ir al especial

Crítica de Esmeralda la zíngara

"

Modernidad y ciencia contra atraso y superstición; igualdad contra racismo, belleza contra fealdad... la inmortal obra de Victor Hugo espléndidamente plasmada en la pantalla."

 


Moebius por Moebius


cartel de Esmeralda la zíngara

Director: William Dieterle
Estreno: 1940-11-30
Genero: Drama

Muchas son las versiones que se han rodado del clásico literario de Victor Hugo sobre el campanero jorobado y la fastuosa catedral de Notre Dâme. De entre todas ellas la mejor probablemente sea (y digo esto sin haber tenido la oportunidad de ver la versión muda con Lon Chaney) la dirigida por el alemán William Dieterle, un director cuyo trabajo está plagado de biopics y filmes de carácter histórico.

La procedencia de Dieterle pudo tener su efecto en el trasfondo de la historia relatada en la película. En un mundo en guerra donde los regímenes autoritarios proliferaban y había seres humanos que sufrían por su condición o raza, el que en la trama la etnia gitana fuera discriminada y privada de cualquier derecho podía cobrar nuevas interpretaciones. Aunque bien es cierto que en el caso de que fuera la intención del director establecer un paralelismo Dieterle lo hizo de manera sutil.

The Hunchback of Notre Dame Dame iba a ser el primer proyecto de Charles Laughton en tierras americanas. Aunque ya Irving Thalberg se había puesto en contacto con él algunos años antes para rodar la historia de Victor Hugo, Laughton no se decidió a rodarla hasta que finalmente se fue a tierras americanas donde fue contratado por la RKO. Tras aterrizar en Hollywood éste fue el proyecto que eligió.
Al servicio de la película se puso uno de los mayores presupuestos jamás fijados por los estudios, superiores incluso al clásico King Kong. Rozando los dos millones de dólares, una gran parte del dinero se invirtió en una réplica de la famosa catedral parisiense. Junto a Laughton destacaban actores como el aristocrático y oscuro Cedric Hardwicke (el inimitable Seti de Los diez mandamientos) y, en una de esas típicas y extrañas decisiones de reparto hollywoodiense, la irlandesa Maureen O'Hara como la gitana Esmeralda. Aunque no deje de resultar curiosa la elección, es imposible negar el gran carisma que desprende la actriz, y que en pocas ocasiones se ha mostrado más bella y sensual que en esta película. Merece ser mencionado también uno de los secundarios por excelencia de aquellos días, Thomas Mitchell, quien interpretó a algunos de los mejores borrachines que tuvo John Ford.


París, siglo XV, se acerca el día de la Epifanía. Poco a poco las brumas de la oscuridad de la Edad Media se van disipando. Luis XI de Francia "El Prudente" reina sabiamente y se interesa por los nuevos descubrimientos y los adelantos que la tecnología puede ofrecer, como la imprenta de Guttemberg. Su entusiasta versión de esos cambios no es compartida por uno de los hombres de confianza del rey. Claude Frollo, el archidiácono de la catedral, representa el inmovilismo y la visión simplista de la vida de gran parte de la nobleza y el clero. Enfundado en negro, inmisericorde y poderoso, Frollo se erige como una suerte de Darth Vader medieval, eliminando a la mínima oportunidad cualquier atisbo de independencia o rebelión. Sin embargo Frollo, al igual que el malvado caballero Sith, oculta en su interior sentimientos de compasión y amor que pugnan por salir. Y será una pobre bailarina gitana quien despierte dichos sentimientos.
Mientras la multidud celebra el Día de Reyes y eligen al Rey de los Tontos (cuánto más feo mejor), Frollo, su hermano el arzobispo y el rey contemplan cómo la muchedumbre se solaza. Entre la multitud destaca Esmeralda, una bella criatura de Dios que parece hecha para volver locos a los hombres. Nadie parece inmune a la sensualidad de la joven. Ni un joven y apuesto capitán, Febo, ni un poeta revolucionario, Gringoire, ni el mismísimo Frollo, que contempla extasiado a la joven. Mientras, oculto bajo una tarima, una extraña figura contempla la fiesta. Es Quasimodo, el campanero sordo de Notre Dâme que es "casi como" un hombre. Por decisión unánime será elegido como Rey de los Tontos, ya que su deformidad es mayor que cualquier mueca o fealdad. Frollo, el protector de Quasimodo, no verá con buenos ojos la aventura de su pupilo.
El desencadenante de la historia será la pasión de Frollo por Esmeralda, que le llevará a odiarla, no sólo por despertar en él sentimientos a los que se creía inmune, sino porque además su amor no será correspondido. Toda una serie de acontecimientos se iran sucediendo entorno a Esmeralda y entorno a la catedral, territorio sagrado donde sólo impera la ley de Dios. Será así como Esmeralda se acoja a Sagrado (el sanctuary anglosajón) y conozca mejor al desdichado Quasimodo.

