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Crítica de El hombre tranquilo

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En resumen, que si la ves y no te quieres nacionalizar irlandés es que eres un pan sin sal. Si tienes sangre en las venas, nada más acabar de verla bajarás al pub más cercano y brindarás con una Murphy's en nombre de la Gran Isla Verde"

 


Javier Martínez por Javier Martínez


cartel de El hombre tranquilo

Director: John Ford
Estreno: 1952-03-24
Genero: Acción

Quizá tienes que tener algo en común con Irlanda para que te guste esta película. El caso es que nunca este país resulta tan acogedor en la gran pantalla como en esta obra del gran John Ford. El cóctel es: John Wayne, peleas, whisky, tabernas, paisajes idílicos y una belleza pelirroja. Erin go bragh! (Viva Irlanda).

John Wayne hace de un boxeador que se retiró del negocio al matar a su último rival y juró no volver a pelear jamás. Se va de América harto y con mala conciencia para volver a Innishfree, el pequeño pueblo irlandés donde nació. Allí quiere tener una vida sosegada haciendo labores de campo. Pero, como suele pasar, una mujer se cruza en su camino y la tranquilidad se esfuma.

Maureen O’Hara nunca fue tan guapa como en esta película. Es tan guapa que duele al mirarla. No me extraña que un hombre abandone la vida contemplativa para domar a esa leona, pero hay que tener huevos. Qué carácter gasta la tía.

Y mientras John Wayne hace el mejor papel de su vida (con diferencia), el señor Barry Fitzgerald hace a mi juicio el mejor papel secundario de siempre interpretando a Michaleen, el viejo borrachín del pueblo y celestino de la pareja. Cuando vi la película por primera vez no quería ser John Wayne sino este buen hombre, y ya tiene mérito para alguien que pasó los primeros cuatro años de su vida disfrazándose de vaquero.

El pobre protagonista se pasa todo el tiempo intentando acoplarse a las extrañas costumbres del lugar. Su mujer le hace la vida imposible, su cuñado le quiere zurrar y todo el mundo está borracho a todas horas. Hasta que un día se harta y saca el puño de paseo porque su mujer cree que es un cobarde y no quiere festejar con él. Es la pelea por antonomasia de la historia del cine y, como buenos irlandeses, la cortan en medio para echar unas cervezas discutiendo por quién paga la cuenta.

En resumen, que si la ves y no te quieres nacionalizar irlandés es que eres un pan sin sal. Si tienes sangre en las venas, nada más acabar de verla bajarás al pub más cercano y brindarás con una Murphy's en nombre de la Gran Isla Verde.


Critica de "El hombre tranquilo" publicada el 2008-03-24
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