Crítica de El gato caliente

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Aunque tiene el dudoso honor de ser la primera película animada calificada “X”, la cinta es un quiero y no puedo que no le hace sombra al comic del que proviene."

 


Cecil B. Demente por Cecil B.


cartel de El gato caliente

Director: Ralph Bakshi
Estreno: 1972-06-09
Genero: Animación

Robert Crumb es algo más que un tipejo libidinoso y sufriente, él es el dibujante underground preferido de América (¡un fuerte aplauso para él!), una pesada etiqueta que ha sobrellevado con humor y autocompasión a partes iguales. En sus historietas acostumbra a mezclar su experiencia personal con clásicos estereotipos del comic, que es una forma tan válida como cualquier otra de lidiar con sus propios demonios (él no hace terapia, ¡dibuja comics!). Hay que tenerlos muy bien puestos para enfrentarse como él lo hace a todos sus deseos, miedos y prejuicios, y hacerlo además de una manera tan cruda. Sus temas más recurrentes son Estados Unidos, la nostalgia, la música, el sexo y las mujeres, y como pueden suponer, estos dos últimos son los que se llevan la palma. Lo primero que me viene a la cabeza al hablar de Crumb es una febril efigie suya haciéndole cosas estrambóticas y/o censurables a una o más mujeres, ¡y qué mujeres! Neumáticas, poderosas, de piernas rollizas y amplias posaderas, nada que ver con las estilizadas hembras que dibuja Milo Manara.

En noviembre de 1965, en pleno auge de la psicodelia y el flower power, Crumb tuvo un mal viaje de LSD en el que su ego se disolvió como una pastilla efervescente, puso el piloto automático y no paró de dibujar durante medio año. La mayoría de sus personajes más populares vieron la luz en aquella época oscura, de ahí datan, por ejemplo, Mr. Natural, Flakey Foont, Angelfood McSpade y el gato Fritz, mi preferido. Las historietas de este último se caracterizan por parecer dibujadas sin un guión previo ni ningún tipo de estructura, donde todas sus viñetas tienen el mismo tamaño y quedan perfiladas por una temblorosa mano que da cierta sensación de inacabado e improvisado. A eso hay que sumarle que el hilo conductor de la historia se desdibuja frecuentemente y la narración adquiere en algunos puntos un tono bastante onírico. Algo que Crumb, como buen narrador que es, sostiene sin que se le vaya la pinza ni que la cosa pierda interés, se haga demasiado rara, soporífica o autocomplaciente.

La película nos cuenta la historia de Fritz, un joven felino y sofisticado universitario que vive en una moderna superciudad de millones de animales… pero con modales y moral parecidos a los de la gente. La acción transcurre en los años 60 y Fritz es una caricatura del típico beatnik de la época, de ahí que vista jersey de cuello alto y sea tan proclive a la holgazanería, al vandalismo y al desenfreno sexual (una joya de minino, oigan). Gracias en parte a que su director, Ralph Bakshi, lleva la historia en varias ocasiones por derroteros que poco en común tienen con el comic de Crumb, la narración puede resultar por momentos algo confusa y la cinta se resiente a veces de una falta de ritmo importante. Ahí está, por ejemplo, la inclusión totalmente innecesaria de una pareja de policías porcinos que como personajes cómicos resultan de lo más triste.

Visualmente, por el contrario, la cinta no está exenta de cierto encanto, destacan esos escenarios suburbanos tan decadentes y oscuros que el director nos muestra con un psicodélico juego de luces y acompañados por una acertada banda sonora, sabia mezcla de ritmos beatniks, soul negro y algún que otro éxito pop. Al Bakshi de aquella época le salían las obras de culto como churros y no tardaría en volver a mostrarnos su amor por la música en la muy interesante American Pop (1981), un lisérgico viaje filmado con técnicas de Rotoscopia, método creado por la casa Disney que da cierto realismo a la animación y que el director ya había utilizado en su muy friki versión de El señor de los anillos (1978). De la que también deberíamos hablar es de Tygra: hielo y fuego, fantasía bárbara de 1983 con la que Bakshi uniría sus fuerzas a Frank Frazzeta, Gerry Conway y Roy Thomas (muy tonto no debe ser este señor, la verdad), y con el que conseguiría el que puede ser su mejor trabajo. 

El gato caliente, aunque tiene el dudoso honor de ser la primera película animada calificada “X”, es un quiero y no puedo que no le hace sombra al comic del que proviene, que resulta demasiado torpe y soso, y que a duras penas se salva de la quema por ese fascinante savoir affaire underground que tiene el personaje. Robert Crumb ha lamentado siempre que su nombre se viera implicado en tal proyecto, tanto es así que realizó un comic en el que una enloquecida avestruz armada con un picador de hielo, mataba definitivamente al gato más enrollado de América.

La frase: “¿Porqué un gran actor como Sydney Poitier siempre tiene que hacer de negro?”


lo mejor Lo mejor de "El gato caliente"...

Los interludios musicales o ensoñaciones de Fritz.

lo peor Lo peor de "El gato caliente"...

Lo que debería ser y no es ni por asomo.

Critica de "El gato caliente" publicada el 2008-06-09
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