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Crítica de El grandioso hombre de Pekín

"

Una exploitation nipona de King Kong y Tarzán, donde los Shaw Brothers nos hacen pasar un buen rato con un ritmo trepidante y mucha simpatía."

 


Cecil B. Demente por Cecil B.


cartel de El grandioso hombre de Pekín

Director: Meng Hua Ho
Estreno: 1980-03-14
Genero: Ciencia Ficción

Tras un terremoto en el Himalaya, un gorila gigante brota del interior de la tierra y arrasa una aldea. Un grupo de aventureros comandados por un pérfido hombre de negocios se lanzan a la búsqueda y captura del monstruo. Para ello contratan a Chen, un tipo al que encuentran borracho en el bar de turno y que parece conocer la zona.

Lo que debía ser un apacible picnic por la selva se convierte rápidamente en una pesadilla: estampidas de elefantes, arenas movedizas, tigres, caídas desde precipicios… La mayoría de las víctimas son porteadores negros interpretados por chinos pintados. Ya por la noche, vivimos un flash back cursi romántico en el que Chen cuenta a los demás exploradores que su hermano le robó la novia. A la luz de la luna y tras estas íntimas confidencias, parece que nace la amistad entre los miembros de la expedición, pero a la mañana siguiente los muy cabrones han abandonado a Chen a su suerte y se han largado a sus casitas.

Perdido por la selva y más solo que la una, Chen no se percata que está apunto de sufrir la dolorosa colleja de un gorila gigante cuando aparece Samantha, una rubia de toma pan y moja que ejerce de reina de la jungla y le salva la vida. La tal Samantha resulta ser colegui del monstruo y lleva a Chen a su guarida, donde le ofrecerá unos daiquiris, fruta tropical y puede que algo de sexo casual.

Dos balanceos de liana más tarde, Samantha explica a Chen que es la única superviviente de un accidente de aviación y que desde niña ha sido cuidada por el gorila. A Samantha le gusta revolcarse seductoramente con todo tipo de bestias y así nos lo demuestra, pero una serpiente la ataca y la pica en la entrepierna; es entonces cuando Chen debe hacerle algo parecido a un cunilingus para sacarle el veneno, de repente un elefante que pasaba por ahí se ofrece de ambulancia y los lleva rápidamente a la cueva. Ya en su lecho ella padece fiebre, ardores y unas convulsiones parecidas al orgasmo. Muy oportunamente aparece el monstruo con hierbas curativas y mediante un lenguaje corporal de parvulario, le indica a Chen que se las ponga. Cuando ella por fin se recupera, Chen aprovecha para enseñarle como puede agradecerle sus cuidados agarrándola y arrimándole la cebolleta, suena una música ligera y hay un fundido en negro.

Después de un buen polvo lo mejor es corretear como unos adolescentes por la jungla, retozar con las bestias salvajes, y bañarse desnudos bajo una cascada. A la puesta de sol, el monstruo va a ver como está Samantha que no ha aparecido en todo el día, y se los encuentra allí de nuevo, sacándole brillo al manubrio. La cosa no le sienta demasiado bien y la toma con media jungla. Samantha al oír el estropicio se pone su mini bikini atigrado y sale sudorosa a su encuentro, se restriega de forma obscena contra el monstruo y esto lo calma.

Más tarde, Chen y ella deciden visitar Hong Kong llevando al gorila consigo, Samantha se despide de sus seres queridos (elefantes, tigres y demás fauna) y pim pam, en un par de zancadas del monstruo ya están en la civilización, pillan un barco, le ponen unos grilletes a la fiera (al mono, no a la rubia) y zarpan hacia la gran ciudad. Ya en el barco ella empieza a arrepentirse de no haber dejado al mono en casita, pero Chen le regala un vestido sexy y ella se olvida del asunto. Por la noche hay un tifón y chocan contra una roca en medio del océano (¡?!!), pero la intervención del monstruo salva al barco de irse a pique.