Charles Laughton, increíble actor, carismático, rey del exceso, mago de la sobreactuación: el gran antecesor a Jack Nicholson. El británico hizo del histrionismo un arte, aunque fuera también capaz de comedidas actuaciones (Esta tierra es mía) tan impresionantes como sus volcánicos tour de fôrce (Testigo de cargo). En Esmeralda la zíngara Laughton rozó el rizó dotando de expresividad a un rostro en gran parte oculto tras una gruesa obra de ingeniería de maquillaje que tardaba más de dos horas en ponerse. Impresiona ver como en determinados momentos sólo moviendo un ojo podía dotar a su Quasimodo de un gran patetismo o mostrar por el contrario un gran gozo. Son papeles como éste los que me hacen querer a este hombre como si fuera mi tío.

Maureen O' Hara, la belleza irlandesa de cabello de fuego, la musa de Ford, una actriz que nos ha dado a una Esmeralda a medio camino entre lo salvaje y lo inocente, la sensualidad y la espiritualidad. A pesar de mi debilidad por la pequeña Salma Hayek, el brillo de su Esmeralda televisiva no aguanta la comparación con la de O'Hara. Aunque supongo que esta afirmación es una perogrullada.

El viejo Cedric: poco más se puede añadir. Mi comparación con Darth Vader es gratuita: no es difícil imaginar que tras la máscara del malvado del espacio se ocultara el adusto rostro del señor Hardwicke. Su Frollo es realmente tétrico, casi hierático. Estupendo.

Y de Thomas Mitchell, pues decir que como siempre esta magnífico; en esta ocasión se mete en el papel del Rey de los Mendigos, y una vez más nos demuestra que era un intérprete todoterreno. Como pequeño apunte, aquí va la lista de películas que Mitchell rodó en 1939. Impresionante: La diligencia, Sólo los ángeles tienen alas, Caballero sin espada, Lo que el viento se llevó y la presente cinta de Dieterle. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? ¡Vaya una pregunta capciosa!

Mientras la estupenda música de carácter religioso de Alfred Newman nos traslada a esos días de arte gótico y canto gregoriano, Dieterle realiza un magnífico trabajo tras las cámaras, ofreciendo múltiples visiones de la catedral, desde planos panorámicos hasta unos magníficos primeros planos de gárgolas, capiteles, pórticos y demás partes de la maravillosa Notre Dâme. Sólo el principio de la película, mientras Frollo y Luis XI contemplan la cotidianidad de las gentes frente a la catedral mientras discuten sobre las ventajas y desventajas de la imprenta, ya es un claro signo del cuidado que el director ha puesto sobre el aspecto visual. Además los magníficos decorados acompañan perfectamente al saber hacer del alemán.

Modernidad y ciencia contra atraso y superstición; igualdad contra racismo, belleza contra fealdad... la inmortal obra de Victor Hugo espléndidamente plasmada en la pantalla. Una imagen que es puro cine, un momento para el recuerdo: Quasimodo junto a una pétrea gárgola, deseando ser de piedra como ella. ¿Y quién no lo ha deseado alguna vez, hundido en el desamor?

Critica de "Esmeralda la zíngara" publicada el 2008-04-05
Ver más críticas de Moebius


Otras criticas de Esmeralda la zíngara

Ver todas las críticas de



Película del Especial "Cine con mayúsculas"
"Clásicos inmortales del séptimo arte" por Emilio Calvo de Mora
  Ir al especial Cine con mayúsculas