Crítica de Hana

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Inteligente, cómica, trágica, y sobretodo entrañable, Hana es una pequeña joya que va a dar para más de un revisionado."

 


Oscar Martínez por Oscar Martínez


cartel de Hana

Director: Shinichi Nishitani
Estreno: 2003-05-07
Genero: Drama

Hana Yori Mo Naho, que se estrenará este fin de semana en nuestras pantallas simplemente como Hana, es la última propuesta de Hirokazu Koreeda, por la cual estuvo nominado en el pasado 2006 a la Concha de Plata en el Festival de Cine de San Sebastián.

Diametralmente opuesta al drama de su anterior (y elogiada) película Nadie sabe, Hana nos sitúa en el Japón de principios del siglo XVIII, donde las guerras han terminado y los samuráis ya no tienen cabida. Allí, en un barrio marginal de Edo, algunos de los samuráis fieles a Lord Akou, convertidos ahora en Ronin, conviven con los estratos más pobres de la sociedad haciéndose pasar por mercaderes o vendedores.

Hana es tremendamente original. A caballo entre el drama y la comedia, podría decirse que la película de Hirokazu Koreeda exhala aires shakesperianos por cada uno de sus poros, con unos personajes absolutamente arrebatadores. La historia se centra en el personaje de Soza (Junichi Okada), un joven samurai que pretende vengar la muerte de su padre, si bien su nula habilidad con la espada y ciertas dudas sobre el sentido de su leitmotiv le impiden completar la misión encomendada por los jefes de su clan. Así, el joven Soza pasa los días conviviendo con sus vecinos, ganándose la vida enseñándoles a escribir o ejerciendo de profesor particular para los hijos de la gente más adinerada, y debatiéndose por su amor por Osae (Rie Miyazawa), una joven viuda madre del pequeño Shinnosuke.

Con una banda sonora realmente genial, entre festiva y medieval, Hana es una película tremendamente optimista; cada uno de los personajes que aparecen en ella son fascinantes y carismáticos, a la par que algo alocados. Y es que el mensaje de Hana es claro: hay que tomarse la vida con filosofía y sentido del humor. Así, a pesar de no tener nada qué comer, los protagonistas de Hana no dejarán de reir, de bromear, y de apoyarse entre ellos ante su drama cotidiano, dándose esperanzas los unos a los otros, haciendo gala de un encomiable optimismo y tratando de hacer realidad los pequeños sueños de cada cual en la medida de lo posible.

Hirokazu Koreeda se sirve de la trama central del personaje de Soza parece hacer un retrato armonioso en clave costumbrista de un período de transición marcado por la pobreza, donde las antiguas costumbres presididas por el honor familiar mantienen un desesperado pulso frente a un nuevo y emergente modo de vivir la vida basado en la supervivencia. Con diálogos absolutamente brillantes que nos harán esbozar más de una sonrisa, y situaciones totalmente hilarantes como la obra de teatro que los vecinos representan para ganar algún dinero, Hana es una pequeña genialidad que se distancia del cine de terror, de las películas de samuráis en clave épica, o del mundo yakuza, géneros que suelen llegar a nuestra cartelera procedentes de la isla nipona.

Inteligente, cómica, trágica, y sobretodo entrañable, Hana es una pequeña joya que va a dar para más de un revisionado y que, de un modo similar a Zodiac, consigue mantenernos ensimismados durante más dos horas sin recurrir a la acción o los efectos especiales.

Critica de "Hana" publicada el 2008-05-07
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