A la mañana siguiente llegan al puerto de Hong Kong, dejan al monstruo tirado en el barco y se van a un estudio de televisión. Allí encuentran al hermano roba novias de Chen y su ex. Al ver la diosa de la jungla que se ha agenciado el mister, al primero se le ponen los dientes largos y a la otra cara de estreñida. Chen comete el error de verse de tapadillo con su ex, que quiere volver con él y le besa, entonces entra Samantha en plan culebrón y al ver la escenita pone pies en polvorosa.

Mientras tanto exhiben al monstruo en un estadio donde los cuidadores son mezquinos y crueles y lo tratan fatal, para que nos dé más pena. Samantha llega corriendo como una amazona y ve la dantesca escena, el mandamás y villano se lleva a la chica e intenta emborracharla y aprovecharse de ella, le tira licor por las tetas, le quita el bikini y la golpea. Para más inri, el gorila tiene una visión privilegiada de los hechos desde su jaula, y se cabrea tanto que se suelta. El maloso huye en su coche, y como parece que quiere morir, se lleva a la chica consigo. Al mono le da el baile de San Vito y empieza a cargarse maquetas y micromachines a cascoporro.

No sabemos como, pero el malo se basta para conducir con una sola mano y sujetar a la selvática Samantha con la otra. La ciudad es un pañuelo así que el mono no tarda en localizarlos con su vista de lince. Aunque media ciudad ya no existe, hay gente que aun no se ha quedado con el gorila gigante que está demoliendo Hong Kong, así que el monstruo aun puede asustar a una familia que está sentada tranquilamente en su mesa y a unos electricistas. Explosiones, llamas, caos… ¡Lo que estábamos esperando desde el principio! (Juraría que el gorila acaba de hacerle la butifarra a un transeúnte…) El maloso se esconde con la chica en unos apartamentos, entran en un dormitorio e interrumpen a una pareja que está en la cama en plena faena (¡esto se está volviendo rocambolesco!); el gorila mete la mano, atrapa al villano, lo balancea un poco y lo tira con fuerza al suelo, pero como milagrosamente aun sigue vivo e intacto, lo remata de un pisotón.

Por fin entran en juego los militares que extrañamente están dirigidos por un americano de paisano. El mono se carga a una pareja que aun seguían cocinando en su piso (¡esto es la leche!). Polis en pantaloncitos cortos corriendo de un lado para el otro (curioso que el jefe de la policía honkongesa también sea occidental), Chen ha corrido la voz de que la chica puede controlar a la bestia y una muchedumbre de ciudadanos empieza a perseguirla por las calles, ella se sube a una farola y escapa. Tanques de juguete disparan al señor del traje de mono, los helicópteros logran abatir al monstruo que parece que está cazando moscas, se hace de noche y la batalla continua.

Hong Kong es muy grande porque en otro lado de la ciudad la gente sigue a lo suyo como si nada pasase. Disparos, pirotecnia, el bicho vuelve a caer y sube la música (¿dónde está Greenpeace cuando se les necesita?). Sangrante y malherido, empieza a escalar un rascacielos (se ve venir, se ve venir…) Samantha llega al lugar con lagrimillas en los ojos, cesa el fuego y la chica sube. Por fin se encuentran y sueñan en volver a la selva y en tener un mañana mejor, ¿puede haber esperanza para ellos? No, el ejército se lía a tiros otra vez e incluso la chica recibe más de un disparo, un helicóptero cae en llamas, los militares minan todo el edificio, Chen intenta impedirlo pero ellos son más y están entrenados. Más muerte y destrucción, el monstruo tira un par de soldados a los pies de su general en tono provocador, aunque el pobre está ya hecho trizas y se nos parte el corazón.

Última batalla, gran explosión, todo el edificio estalla, gorila y chica mueren. Chen entre las ruinas lleva en brazos el cadáver de Samantha, se lamenta en silencio por la incomprensión de los hombres con las luces de la ciudad al fondo. Sube la música y resuenan los tambores, fin.


Critica de "El grandioso hombre de Pekín" publicada el 2008-05-14
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