Crítica de El templo del oro

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Uno de esos remedos de Indiana Jones pero con un aliciente añadido: aquí se sustituye a la permanente barba de dos días de Harrison Ford por la mucho más tupida y nada despreciable barba de Chuck Norris."

 


Cecil B. Demente por Cecil B.


cartel de El templo del oro

Director: J. Lee Thompson
Estreno: 1986-05-26
Genero: Acción

La saga de Indiana Jones se convirtió rápidamente en un revienta taquillas a principio de los 80’s, así que a nuestro arqueólogo favorito le salieron todo tipo de hijos bastardos e imitadores y empezaron a abundar en los videoclubes películas que transcurrían en selvas exóticas o rutas inhóspitas, y donde el héroe de turno, acompañado por la habitual chica florero de armas tomar, se metía de lleno en berenjenales mitológicos o bíblicos. Entre estas claras explotaciones de dicha franquicia se encuentran películas como Tras el corazón verde de Robert Zemeckis o Las Minas del Rey Salomón de J. Lee Thompson. Director este último que merece una mención especial al tener en su currículo obras tan dispares como Los cañones de Navarone (mítica cinta bélica), El cabo del terror (clásico en mayúsculas del que Scorsese hizo un remake), La conquista del planeta de los simios y La batalla por el planeta de los simios (dos de las absurdas secuelas de la apocalíptica saga), Cumpleaños mortal (el clásico slasher ochentero), un sin fin de cintas con Charles Bronson haciendo de justiciero vengador y El templo del oro, la peli que hoy nos ocupa y que también viene a ser uno de esos remedos de Indiana Jones de los que antes hablábamos, pero con un aliciente añadido: aquí se sustituye a la permanente barba de dos días de Harrison Ford por la mucho más tupida y nada despreciable barba de Chuck Norris.
La cinta nos cuenta la historia de Max Donigan y Leo Porter, dos tipos que se toman la muerte a guasa, mean colonia y cagan melones. Un par de bravucones con los huevos cuadrados y más chulos que Ray Liotta bailando un chotis, que se dedican a esto de la caza de tesoros y el saqueo de tumbas, pero que tras una serie de percances están pensando en dejarlo, claro que todo cambia cuando una rubia buenorra y el mapa de un tesoro azteca caen en sus manos. Durante el camino hacia el preciado botín situado en alguna parte de la jungla centroamericana, se las tendrán que ver con una arcana y vengativa entidad espiritual que ha decido ponerles las cosas muy difíciles.
Otro producto de la Cannon encabezado por el incombustible Chuck Norris, que aquí demuestra tener una gran química con Louis Gosset Jr., ya que juntos, siguiendo la extensa tradición de las buddy movies americanas, añaden mucho humor y comedia a las escenas de acción y aventura. Ambos se mueven con desparpajo y arrojo entre cementerios aztecas y antros de mala muerte, acompañados por la bella Melody Anderson, actriz jamona que se ha hecho con un pequeño hueco en mi corazón por haber interpretado a Dale Arden en la mítica adaptación cinematográfica de Flash Gordon.
Esta es una cinta entretenida y simpática, que tiene buen ritmo, alguna que otra pelea para que Chuck se luzca y mucho humor. Un divertimento menor y bastante inofensivo, pero altamente disfrutable para cinéfagos sin prejuicios ni monomanías. Una película de aventuras para toda la familia, con tintes casi paródicos y la inocencia que la época conlleva.
La frase: “El hombre que quiere el mapa no parece un hombre. Es más como un cíclope, un cíclope rojo de largas melenas.”

lo mejor Lo mejor de "El templo del oro"...

La química entre los protagonistas.

lo peor Lo peor de "El templo del oro"...

Lo cutre que llega a ser en algunos momentos.

Critica de "El templo del oro" publicada el 2008-05-26
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