso del tiempo en lo que las gentes y las costumbres tienen de inmutables, con una mirada nostálgica que a menudo se torna en una visión perturbadora, consecuente de la muy lograda conexión emocional entre el espectador y el personaje principal, en dos secuencias ejemplares: aquella en la que Marty contempla estupefacto, en medio de una carretera solitaria, los inicios de Lyon States, la urbanización en la que vivirá treinta años más tarde. O el sonido de la campana del gran reloj de la torre que advierte a Marty de que esta fuera de su tiempo, con el adecuado subrayado de la acción en la pieza musical de Silvestri.

Back to the future, dirigida por Robert Zemeckis -aquel antiguo alumno de Spielberg - supone una feliz combinación de comedia adolescente y ciencia ficción, con una estructura que recuerda a piezas de la mítica serie Twilling zone y una mirada al flujo del tiempo casi capriana, construida sobre estereotipos fácilmente identificables: el adolescente cool, el científico chiflado, el maestro de escuela autoritario, el chulito fortachón y la víctima apocada. Sin embargo, consigue una sorprendente química entre todos esos elementos, sobre todo en la relación entre Doc Brown (antológico Christopher Lloyd, reconozcámoslo, a pesar de la sobreactuación) y Marty Macfly ( Michael J. Fox, actor de escasos registros, pero inspira la simpatia necesaria para conectar con el público).

Pero lo que mejor explica la fascinación que provoca el invento es su ingrediente emocional: la posibilidad de manejar el tiempo y modificar el curso de la historia, en este caso la micro historia de Hill Valley, la familia Macfly, y el gran reloj de la torre como principal testigo y referente simbólico de la paradoja y la perturbación provocada en el orden espacio-temporal. Esa equilibrada integración de géneros, arquetipos, y emulsión nostálgica a la vez que perturbadora, orquestados en torno al tiempo como juguete en manos del adolescente soñador y del creador excéntrico, es lo que la convierte en un producto único, a pesar de que no ha envejecido tan bien como se le supone, ya que, al fin y al cabo, sigue estando sujeta a una idea cool - y específicamente, a los tópicos que definen el éxito social - propia del contexto y la estética de los ochenta.

Critica de "Regreso al futuro" publicada el 2008-03-05
Ver más críticas de José A. Peig